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Inicio : Comunidad y Fe : Columna Rocío Rios 25 de Marzo de 2017

13 de Febrero de 2017 3:51:00 PM
Feligreses de San Pedro protegidos por un muro de amor

Rocío Rios
Directora


Queridos Lectores:

La Iglesia de San Pedro es el tema de mi reflexión de este mes. Es el tema porque es la noticia de este mes. Hace dos semanas me enteré por Facebook de la situación inexplicable a la que se vieron expuestas las familias que el domingo 29 de enero, en paz y en busca de encontrarse en comunidad llegaron para enfrentarse con la presencia de un grupo de hombres atacándolos verbalmente.

Y el ataque, dirigido a las mujeres, a los niños, a los inmigrantes y en general a la comunidad católica, hizo evidente lo que la comunidad siente: el rechazo. Sí, un rechazo que se siente mucho más debido al ambiente político que se vive en todo el país.

Yo, soy inmigrante y ese ataque que sufrieron mis hermanos mexicanos, me llegó a mí también. Como lo hizo con toda la comunidad. Digo toda la comunidad porque inmediatamente se generó una movilización, tanto en los medios de comunicación local que informaron sobre el incidente, como en las redes sociales. La conversación sobre el ataque verbal a las afueras de la Iglesia de San Pedro, fue un ataque que trascendió a todas las personas de Portland. El incidente se dio el 29 de enero y en una semana hasta el 5 de febrero, los hechos mostraron una respuesta increíble por parte de todos en la comunidad. 

En Facebook surgió una invitación para llegar el domingo siguiente a apoyar a los hispanos. La invitación circulaba en inglés y en español y desde ciudades como Nueva York la gente se comunicaba invitando a otros a participar. El tema seguía siendo de interés y como una bola de nieve todos estuvieron listos para apoyar a los inmigrantes católicos.

El domingo 5 de febrero desde las 11.00 de la mañana empezaron a llegar los anglosajones, de todos los rincones de la ciudad. Sin denominación, sin un grupo determinado, todos llegaron. Estaban ahí.

Llovía a cántaros, hacía muchísimo frío. Había anuncio de una fuerte nevada y esto no impidió la movilización de la comunidad hacia la parroquia.

Cuando yo llegué no se podía casi parquear pues la calle estaba colmada de carros y lo más importante fue ver la cadena de personas que unidas formaban una muralla humana. Paso a paso, ví cómo la muralla de personas llegaba hasta la entrada de la iglesia. Todos cantaban, en medio de la lluvia, portando sus pancartas con mensajes en español que contenían palabras de apoyo, amor y solidaridad con las familias hispanas.

Esa muralla humana fue la respuesta al ataque  verbal de la semana anterior. Ese fuerte grupo humano protegiendo la Iglesia fue la respuesta que recibió nuestra comunidad.

El Padre Raúl Márquez emocionado salió para agradecer a la multitud su presencia. Les dijo: “Esta es su casa. Ustedes son nuestros hermanos. Que no sea esta la única vez que vienen a visitarnos. Dios los bendiga. Gracias por estar aquí”. Palabras que denotaban la gran emoción del sacerdote que una semana anterior fue víctima del insulto que lo dejó enojado, desconcertado, y pensando en ¿cuál sería la lección de fe que debía aprender?

El Padre Raúl Márquez lo dijo en su homilía. Los atacantes eran un grupo de 8 personas, y una semana después, esas voces de ataque se multiplicaron en decenas de voces con mensajes de amor, paz y solidaridad. Inolvidable  muestra de amor que nos   hizo llorar de emoción.



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