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El Centinela | Portland, OR Domingo, 30 de Abril de 2017

Inicio : Comunidad y Fe : Columnas Anteriores Arzobispo John Vlazny 30 de Abril de 2017

19 de Julio de 2012 4:05:00 PM
Reflexiones sobre la Quincena de la Libertad

Arzobispo John Vlazny


Concluimos nuestra observancia del “Fortnight for Freedom” (Quincena por la Libertad) el pasado 4 de julio. Durante estos días, oramos por nuestra libertad religiosa.

La comunidad vietnamita celebró su Misa anual por la libertad en el Grotto el 8 de julio. Durante esta celebración, dieron gracias a Dios por el don de la libertad que disfrutan aquí en los Estados Unidos, una libertad que les permite ser el pueblo de Dios, seguro en su fe y entusiasta de proclamarla públicamente y de compartirla con los demás.

Siempre me ha gustado presidir esta Misa. Se puede perder la libertad religiosa, especialmente cuando la damos por hecho. Los comunistas eran muy astutos al promover la libertad personal como si estuviera en conflicto con la libertad religiosa. Los seglares de nuestros días pareciera que planean hacer lo mismo.

En la reunión reciente de los Obispos en Atlanta, un obispo de Irak habló sobre la pérdida de la libertad religiosa en su propio país. La historia de la iglesia en Irak se originó en el primer siglo.

En una época, había unos 80 millones de cristianos caldeos, pero el número ha ido bajando gradualmente y ahora sólo quedan unos 400.000. En el pasado los cristianos y los musulmanes vivían juntos, no en armonía perfecta, pero con un respeto mutuo.

Desde la guerra de 2003, los cristianos allí han sufrido mucho, y como resultado de asesinatos, perdimos a un obispo, un presbítero y seis subdiáconos. Quince presbíteros han sido secuestrados y muchos más torturados y más de veinte iglesias han sido atacadas. Uno de los peores momentos ocurrió cuando una catedral en Bagdad fue atacada y 45 personas fueron asesinadas, incluso dos presbíteros jóvenes.

En muchos otros sitios en Irak, los cristianos han sufrido y, como resultado, las personas no se confían entre sí y los cristianos siguen saliendo del país. Y muchas personas critican a la Iglesia por no haberlos ayudado.

El obispo recurrió a nuestro gobierno para que hiciera todo lo posible por abogar por el respeto y la tolerancia en Irak. Él dijo que los ciudadanos solamente desean la paz, la seguridad y la libertad. Lo que antes era un país muy rico, ahora es un país muy pobre debido a la guerra y la discriminación. Ahora las familias y comunidades cristianas están dispersas por todo el país.

Más que nunca, la libertad religiosa está en crisis por todo el mundo, y eso tiene consecuencias enormes para la Iglesia, el éxito de la democracia y la causa de justicia y la paz internacional.

Si vemos la realidad el 70 % de la población del mundo vive en países donde se restringe la libertad religiosa. La mayoría de estas personas viven en 66 países, y la mayoría de los países son países musulmanes, regímenes comunistas o grandes estados no musulmanes como India, Birmania y Rusia. Y el problema sigue empeorando. Las minorías religiosas que sufren más en estas circunstancias son los cristianos.

En Europa la hostilidad social está aumentando. Ahora el Reino Unido está en la misma categoría de hostilidad social “alta”, como Irán y Arabia Saudita.

Las restricciones del gobierno francés han puesto a Francia delante de Cuba en esa categoría. El rechazo de la libertad religiosa no solamente resulta de regímenes autoritarios en lugares como China, Arabia Saudita e  Irán, pero de mayorías democráticas en otros países. Estos países no están dispuestos a abrazar el principio central de la libertad religiosa —la igualdad bajo la ley para cada institución e individuo religioso. Ahora vemos un nuevo tipo de tiranía, aquí en nuestra nación y en otros países también, es una tiranía de la democracia.

Durante esta época crítica en la historia del mundo, necesitamos proclamar con voz alta y por toda la tierra las grandes verdades de nuestra tradición católica sobre la vida humana, el matrimonio y el cuidado de los pobres.

Necesitamos oponernos enérgicamente a los argumentos que van en contra de estas verdades. Abogar por la libertad religiosa sea el trabajo de la Iglesia entera, no solamente del clero.

Reunión de Primavera
El mes pasado los Obispos americanos tuvimos nuestra reunión de Primavera en Atlanta. Esa reunión marcó el décimo aniversario de la aprobación por parte de los obispos americanos de los Estatutos para la Protección de Niños y Jóvenes.

Cuando los obispos del Noroeste Pacífico entramos en la sala de reunión para una conversación regional encontramos un boletín del “Voice of the Faithful” (La Voz de los Fieles) de Atlanta que decía que los Estatutos todavía tienen fallos fundamentales y las reformas no son significativas. Además, decía que los Obispos todavía no dan la bienvenida a personas que hablan sobre la verdad de los abusos y que no ha habido ninguna cooperación con base en las recomendaciones del National Review Board (Comité Nacional de Revisión) de los Obispos.

En comparación, un informe de progreso sobre los Estatutos después de los diez años de nuestro propio Comité, dijo que ha habido un mejoramiento notable en cómo la Iglesia responde a las víctimas y el tratamiento de ellos. Los niños están en lugares más seguros ahora y los delincuentes han sido destituidos de sus cargos. Pero todavía queda mucho por hacer. Nunca se puede dar por hecho la vigilancia o, aun peor, dejar que se debilite.

Durante los últimos diez años, más de 15.000 víctimas se han dado a conocer en las diócesis católicas de los Estados Unidos, para contar sobre el abuso que sufrieron durante su niñez. El número de los incidentes de abuso empezó a subir en los años 60s y llegó a ser el más alto en los años 70s. Bajó significativamente en los años 80s. La mayoría de los incidentes de abuso ocurrió en el pasado, pero las víctimas siguen sufriendo. Nunca podemos pensar que algo similar no pueda suceder en el futuro. El avance más importante para la Iglesia durante la última década ha sido la práctica de cooperar completamente con las autoridades legales.

Se nos exige denunciar todos los alegatos de abuso sexual de menores a las autoridades públicas y cooperar en las investigaciones. Cada diócesis tiene un código de conducta para el clero y los empleados y voluntarios de la iglesia que trabajan con los niños. Éste puede servir como pauta para el comportamiento de adultos con nuestros hijos y puede ayudar a cualquier persona a averiguar si algo es apropiado o no.

Los católicos están enojados por lo que ocurrió del abuso sexual por parte del clero, pero también porque los obispos no hicieron nada para poner un alto al abuso. Hoy en día la Iglesia sigue trabajando mucho para crear un ambiente seguro para nuestros hijos.

Estoy orando porque algún día el escándalo que resultó del abuso terrible de los niños sea definitivamente parte de la historia. Pero por ahora, trabajamos diligente y compasivamente para lograr un futuro mejor al servicio del pueblo de Dios.

*Traducción de Katy Devine.

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