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13 de Febrero de 2013 2:28:00 PM
La generosidad como parte del discipulado

Arzobispo John Vlazny


Dar limosna siempre se ha considerado un elemento importante del discipulado cristiano. ¿Por qué algunas personas son más generosas que otras? Parece que todo depende de si los donantes ven la relación que existe entre la fe y lo que dan.

Varios grupos religiosos hablan de “la administración”, “el diezmo” y “las ofrendas”. Los católicos preferimos utilizar el lenguaje de administración en vez del de diezmo. La administración se basa esencialmente en nuestro llamado a ser discípulos. Cuando somos conscientes de los dones que hemos recibido de Dios, estamos mucho más dispuestos a compartirlos con los demás.Obviamente la administración tiene que ver con algo que va más allá que el sólo dinero. Además de su tesoro, los buenos administradores también comparten su tiempo y su talento.

Tradicionalmente, el diezmo era la costumbre de dar el diez por ciento de los ingresos a la iglesia y otras causas benéficas. Tiene sus raíces en la ley religiosa de los judíos.

En la comunidad católica no hablamos de un requisito de dar a la iglesia el diez por ciento de todo lo que ganamos, pero recordamos que todo lo que tenemos y todo lo que somos es un don de Dios. Darnos cuenta de esto debe estimularnos a cada uno a dar alegre y generosamente. Sin embargo, para muchas personas, dar el diezmo se considera una cuota útil para dar generosamente.

Hace quince años que les pedí por primera vez participar en la Colecta Anual del Arzobispo. Otra vez les pido compartir conmigo el privilegio de ayudar a varios ministerios de la Arquidiócesis a implementar la visión y la misión que compartimos como Iglesia.

La Colecta es una manera importante de recaudar los recursos necesarios para varios ministerios aquí en el oeste de Oregón que, sin nuestra ayuda, no tendríamos. Podemos hacer mucho más cuando trabajamos juntos. Hay más de veinte ministerios y actividades que cuentan con nuestro apoyo financiero. En la mayoría de las parroquias la Colecta está a punto de comenzar. Algunas parroquias todavía están recaudando fondos para la Campaña de la Arquidiócesis y éstas empezarán la Colecta Anual después de la Pascua.

Para la Colecta de 2013, hemos hecho un video, el cual espero que todos vean y aprecien en sus parroquias. En la Colecta de 2012, recaudamos el 96 por ciento de la meta que nos habíamos propuesto.

Espero sinceramente que consideren la participación en la Colecta como una forma primordial de practicar su fe católica. Durante este Año de la Fe, los católicos del oeste de Oregón queremos expresar de una forma visible nuestra gratitud por la providencia cariñosa de Dios y el reconocimiento de lo que tenemos y que todo lo que somos, proviene del Señor. En este espíritu les pido dar generosamente.

Retiro de los Obispos

Los obispos del noroeste fuimos de retiro el mes pasado. Este año el Obispo Ricardo Ramírez de Las Cruces, Nuevo México, lo dirigió.

El Obispo Liam Cary de Baker fue un recién llegado, que fue bienvenido entre el grupo de obispos. Fue ordenado obispo el pasado mes de mayo de 2012, después de servir aquí en esta Arquidiócesis durante 20 años. Pasar una semana con uno de mis propios sacerdotes, hermano y compañero en aquel viaje de fe, fue para mí un gran placer. 

Durante la semana, el Obispo Ramírez nos guió con reflexiones sobre la espiritualidad; la Santa Trinidad; el gozo del sacerdocio; el culto sagrado; la Nueva Evangelización y María, la Madre de Jesús, la Madre de la Iglesia.

Hay muchas personas hoy en día que dicen que son espirituales pero no son religiosas. La espiritualidad básicamente es un anhelo santo hacia Dios, una llama que arde dentro del corazón de cada uno de nosotros. Lo que yo me pregunté fue, “¿qué estoy haciendo ahora mismo con todo lo que anhelo? ¿En qué estoy enfocando mis oraciones y todo lo que hago?” Al fin y al cabo, es un proceso de maduración. Es un viaje en desarrollo que todos hacemos hacía nuestro Padre.

Nueva Evangelización

 Las reflexiones sobre la Nueva Evangelización se enfocaron en el sufrimiento de los mártires mexicanos durante el inicio del siglo XX. Sirvió para recordarnos que tan rápido una nación cristiana se puede poner no solamente en forma seglar, pero hasta hostil hacia los fieles, una advertencia nada alentadora en momentos en que nos enfrentamos al laicismo creciente aquí en nuestra propia nación. 

