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Inicio : Comunidad y Fe : Comunidad y Fe 23 de Agosto de 2017

26 de Abril de 2017 12:38:00 PM
Silencio para escuchar el llamado
La vocación sacerdotal es la respuesta a ese llamado que hace el Señor
Archivo PersonalEn la foto, aparecen de izquierda a derecha, los seminaristas: Peter Laughlin, Luke Stager, Omar Herrera, Thien Hoang y Chi Nhan Vo, quienes entraron al Seminario de Monte Ángel al mismo tiempo y quienes pertenecen a la Arquidiócesis de Portland. Omar Herrera es el único hispano del grupo, nacido en México.   

Archivo Personal
En la foto, aparecen de izquierda a derecha, los seminaristas: Peter Laughlin, Luke Stager, Omar Herrera, Thien Hoang y Chi Nhan Vo, quienes entraron al Seminario de Monte Ángel al mismo tiempo y quienes pertenecen a la Arquidiócesis de Portland. Omar Herrera es el único hispano del grupo, nacido en México.   


Rocío Rios
Directora


El silencio abre el espacio de meditación perfecto para orar. En el Seminario de Monte Ángel, que es un monasterio Benedictino, los monjes practican la oración y el trabajo en su camino hacia la espiritualidad. Ese es el ambiente que rodea la experiencia de formación que siguen los seminaristas que en el futuro serán sacerdotes.

Ese silencio, acompaña la experiencia del seminarista de la Arquidiócesis de Portland, el mexicano Omar Herrera, quien concedió una entrevista exclusiva para El Centinela. Su testimonio de fe, es perfecto para dimensionar el valor de las vocaciones y el camino espiritual en este Tiempo de Pascua.

“El seminario sigue la tradición Benedictina y nosotros rezamos la Liturgia de las Horas. Es en el silencio que estás frente al Santísimo en un encuentro de consuelo, paz y gozo. A mí me gusta la paz y el silencio de la colina donde se encuentra el seminario de Monte Ángel. Me gusta observar la belleza del paisaje en el valle. Es un momento en el que observo la mano de Dios en la naturaleza, las hojas, las nubes, el campo. La creación es como una pintura de infinita belleza y la mano de Dios es el pincel, con el que se plasma esa obra maestra”.

El seminarista Omar Herrera estudia en el Seminario de Monte Ángel gracias al apoyo de la Arquidiócesis de Portland, en Oregon. “Mi deseo es llegar a ser algún día un sacerdote diocesano”. Y el seminario es el sitio perfecto para obtener esta formación. 

Hay estudiantes de Oregon, Washington, California, Nuevo México, Nevada, Montana y tan lejanos como Samoa y Hungría. “Desde hace más de un siglo y medio, educa a hombres para el sacerdocio en la cátedra de Filosofía y Teología. Se educan hombres tanto para nuestra Arquidiocesis, como para otras”, explicó. 

El seminarista Omar Herrera compartió que su “familia es de México, del estado de Puebla, de la Heróica Puebla de Zaragoza. Yo llevo viviendo más de 20 años en este país”. 

E.C. ¿Cómo explica su llamado a la vocación sacerdotal?

Omar Herrera. Cuando tenía 16 años, ví la película “La Misión” y me conmovió muchísimo. La idea de ser sacerdote llegó por primera vez a mi mente. Sin embargo, decidí no hacerle caso y seguí otros 14 años como protestante a pesar de haber nacido y ser bautizado católico.

E.C. ¿Un nuevo llamado a la vocación?

O.H. En el 2008, sentí el llamado de regresar a mi fe ancestral. En esa época era pentecostal, y me sentía espiritualmente muerto, con problemas familiares y muy solo. Una mañana entré a la iglesia de San José en Salem, tuve un encuentro con una presencia infinitamente benévola, un aire tibio flotaba sobre mi cabeza y me daba consuelo. Lloré hasta sentir una gran paz. 

E.C. ¿Cómo ha experimentado la presencia de Dios?

O.H. Desde siempre he sentido la presencia de Dios. Yo siento en mi corazón que él existe y siempre ha estado y estará conmigo; pero fue en San José dónde se manifestó. No tengo palabras para describirlo. 

E.C. ¿Cómo fue su experiencia de fe en la Iglesia San José?

O.H. Fue en esa época en que empecé a asistir a la iglesia y unos años después al RICA, Catecismo para adultos, y recibí la Primera Comunión y la Confirmación en la Vigilia Pascual de 2013. Decidí que mi tiempo había llegado y me presenté ante la Arquidiócesis de Portland, en el año  2014 para ser seminarista. 

E.C. Ser inmigrante y seminarista. ¿Cómo cambia su perspectiva al servicio de la iglesia?

O.H. Jesús y la Sagrada Familia fueron inmigrantes en Egipto, en tierras extrañas, y protegidos por José sobrevivieron. José era un buen hombre, un padre amoroso, trabajaba con sus manos y se ganaba el pan con gran esfuerzo. 

