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11 de Mayo de 2012 1:51:00 PM
En defensa de la libertad, hoy todos somos católicos

Arzobispo John Vlazny


San Lucas nos cuenta cómo Jesús le explicó a los discípulos que su Pasión, Muerte y Resurrección ocurrieron para llevar a cabo el plan del Padre de salvar a todo el mundo. Cuando Jesús les dijo que iba a sufrir y que después resucitaría, les explicó que había que  ser “testigos de esto”. Ser testigos de las verdades de nuestra fe sigue siendo un reto del discipulado, hoy en día. No es fácil y a veces no sabemos cómo llevar a cabo este reto.

Como el Señor encargó a los discípulos a ser testigos de las verdades de nuestra fe, todos necesitamos tener en cuenta que nosotros, como discípulos de Cristo hoy en día por medio de nuestro Bautismo, estamos encargados de esta misma tarea. Los padres son las primeras personas que enseñan a sus hijos sobre la fe y cómo ser un buen católico.

Cuando estaba en Tierra Santa a principios de marzo, estaba asombrado de ver cómo la ciudad de Jerusalén estaba cubierta de silencio y paz durante el sábado, el día de dar culto para los judíos. Desde la puesta del sol del viernes hasta la puesta del sol del sábado, las familias judías pasan el tiempo en sus casas o en la sinagoga. Por eso no había muchas personas en las calles de Jerusalén, un testimonio de su compromiso a la observancia del sábado. No sé cómo enseñaron a sus hijos la importancia del sábado, pero estaba claro que el sábado no era un día normal en Jerusalén. Así deben ser los días santos que celebramos en la Iglesia católica —estos días no deben ser “normales” para nosotros tampoco.

En el pasado, hubo muchas maneras de dar testimonio de nuestra fe, como por ejemplo: la misa del domingo, abstenerse el Viernes Santo, quitarse el sombrero al entrar a una iglesia católica, bajar la cabeza al mencionar el nombre de Jesús, llevar medallas o símbolos religiosos en público y procesiones en honor al Santísimo Sacramento o nuestra Santa Madre.

Por la libertad religiosa
Últimamente parece que nuestro gobierno está dispuesto a poner límites a los derechos de los creyentes. Poco a poco están restringiendo la libertad religiosa a las actividades que toman lugar dentro de las iglesias. Cuando nosotros como creyentes nos involucramos más en la vida pública, se nos van perdiendo aún más nuestras libertades.

Durante el año pasado la beca que la Iglesia católica recibía del gobierno para combatir el tráfico humano, el mejor programa en el país, fue revocada porque los católicos no mandan a las víctimas de violación a las clínicas de aborto. En enero, el gobierno intentó imponerle a las iglesias, quien contratan y despiden. También en enero, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos decidió que los empleadores católicos tenían que pagar por los contraceptivos, drogas abortivas y la esterilización en sus planes de seguro médico.

Algunos de los proponentes de estas iniciativas notan que no todos los católicos están de acuerdo en estos asuntos: hay católicos que se hacen abortos y otros que utilizan los anticonceptivos. Como los demás, los católicos son pecadores. Yo soy pecador. Usted es pecador. Enseñamos lo que enseñamos porque estas verdades vienen de Dios y han sido reveladas a nosotros por medio de las Santas Escrituras y por medio de la sabiduría de los maestros católicos con el paso de los siglos. A veces la verdad es difícil. Pero tenemos que ser testigos de la verdad, como hizo Jesús, aun cuando requiere algo de inconveniencia.

Compartir nuestra fe
Durante los últimos dos años, la Arquidiócesis de Portland se ha dedicado a la campaña, “Compartir nuestra fe, conformar nuestro futuro”. Nuestra meta fue la de recaudar unos $50 millones de dólares durante un período de cinco años. Hasta ahora hemos recibido compromisos de aproximadamente $30 millones de dólares.

Estamos trabajando mucho para acercarnos más a la meta y, si es posible, sobrepasarla. Esto requerirá mucho esfuerzo y que los pastores y líderes parroquiales no se rindan ante este reto tan grande. Se acordarán de que el 25 por ciento de cada dólar no designado será dado a la parroquia del donante. El otoño pasado devolvimos $921.744 dólares a las parroquias y esta primavera otros $694.190 dólares serán dados a nuestras parroquias.

