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Inicio : Comunidad y Fe : Columna Arzobispo Alexander K. Sample 25 de Marzo de 2017

6 de Marzo de 2017 10:43:00 AM
El poder del silencio

Arzobispo Alexander K. Sample


En abril se publicará un nuevo libro escrito por el Cardenal Robert Sarah, quien dirige la Oficina de Liturgia de la Iglesia en el Vaticano. El título del libro es El Poder del Silencio: Contra la Dictadura del Ruido. Me pidieron que leyera el libro antes de su publicación. Cuando salga al público, léanlo, pues es bueno para todos.

Sin revelar gran parte de su contenido, les puedo decir que el libro del Cardenal Sarah es una reflexión sobre la necesidad de buscar más silencio en nuestras vidas, para que podamos encontrar al Dios vivo. En el "infierno del ruido", que plaga este mundo, cerramos la voz de Dios en nuestras vidas. Encontramos a Dios en el silencio, allí donde hay sitio para la adoración y la reverencia de Dios, que nos creó y desea una relación con nosotros.

Estoy escribiendo esta reflexión mientras comenzamos la temporada de Cuaresma en la Iglesia, como un llamado para que todos nosotros entremos más profundamente en el silencio donde realmente podemos encontrarnos con la Santísima Trinidad. La Cuaresma puede ser un tiempo para reducir la velocidad, reflexionar sobre nuestras vidas y nuestra relación con Dios, y demos una mayor perspectiva al significado y propósito de nuestra misma existencia.

Muchas veces he dicho que estamos viviendo en una época en la que somos bombardeados por el ruido y la distracción constantes. Esto es especialmente cierto para la generación más joven, a la que a veces me refiero como la generación “conectada”. Con demasiada frecuencia estamos conectados a nuestros auriculares con música, viendo televisión, jugando videojuegos, hablando o enviando mensajes de texto en nuestros teléfonos, nos enviamos mensajes por Facebook, Instagram o Twitter; o simplemente desperdiciamos el tiempo en la computadora o en nuestra tableta. (Sinceramente, espero que muchos de ustedes no sepan el significado de algunas cosas que mencioné).

En medio de nuestras vidas ocupadas, activas y ruidosas, ¿dónde está el espacio para Dios? ¿Cómo va Dios a llegar a nosotros o cómo vamos a llegar a Él, si no le damos tiempo para la conversación tranquila y la reflexión?

Todos deseamos una relación más cercana con Dios. De hecho, en mis casi 27 años de sacerdote, he escuchado a tanta gente decir que desean estar más cerca de Dios o que Dios de alguna manera parece lejano a ellos. Pero ¿cómo podemos llegar a conocerlo si no dejamos tiempo para él?

Incluso cuando nos reunimos para la adoración, nuestras misas a veces se llenan hasta el borde con palabras sonoras y música. ¿Dónde está el tiempo durante la misa para la reflexión tranquila? ¿En el acto penitencial, después de la invitación a la oración, después de cada lectura, después de la homilía, durante parte del ofertorio, después de la Comunión? Parece que sentimos la necesidad de “cubrir” cada acción y cada momento con palabras o música. Necesitamos tiempo para que Dios nos hable en el silencio.

Así que mi desafío para nosotros esta Cuaresma (yo incluido) es permitir más silencio y oración en nuestras vidas. Después de todo, pasando más tiempo en la oración es uno de los tres pilares de nuestra observancia de Cuaresma, junto con las obras de penitencia y obras de caridad.

Creo que a veces nos sentimos incómodos con el silencio, porque entonces estamos solos, frente a todas nuestras preocupaciones, temores y ansiedades. Preferimos "anestesiar" estos con ruido y distracción. Pero es allí, en el silencio que Dios nos habla, calmando nuestros temores y dándonos la seguridad de su amor y presencia. Él así lo desea para nosotros. No lo excluyamos.

Así que apaguen el televisor. Desenchufen la música. Desechen los videojuegos. Aléjense de la computadora. Hagan a un lado el teléfono inteligente o la tableta para pasar más tiempo en la oración silenciosa, hablando con Dios acerca de su vida. Lean la Biblia u otra buena lectura espiritual y mediten en lo que han leído. No se arrepentirán, y cuando llegue la Pascua, tal vez no estarán tan apegados a las distracciones que los separan de lo que realmente importa.

¡Les deseo a todos un fructífero y bendito tiempo de Cuaresma, un tiempo de gracia si ustedes lo permiten!

 



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