Nosotros no somos muy diferentes, si pensamos en Jesús y su familia. Venimos a una tierra lejana, llegamos sin nada y a veces somos maltratados y perseguidos. Pero  Jesús, Cristo Rey y Señor del Universo, extiende su bendita mano de misericordia y no se olvida de nosotros. Jesús no nos olvida. Desde su trono sufre con nosotros, y está presente en nuestras vidas.

E.C. ¿En esta perspectiva cuál es el papel del sacerdote con su comunidad inmigrante? 

O.H. Es obligación y privilegio del sacerdote vivir como Cristo, y extender su mano a todo aquel que lo necesite. Nuestro Arzobispo Alexander Sample ha reiterado su apoyo y el de los Obispos Católicos de los Estados Unidos a todos los creyentes hispanos, refugiados e inmigrantes. 

E.C. ¿Cómo vé a los hispanos en la Iglesia de los Estados Unidos?

O.H. Es una comunidad muy activa. Está creciendo, y es esencial para la supervivencia de la Iglesia Católica en los Estados Unidos. Al envejecer la comunidad Americana, son las familias latinas las que traen nueva sangre y nuevos hijos a la iglesia local, y quienes la sostendrán. La comunidad latina trae su lenguaje, costumbres y fe desde México, Centro y Suramérica. Nuestra gente llena de vida y color a la iglesia local. Y no hay que olvidar a nuestras comunidades Filipinas, Vietnamita y Africana, que también están creciendo.

E.C.El aporte de hablar español para su iglesia?

O.H. Es importantísimo en estos momentos de incertidumbre, preservar nuestra cultura y lengua. La  la misa en español es alegre, solemne y tradicional. Y sí, es importante saber inglés pero creo que hay espacio para ser inclusivos y para coexistir. La parroquia a la cual considero mi hogar, San José en Salem, es un vivo ejemplo de que todos podemos coexistir y aprender unos de otros. Hay misas en inglés, en Vietnamita, y en español: tres comunidades, una iglesia, una fe. Hay una gran necesidad en la Arquidiócesis de Portland de tener sacerdotes que hablen español y sacerdotes en general. Nuestra comunidad crece día a día y hay más sacerdotes retirándose, que seminaristas siendo ordenados y esto es preocupante.

E.C. ¿Cómo ha sido su experiencia en el seminario? ¿Cuánto tiempo lleva estudiando? ¿Y cuánto le falta para su ordenación?

O.H. Llevo ya casi dos años en el Seminario de Monte Ángel. Empecé como II Año de College y estoy cerca de concluir el III año de College. El próximo año con la ayuda de Dios me graduaré del Seminario Menor (Licenciatura en Filosofía y Letras) y pasaré al Seminario Mayor, (Teología) que son 4 años de estudio. También tenemos un año pastoral en una parroquia. Me faltan 6 años para llegar a la meta final. 

E.C. ¿Cómo es la vida de estudiante en un seminario?

O.H. La vida en el seminario tiene su altas y bajas, con muchos logros, pero a veces tiene momentos dificiles. Estamos siendo probados como el oro que se arroja al crisol. Nuestro horario diario es de oración matutina y vespertina, misa diaria, clases de lunes a viernes, ministerio. Tengo buenas amistades y me llevó muy bien con mis profesores. Mas que nada se nos pide discernir. Si esta es la vida que queremos y si estamos dispuestos a servir al pueblo y tomar votos de obediencia y castidad. Este proceso lleva tiempo. 

E.C. ¿La importancia de las vocaciones de los hispanos en estos momentos?

O.H. En estos momentos, en los que nuestra comunidad sufre de mucha incertidumbre por el ambiente político y sobre todo acabando de vivir esta Cuaresma, invito a todos los jóvenes latinos a considerar servir a la Santa Madre Iglesia. Yo jamás soñé con esta vida. Nunca me lo hubiera imaginado. Pero Dios nos lleva a veces por parajes extraños, y caminos poco recorridos. 

Yo le pido mucho a Dios que se haga su voluntad en mi vida y no la mía. Así pues, exhorto a los jóvenes, hombres, y muchachos solteros y de todas las edades, a considerar seguir los pasos de nuestro Señor y considerar una vocación al sacerdocio. Nuestra comunidad necesita oír una palabra de aliento, de la esperanza que Dios nos brinda. Nuestra comunidad latina nos necesita ahora más que nunca. Nada es fácil y los retos son muchos. Pero Jesús prometió estar con nosotros, hasta el fin del mundo. 

Finalizó diciendo que en el silencio: “Tengo la gran fortuna de experimentar en esos momentos pensamientos tanto filosóficos como tracendentales, un sentido de la iluminación y entendimiento que sólo Dios nos puede conceder”.

 

                                                                  RocioR@ocp.org



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