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Inicio : Comunidad y Fe : Comunidad y Fe 22 de Agosto de 2017

17 de Abril de 2017 2:48:00 PM
Esperanza para los inmigrantes al celebrar la Pascua
Fotos de El Centinela por Francisco Lara
Solemne ceremonia de la bendición del fuego en la Iglesia Santo Redentor, presidida por el Pastor John Dougherty.
Fotos de El Centinela por Francisco Lara
Solemne ceremonia de la bendición del fuego en la Iglesia Santo Redentor, presidida por el Pastor John Dougherty.
Celebración de la Vigilia Pascual en la Iglesia Santo Redentor de Portland.
Celebración de la Vigilia Pascual en la Iglesia Santo Redentor de Portland.
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EL padre John Dougherty realizando un bautizo en la Vigilia Pascual en la parroquia del Santo Redentor en Portland
Esperanza en comunidad de la Iglesia San Pedro

Padre Raúl Márquez, Iglesia de San Pedro, Portland

¡La respuesta a la condición humana es Cristo Jesús quien es nuestra esperanza! La esperanza es la tercera virtud teologal de la cual el Catecismo de la Iglesia dice: La esperanza es la virtud…por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo (1817).  La Iglesia en su liturgia también proclama la esperanza como “…nuestra meta que no está en esta tierra sino en un cielo que está más allá.” 

La condición humana nos presenta muchas veces un desafío a esta virtud a través de la pobreza, la enfermedad, el destierro, el desempleo, la migración forzosa, el abuso de los derechos humanos, la falta de educación, las injusticias, las guerras y la muerte; todo esto como consecuencia por la ausencia de Cristo Jesús en el corazón de la humanidad. 

Cuando ponemos todas nuestras fuerzas y aspiraciones en las cosas pasajeras de este mundo como el último fin, en vez de utilizarlas como el medio para el fin, el cual es, conocer amar y seguir a Jesús, es cuando nuestra condición humana cae en la desesperación, lo contrario de la esperanza.

Para el cristiano, la esperanza no es un gobierno, tampoco un sistema económico o una ideología; para el cristiano, la esperanza es una persona llamada Jesucristo y su reino: “Un reino de paz, de consuelo y de amor.” Ese reino es el que todos nuestros líderes civiles y religiosos y todo el pueblo de Dios tiene que seguir forjando a través de la justicia y la paz; a través de oportunidades económicas para los más necesitados y vulnerables de toda sociedad; a través de leyes que favorezcan al migrante y a través de oportunidades para que todos podamos seguir construyendo el reino de la caridad a través de la fe y la esperanza. 

Por eso, todos estamos llamados a vivir como nos dice San Pedro: “Estad siempre listos para dar respuesta al que os pregunte acerca de vuestra esperanza (1Pedro 3:15)” ¡Y nuestra respuesta es siempre Jesucristo quien es nuestra esperanza!


Francisco Lara
De El Centinela

“Cristo Resucitado y Glorioso es la fuente de nuestra esperanza. Y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda”, son las palabras del Papa Francisco.

En estos tiempos de incertidumbre en los que se encuentra nuestra comunidad, llega de nuevo el hermoso tiempo de la Pascua. En el cual celebramos la buena nueva de la Resurrección del Señor después de 40 días de reflexión en Cuaresma.

Hoy nos encontramos con un Jesús Resucitado, que con gran amor nos redime, nos da las armas para seguir adelante, y nos recuerda que no estamos solos en este diario vivir.

Tiempos de oscuridad está viviendo nuestra comunidad hispana. Nuestra comunidad inmigrante, las minorías en general. Pero la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo nos trae de nuevo la esperanza, la cual como dice el Papa Francisco, nos ayudará a seguir adelante en este camino.

“La Resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, aparecen por todas partes los brotes de la Resurrección, como una fuerza imparable”, dice el Papa Francisco.

Volvamos la mirada hacia el Cristo resucitado, que nos espera lleno de esperanza, no nos hagamos prisioneros de la tristeza ni nos dejemos aplastar por los problemas. 

“La esperanza no es simple optimismo, o una actitud psicológica, sino un Don de Dios, el paráclito no hace que todo luzca bonito, no elimina el mal con una varita mágica”, dice el Papa. “Sino que  infunde la misma fuerza de la vida que no consiste en la ausencia de problemas, sino en la seguridad de que Cristo ha vencido el pecado, la muerte y el temor”.

Es importante recordar que como comunidad no estamos solos. Que Él está siempre con nosotros. Así que en este tiempo Pascual resucitemos también de esa angustia que nos tiene en la oscuridad y llevemos la luz de la esperanza, a mi hermano, a mi vecina, y a todos aquellos que viven en el miedo de esta realidad actual que nos hace encerrarnos en nosotros mismos.

