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El Centinela | Portland, OR Domingo, 30 de Abril de 2017

Inicio : Comunidad y Fe : Columnas Anteriores Arzobispo John Vlazny 30 de Abril de 2017

16 de Noviembre de 2011 3:33:00 PM
La frustración por la situación económica se sintió en Portland

Arzobispo John Vlazny


Hace unas semanas, la frustración de muchas personas con respecto a la crisis económica estalló en manifestaciones de varios tipos en muchas ciudades, incluyendo Portland. Sea que nos gusten las manifestaciones o no, nosotros, como católicos, compartimos una responsabilidad de edificar una sociedad y una economía más justa.

El gobierno federal está considerando un proyecto de ley para prevenir la pérdida de la autoridad del gobierno para pedir prestado más dinero y para reducir el déficit nacional durante los próximos diez años.

Los Obispos quieren ampliar esas metas para proteger a los vulnerables, proveer trabajos a los desempleados y los subempleados y para restaurar la estabilidad fiscal a largo plazo en los Estados Unidos.

Al Súper Comité (un comité formado para reducir el déficit federal) se le ha encomendado crear un plan para eliminar unos $1,2 trillones  de dólares en recortes de gastos en el transcurso de los próximos diez años.

Los seis republicanos y los seis demócratas del Súper Comité deben asegurar que los pobres y los vulnerables no quedarán más perjudicados por la crisis de la economía.
Les sugieron escribir o llamar a los miembros del Súper Comité y a los miembros del Congreso de nuestro estado. Oren por aquellos que buscan empleo y pidan a Dios que guíe nuestra nación.

Somos Misioneros
Cuando nos bautizamos todos nos hacemos misioneros. Como católicos, estamos llamados por Jesús a profesar y celebrar nuestra fe, pero también a compartir nuestra fe con los demás.

Nuestro Santo Padre nos recuerda que nuestra fe se fortalece cuando la expresmanos en otras personas. Nos recuerda que por medio de nuestra participación en la Misa del domingo, siempre recibimos una llamada de dar testimonio sobre lo que hemos experimentado por medio de nuestra vida de fe, es decir, del poder salvífico de nuestro Dios.

La iglesia no puede ser  ensimismada. Estamos arraigados en tales lugares para poder extendernos más allá de nuestras raíces. La necesidad de compartir la buena nueva es tan urgente hoy como siempre.

El Ave María

Poco después de su elección como el Sumo Pontífice, el Papa Juan Pablo II dijo: “La oración del Rosario es mi favorita. ¡Es maravillosa! Maravillosa en su simplicidad y profundidad”. Los católicos estamos invitados a renovar y fortalecer nuestra vida devocional por medio del Rosario.

En realidad, cuando rezamos el Rosario, decimos el Ave María 53 veces: tres veces al principio y diez veces después de cada uno de los cinco Misterios.

La primera parte del rezo viene directamente de la Biblia, del primer capítulo del evangelio de san Lucas.

La segunda parte, “ahora y en la hora de nuestra muerte”, se añadió en el siglo XVI y es especialmente importante. La verdad es que solamente hay dos momentos importantes en la vida: el presente y nuestro momento final.

El Ave María invoca la ayuda de nuestra Madre en el cielo durante estos dos momentos. Somos consolados al darnos cuenta de que ella sí está con nosotros y se preocupa por nosotros como una madre cariñosa.

Durante el primer milenio de la cristiandad, el rezo devocional que nosotros llamamos el Rosario, no existió. Tiene sus principios en el siglo XII, especialmente entre los monjes cistercienses y cartujos. Muchos de los hermanos laicos no participaban en la Liturgia de las Horas, pero en el Rosarios encontraron una forma propia de rezar.

Según se dice, cuando Nuestra Señora se apareció a los tres niños en Fátima en 1917, ella les dijo, “No hay ningún problema, les digo, aunque sea muy difícil, que no podemos resolver rezando el Santo Rosario”. Teniendo en cuenta estas palabras, les animo a todos ustedes a rezar el Rosario a menudo.

Cuando el Papa Juan Pablo II escribió su encíclica magistral titulada, “El Evangelio de la Vida”, él  hiz un llamado a la “movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético para poner en práctica una gran estrategia a favor de la vida”.  La vida importa. Cada vida humana es verdaderamente importante.

La búsqueda autodestructiva de la buena vida nos lleva a muchos de nosotros a dar la espalda a un bebé inoportuno o a un pariente envejecido que vive en un hogar de ancianos, esperando que lo visitemos.

Si sacrificamos mucho en nombre del amor, recibiremos mucho en cuanto al gozo y paz que este sacrificio conlleva.

Como católicos, no vemos ninguna distinción entre defender la vida humana y promover la dignidad de cada persona. La vida humana es un don de Dios, sagrada desde la concepción hasta la muerte natural.

El derecho a vivir es el principal principio y el más básico de los derechos humanos. Por eso los católicos por todo el mundo trabajan enérgicamente para promover más respeto a la vida humana con un mayor compromiso por la justicia y la paz.

Lamentamos la pérdida de tantos niños inocentes debido al aborto. Tanto las madres como los padres, las familias y la sociedad en general sufren física y emocionalmente.
La oposición de la Iglesia católica al aborto se basa en la dignidad fundamental y el valor inherente de cada vida humana. La oposición es la única opción moral, aún para los que no son cristianos.

Un asunto muy polémico es el de la pena de muerte. El programa de “Respeto a la Vida” tiene como meta la eliminación de la pena de muerte. Así demostramos la misericordia y reconciliación cristiana que es un reto para nosotros que nos llamamos cristianos.
Además, hay muchas personas que apoyan la protección de adultos y niños vulnerables, incluso los animales, pero no ven el problema moral con el trabajo de la investigación embrionaria.

Demuestran una indiferencia total ante el hecho de que los embriones son seres humanos. La vida humana empieza con la fusión de una célula de esperma y un óvulo. No hablamos simplemente de sustancias biológicas. Utilizar los embriones para la investigación es completamente inmoral.

En los meses y días finales de una vida humana, la vida todavía importa. La manera en que tratamos a las personas que están a punto de morir es representativa de la sociedad que representamos ahora.

Que todos caigámonos de rodillas con nuestros rosarios para pedirle a Dios que cambie los corazones y las mentes para que un mayor número de los hijos de Dios vivan plenamente.



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