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Inicio : Comunidad y Fe : Columna Arzobispo Alexander K. Sample 24 de Junio de 2017

27 de Marzo de 2017 2:10:00 PM
El mensaje de Nuestra Señora de Fátima - perfecto para la Cuaresma

Arzobispo Alexander K. Sample


Durante este año en el que celebramos el centenario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, como prometí, quisiera reflexionar con todos ustedes sobre el mensaje que Nuestra Señora nos dejó. San Juan Pablo II afirmó que su mensaje es aún más relevante y urgente hoy que cuando fue dado por primera vez.

Antes de sumergirnos en el mensaje esencial que nuestra Santísima Virgen dio a los hijos de Fátima (Lucía, la Beata Jacinta y el Beato Francisco), es importante recordar que estas apariciones han sido oficialmente aprobadas por la Iglesia. Esto significa que la Iglesia ha reconocido la autenticidad de las revelaciones, es decir, que Nuestra Señora verdaderamente apareció a estos niños. Aunque estas se consideran "revelaciones privadas" y los católicos no están obligados a aceptarlas, pues es una cuestión de fe, sería absurdo ignorarlas o desecharlas, ya que son genuinas.

El corazón de los mensajes que Nuestra Señora de Fátima dio a los niños, y por lo tanto, a todos nosotros, se dio durante un período de seis meses, de mayo de 1917 a octubre de ese mismo año. He aquí un resumen de los mensajes. Si desean más detalles, están invitados a visitar la página oficial del Apostolado Mundial de Fátima (www.wafusa.org).

Primero, al dirigirnos al orden eterno, Nuestra Señora dijo a los niños que el infierno existe y que las almas se están perdiendo, porque no hay nadie para reparar sus pecados. Parece que no nos gusta oír hablar de la realidad del infierno, pero esta es una enseñanza solemne de nuestra fe que todos estamos obligados a aceptar. El pecado mortal es lo que aterriza a una persona en este lugar de tristeza indescriptible y separación eterna de nuestro Dios amoroso y misericordioso. Y Nuestra Señora reveló que hay almas que se pierden debido a la incapacidad de arrepentirse y reparar los pecados cometidos.

Debemos reparar nuestros pecados, pero también podemos reparar los pecados de los demás. Esto es parte de lo que significa ser miembro de la comunión de los santos, que profesamos en el Credo de los Apóstoles. Debemos orar (especialmente el Rosario) y hacer sacrificios por nuestros propios pecados y los pecados del mundo. Esto lo hacemos, por supuesto, en unión con los méritos de Jesucristo, que fueron ganados al gran precio de su propia sangre derramada en la cruz para nuestra salvación. También lo hacemos en unión con los méritos de los santos, que lograron por su propia santidad y unión con el misterio pascual de Cristo. Nada puede lograrse por nuestros propios méritos, separados de la redención salvadora de la muerte y resurrección de Cristo.

En segundo lugar, hablando del orden temporal, Nuestra Señora nos reveló que la guerra es una consecuencia del pecado. Esto es verdad no sólo de la Primera Guerra Mundial, sino todas las guerras que han seguido y que siguen plagando nuestro mundo hoy. ¿Puede alguien negar la realidad del horror de las guerras que continúan a lo largo de la historia reciente? Si nos preguntamos por qué, con todo el progreso humano que la humanidad ha hecho, todavía vivimos la guerra y la violencia, no necesitamos mirar más allá de nuestros propios pecados y los pecados del mundo.

Tercero, Nuestra Señora nos enseñó que la salvación de las almas y el logro de la paz mundial requieren la conversión de los pecadores. Ella dijo a los niños en su mensaje de octubre de 1917: "La gente debe dejar de ofender a Dios, pues Dios ya está muy ofendido". Esta conversión debe comenzar con cada uno de nosotros.

La Cuaresma es un tiempo de arrepentimiento y conversión. Todos somos pecadores, y me incluyo directamente en ese grupo. Debemos tomar en serio el llamado a la conversión y no pasar por alto este importante aspecto de la vida cristiana. Ya no podemos poner excusas para nosotros mismos, o dejarnos llevar por una falsa confianza, diciéndonos que realmente no importa. Un escritor espiritual famoso dijo una vez que la "falsa confianza" es el Diablo disfrazado.

Si necesitamos más convencimiento, sólo necesitamos volver a repetir las palabras que pronunció nuestro Bendito Señor al comienzo de su ministerio público: "¡Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca!" Jesús pasó gran parte de su ministerio público llamando a la gente a la conversión. Una lectura cuidadosa de los Evangelios lo confirmará.

Por lo tanto, el mensaje de Nuestra Señora de Fátima es realmente una reafirmación del Evangelio para nuestros tiempos difíciles. Como madre amorosa, quiere que todos sus hijos vayan al cielo. Este debe ser nuestro objetivo final.

Dios es tan misericordioso con nosotros los pecadores. Él está listo para perdonar y recibir nuestro arrepentimiento y nuestra firme decisión de llevar una vida mejor. Durante esta Cuaresma, acercémonos al trono de la Divina Misericordia en el Sacramento de Penitencia y Reconciliación. Y sigamos rezando (o comiencen a rezar) el Rosario de Nuestra Señora. ¡Dios los bendiga!

 

 



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