“Que el Señor nos libre de esta terrible trampa, de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado, y nuestros problemas fueran el centro de la vida”, reflexiona su Santidad.

 

Diácono Félix García- 

Coordinador del Ministerio Hispano-Arquidiócesis de Portland

 

Al celebrar la Pascua de Resurrección, durante estos 50 días, me llena de esperanza saber que nuestro sufrimiento será redimido, cuando seamos capaces de ofrecerlo en la Cruz de Jesús.

Sé que hay mucha incertidumbre en nuestra comunidad hispana por cuestiones de inmigración y algunas otras cosas que nos inquietan. Me gustaría  pensar que todo es fácil, pero no necesariamente lo es. 

Para poder convertir esa incertidumbre en esperanza es importante unirla a la Cruz y confiar plenamente en las promesas del Señor en una nueva vida. Él nunca falla. Si la tumba está vacía es porque él está a nuestro lado y en nuestro corazón. Si la tumba está vacía, es porque él nos sigue repitiendo: “no teman”. Si la tumba está vacía es porque él está llenando nuestro corazón de esperanza. Que mejor que este tiempo de Pascua para confiar plenamente en las promesas del Señor. Ánimo, hermanos, la tumba está vacía, Él ha resucitado y nuestro corazón debe estar lleno de esperanza.

 

Padre Lucas Laborde-Iglesia San Patricio, Portland

Revivir los días de Pascua es un llamado a la esperanza. En primer lugar, porque vemos que Dios mismo, en la persona de Cristo, entró en nuestros sufrimientos. Esto nos muestra que nuestra esperanza no es un optimismo ingenuo. Jesús atravesó el camino que lleva al Padre, un camino de fidelidad a su Padre, en un mundo difícil, lleno de corrupción, de tensiones sociales, de rivalidades. Si no hubiera sido un mundo asi, ¿cómo explicar que alguien con la santidad, la sabiduría, la habilidad y la influencia de Cristo haya terminado en una Cruz? Con todo, la Resurrección de Jesús es la respuesta definitiva de Dios a la maldad y las dificultades que hay en nuestro mundo. Esos problemas y males nunca tendrán la palabra definitiva.

 En segundo lugar, la Semana Santa, al llevarnos nuevamente a los misterios centrales de nuestra fe, nos recuerda que no estamos solos. 

Que los frutos del sacrificio de Cristo siguen obrando en nosotros como germen de poder y de vida: su gracia, su Iglesia, su Eucaristía, y todo lo que hace por nuestra vida personal, familiar, laboral. 

Todo lo que impacta en la sociedad, generando iniciativas de cambio y de mejora social, redes de personas empeñadas en hacer el bien, obras de misericordia y apostolado, comunidades de oración, por nombrar algunas.

Por eso la Pascua renueva nuestra esperanza: Dios entró en nuestra oscuridad y la llenó con su luz. Los frutos de su entrega siguen siendo semilla de transformación.

 

-Hermana Juanita Villarreal, SSMO San Pedro, Newberg

“Prefiero volver a mi país y vivir en la miseria que vivir con miedo aquí”. “Temo que el toque va a venir a la puerta, así que no contesto la puerta”. “Mis bebés tienen miedo de que su papá tenga que volver a su país”. Así es como los feligreses de la parroquia de San Pedro se sienten ahora, sobre todo esto de la deportación.

La campaña de deportación masiva es un acto de injusticia. Todos recordamos cómo nuestros americanos nativos y japoneses fueron tratados aquí en los Estados Unidos.

La Declaración Pastoral de Estados Unidos: “Dar la Bienvenida al Extraño entre Nosotros: la Unidad en la Diversidad” está firmemente arraigada en la enseñanza social de la Iglesia. Las personas tienen derecho a emigrar para sostener sus vidas y las vidas de sus familias. Sin embargo, sí entendemos la necesidad de regular las fronteras y controlar la inmigración.

Pero los inmigrantes indocumentados son considerados delincuentes e indignos de derechos o servicios. Creemos que cada persona tiene derechos humanos básicos: comida, refugio, ropa, educación y atención médica. Al mismo tiempo, creemos en Dios y somos un pueblo de esperanza. La oración es poderosa. Y así continuamos nuestro viaje cantando la canción de Cesáreo Gabaráin: “Cristo te necesita para amar.  Al que sufre y al triste, dale amor….”