Dado el patrimonio mexicano del Obispo Ramírez, no me sorprendió que sus reflexiones sobre Nuestra Señora volvieran hacía la Virgen de Guadalupe quien apareció a San Juan Diego en 1.531.  Ella ha sido una fuente tanto de inspiración como de protección. La devoción a María siempre ha sido parte de la vida de fe de los católicos y fuimos animados a ayudarnos los unos a los otros para fortalecer esa devoción en nuestras propias vidas y entre nuestros fieles.

Día Mundial de la Paz

En su “Mensaje para el Día Mundial de la Paz”, el Papa dijo: “El camino hacía la bondad común y la paz es, ante todo, uno de respeto hacia la vida humana en todos los aspectos, desde la concepción, al desarrollo y hasta el fin natural”.

Los verdaderos pacificadores son los que aman, defienden y promueven la vida humana en todas las dimensiones: personal, comunitaria y transcendental. La vida en esta plenitud culmina en la paz. Cualquier persona que ama la paz, no puede tolerar ataques ni crímenes contra la vida”.

Hay personas por todo el mundo que hablan con gran preocupación sobre la falta de paz entre las naciones del mundo e incluso en nuestras propias comunidades y familias.

El problema se encuentra en la forma en que aplican una regla para unos y otra para otros, en cuanto a la paz. Quizás todos no van a aceptar el mensaje del Papa, pero sin duda se van a perturbar si piensan en las palabras que nos desafían: “Cualquiera que ama la paz, no puede tolerar ataques ni crímenes contra la vida”.

Niños y la Vida

El 22 de enero señaló el 40º aniversario de la decisión de la Corte Suprema en Roe vs. Wade que legalizó el aborto por petición. 

Desde entonces, casi 55 millones de niños han perdido sus vidas antes de que pudieran vivir un sólo día. Más de un millón de niños cada año es una pérdida inimaginable. Muchos de nosotros nos hemos conformado con la presión social que promueve que este asunto se trata de la elección personal. Es una tragedia que tal elección niegue la integridad en sí, incluso la existencia de estos hijos no nacidos.

El relativismo moral de la cultura seglar de hoy en día, ha logrado mucho en minar la formación de conciencia aún de muchos católicos que no ven ningún problema en la participación de algunas instituciones católicas en la promoción y el desempeño del aborto. Hay algunos que sugieren que yo deje el asunto en paz.

Durante los últimos 40 años la promoción de “la igualdad de las mujeres” ha evolucionado algunos asuntos buenos, tanto como algunos no tan buenos, tal como la educación, el aborto, la violación en el matrimonio, el acceso al crédito y el empleo. 

Cuando la Corte Suprema falló a favor del aborto por petición, la revolución sexual estaba en pleno apogeo. El sexo ya no se consideraba algo único del matrimonio. La nueva norma sería el sexo fuera del matrimonio, sin compromiso, ni vergüenza y, por cierto, sin bebés. La separación entre el matrimonio y los hijos ha tenido un efecto trágico, uno que, según parece, solamente podremos superar con la ayuda de Dios.

Cambiar los corazones y las mentes sobre la protección de la vida humana requiere de la intervención divina. Éste es el Año de la Fe. Ahora tenemos una oportunidad maravillosa de orar juntos, confiados en la gracia y providencia cariñosa de nuestro Dios.

Por cierto el respeto para los hijos que no han nacido se enfrenta a un debate que tiene un clima político desafiante.

Ahora no es el tiempo de echarse para atrás en nuestra preocupación moral, sobre la protección de la vida humana. Nuestro gobierno, siguiendo los medios de comunicación, el mundo del espectáculo y el mundo académico, tiene por costumbre la promoción del aborto. 

El trabajo que tenemos por delante no es simplemente un asunto de cambiar la ley. Tiene que ver con la evangelización de la cultura de una nación, una que tiende a tratar con los asuntos más serios sin ninguna referencia a Dios, la moralidad, ni el comportamiento ético. Ahora los católicos debemos hablar de estos asuntos con los demás de una manera abierta, positiva y alegre. 

Oramos porque el Año de la Fe despierte un sentimiento renovado de asombro y gratitud en torno al don de la vida humana y logre en sí mismo, una determinación renovada de proteger cada vida desde la concepción natural hasta la muerte, también en forma natural.

 *Traducción de Katy Devine.



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