También estamos en medio de la Colecta Católica del Arzobispo. La Colecta fue suspendida en el 2011 para que pudiéramos enfocarnos en la Campaña de la
Arquidiócesis. A finales de marzo, habíamos recaudado 62,45 por ciento de la meta de la Colecta. Eso significa que las promesas de donación suman a $2.240.190 dólares, con una meta final de $3.640.000. Casi 15 por ciento de las familias en la Arquidiócesis han hecho una promesa de donación, mucho menor que la participación normal, entre 30 y 35 por ciento.

Las donaciones de la Colecta Católica son muy importantes para el presupuesto fiscal del año que viene. Espero que cada parroquia llegue al 100 por ciento de su meta financiera y que el 40 por ciento de los feligreses participen. Hasta ahora, la Iglesia de Santiago en Molalla ha recaudado más que todos los demás; ya ha logrado 171 por ciento de su meta. La Iglesia de Santiago también tiene su participación más alta: 49 por ciento de las familias parroquiales han hecho promesas de donación. ¡Felicidades al padre Ted Prentice y los líderes parroquiales!

La Colecta Anual de Caridades Católicas y las otras organizaciones ya ha empezado. Muchos contribuyen a la Colecta por medio del correo. Aquí tenemos otra oportunidad de ejercer la buena administración al asegurar que no hay ninguna persona necesitada entre nosotros que es ignorada, ni a la que se le niega la ayuda.

Una manera en que ayudamos es por medio del programa de reasentamiento de refugiados de Caridades Católicas. Este año el programa destacó una familia que había huído de los ataques de los rebeldes en el sur de Sudán. La familia recibió ayuda de nosotros por medio de Caridades Católicas y ahora vive en un apartamento amueblado aquí en la Arquidiócesis. Los niños asisten a programas después de la escuela para ayudarlos a ponerse al día en la escuela.

Los invito a ser generosos. Nosotros como católicos miramos a todos nuestros vecinos como hijos de Dios, que merecen respeto y han sido creados con la misma dignidad. Que no haya ninguna persona necesitada entre nosotros que no reciba nuestra ayuda.

Iglesia y libertad religiosa
Vivimos en una época en que muchos países en el oeste se consideren postreligiosos. Por lo tanto, el número de personas que piensa que las iglesias y la libertad religiosa son importantes ha ido disminuyendo. Vemos esta actitud actualmente aquí en los Estados Unidos en el debate sobre la asistencia médica y la definición de una institución católica.

También, corriente es el problema de la opresión de las minorías católicas en otros países donde quieren que la práctica del cristianismo sea privada, por fuera del ojo público. Ha pasado en los países comunistas. Aun pasa ahora en la tierra donde caminaba Jesús, donde ahora la población cristiana se ha disminuido tanto que su presencia es muy frágil.
Desde el principio de nuestro país, se ha entendido que la libertad religiosa es nuestra “primera libertad”. Eso significa que, no es solamente el primer derecho enumerado en la Carta de Derechos, pero que también pertenece a todos y se nos ha dado por Dios.

Por eso nos unimos a las personas de fe cuando sufren la persecución y la opresión por todo el mundo, incluso aquí en nuestras vecindades. En cuanto a la lucha corriente sobre la libertad religiosa, hace poco leí algo que un ministro protestante dijo: “en defensa de la libertad religiosa, hoy somos todos católicos”.

La religión es un esfuerzo universal, común a todos. Así que la religión debe ser parte de la política, no excluida. Los argumentos de los laicos sugieren que la solución a todos los problemas en el mundo es separar la religión de la política. Pero los comunistas erróneamente pensaron lo mismo.

Somos personas de esperanza, quizás no tan optimistas como nos gustaría, pero bien entendidas en la esperanza que reside en nuestro corazón. La meta de la esperanza cristiana es el Reino de Dios, un mundo donde Dios está con nosotros. La esperanza cristiana nos asegura que a pesar de todos los horrores de la historia humana, Dios no dejará que nos separemos de sus manos cariñosas. Dios sigue siendo Dios, bueno con una bondad indestructible. Él transforma nuestros hechos malvados con su amor.

Que se una conmigo a dar gracias a Dios por el don de nuestra Iglesia, esta comunidad de creyentes, por la cual todos compartimos por medio del Bautismo en el sacerdocio real de Jesucristo. Estamos muy agradecidos con el Señor por nuestros sacerdotes, diáconos y ministros pastorales que nos guían y nos confieren poderes para nuestra misión evangelizadora. Que el Señor esté con nosotros.

*Traducción de Katy Devine.



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