-Diácono Marco Espinoza, Iglesia San Antonio, Tigard

A nosotros como católicos y en nuestra fe se nos enseña que debemos poner toda nuestra esperanza en nuestro Señor Jesucristo. Sabemos que Él tiene un plan de vida para cada uno de nosotros. En este tiempo de Resurrección el Señor nos invita a volver a Él, a acercarnos a Él, a volver a su camino, a voltear nuestra cara hacia su luz, para así recibir sus dones que necesitamos.

En estos tiempos tan difíciles que vive el país, tenemos que unirnos como comunidad, para poder salir adelante. También cada uno de nosotros debemos hacer un esfuerzo por mejorar, vivir una vida que tenga éxito, y recordar por estamos aquí. Recordar porqué venimos hasta acá desde nuestros lugares de origen. Poner en perspectiva cuál es nuestro principal objetivo de vida, el cual alguna vez fue obtener cosas buenas, un mejor trabajo, o una mejor situación económica; pero ahora principalmente, poner como prioridad las cosas espirituales y la unidad familiar, no descuidar nuestra familia, ni nuestra vida, siempre mirando hacia el Señor Jesús como meta.

Cuando llegamos a este hermoso tiempo de Resurrección, tenemos que recordar que este es un tiempo de gracia, porque el Señor ha vencido todas las dificultades y nos enseña a vencerlas. Es necesario aprender a vivir ese tiempo con alegría, con gozo y llenos de esperanza en Él, y en esa nueva forma de vivir debemos mostrar su Resurrección en nuestro diario vivir, el caminar a diario, y convivir con nuestros semejantes. Escuchar sinceramente. Hablar con amor. Vivir con alegría cada día.  

-Padre Manuel Becerra, Iglesia San Miguel Arcángel, Sandy

Hemos escuchado una y otra vez, que la esperanza es lo último que se pierde. ¿Pero qué es la esperanza? La esperanza es una virtud que todos debemos practicar, ya que por esta, anhelamos el Reino de los cielos. Como Cristianos ponemos nuestra esperanza en Dios. El Dios que cumple las promesas, el Dios que levanta la bandera de victoria para todos aquellos que acuden a pedir su ayuda. En estos momentos levantemos una súplica al Dios que todo lo puede y el que cumple sus promesas.

-Padre Arturo Romero, Iglesia San Patricio, Canby

La esperanza para nosotros los cristianos es un don que el Espíritu Santo nos ofrece, que Dios nos regala para alimentar nuestra fe, para alentarnos, para continuar hacia adelante. 

Los cristianos tenemos nuestra esperanza puesta en Jesús, que está en la Eucaristía, persona viva, presente. Sin embargo, hoy las personas con todas estas situaciones, todo esto que está pasando, poco a poco se han tendido a perder la esperanza, porque tal vez no ven respuestas inmediatas o no sienten que Dios les responde a las oraciones del momento o porque ven que el mundo está de cabeza, porque hay mucha violencia. Pero principalmente por la falta de fe, de no ver a un Dios vivo. No sólo se ha perdido la esperanza en esta vida, sino también en la vida futura, ya que ahora el mundo quiere ver hechos al instante.

La esperanza viene del mismo Jesucristo, que nos puede librar de cualquier cosa y ésta misma puede rehacer todo lo nuevo en nosotros. Es como una vela mágica que por más que uno la sopla y se apaga sola, se vuelve a encender. Es un milagro constante. Dios es un Dios fiel, ha estado ahí para nosotros siempre y eso mantiene viva nuestra esperanza, a pesar de estos tiempos tan difíciles llenos de desesperanza, donde uno se encuentra católicos comprometidos, que entregan su vida a Cristo. Aún así sus corazones están llenos de desesperanza, todo esto creado por el ambiente en el que vivimos, todo lo que vemos escuchamos y leemos. Pero en estas circunstancias debemos recordar y continuar nuestra vida en Jesús, acudiendo a los sacramentos. Así que en esta Pascua es tiempo de empezar a pedirle al Señor el don de la esperanza. 

-Padre John Dougherty, Iglesia Santo Redentor, Portland

Yo pienso que, para nuestra comunidad en estos momentos oscuros de tanta desolación por la incertidumbre, nada mejor que describa cómo se sienten que el Viernes Santo. Jesucristo enfrentó una situación similar el Viernes Santo cuando se enfrentó a la muerte en la ruz, enfrentó el frío y la oscuridad. Pero Jesús  superó la muerte en la Cruz. La esperanza para nuestra comunidad está en continuar siendo una comunidad que ora frente a la desolación y la oscuridad. Y continuar siendo una comunidad de oración. La Cruz es la única que nos da esa esperanza y podemos reconocer las dificultades de nuestra comunidad. El mundo enfrenta desesperanza por estos días. La Cruz es la que nos ofrece esperanza, para seguir adelante y superar todo como Jesús hizo al morir en la Cruz.

 



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