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17 de Julio de 2015 4:48:00 PM
El Papa pidió perdón por crímenes en contra de los indígenas
Foto Servicio Católico de Noticias
La visita del Papa a Suramérica pasará a la historia y su mensaje perdurará.
Foto Servicio Católico de Noticias
La visita del Papa a Suramérica pasará a la historia y su mensaje perdurará.

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org)-Cada discurso fue especial y enfático durante su visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay. El papa Francisco reclamó enfátiamente tierra, techo y trabajo para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dijo y lo repitió en Bolivia: son derechos sagrados. Vale la pena luchar por ellos, por eso pidió que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra.

El discurso más largo del Santo Padre desde que llegó a América Latina, se dio el jueves 9 de julio, en Santa Cruz de la Sierra, durante el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, organizado en colaboración con el Pontificio Consejo Justicia y Paz y con la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales. La primera vez que se reunión fue en el Vaticano del 27 al 29 de octubre de 2014. 

En primer lugar Francisco propuso empezar “reconociendo que necesitamos un cambio”.  Digámoslo sin miedo, pidió, “necesitamos y queremos un cambio”. Y preguntó: ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza? “Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos”, observó el Pontífice. Y tampoco lo aguanta la Tierra.  Asimismo advirtió que “hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales”.

Como uno de los momentos de esta gira por Suramérica, vale la pena resaltar la     reunión del Papa Francisco el viernes pasado con un grupo de reclusos de la cárcel de Palmasola, la más conflictiva de Bolivia, y que ocupa 34 hectáreas en la ciudad más poblada del país, Santa Cruz de la Sierra. 

El Santo Padre llegó para visitar la cárcel en una versión más pequeña del papamóvil y recorrió los predios del interior de la prisión. Así, el Pontífice recorrió el penal desde el ingreso, pasando por los pabellones de control 1, 2, 3, 4, el micro hospital, hasta llegar a la cancha deportiva, lo que le permitió un encuentro más cercano con los internos. 

De este modo pudo apreciar como por las estrechas y trajinadas calles del centro penitenciario correteaban gallinas y a sus costados se apiñaban tiendas de barrio, pequeños talleres, una iglesia católica y un templo evangélico. El paisaje es parecido al de un típico pueblo de la selva boliviana, pero en realidad se trata del pabellón abierto donde viven hacinados unos cuatro mil reos a quienes el Santo Padre visitó para llevar su mensaje de esperanza, en la visita que duró una hora.

El coordinador nacional de la visita papal a Bolivia, monseñor Aurelio Pesoa, explicó que las actividades previstas incluían la intervención de dos reclusos, un discurso del padre Leonardo Da Silva, coordinador de la Pastoral Penitenciaria, y las palabras del Papa. Los internos regalaron a Francisco un tallado en madera, típico de la zona y que representa la actividad de ellos en el penal.

La historia de Palmasola se remonta a 1989. Ese año, el Gobierno boliviano decidió trasladar la cárcel de Santa Cruz de la Sierra, que hasta entonces estaba en pleno núcleo urbano, a las afueras de la ciudad. En la actualidad, la prisión alberga el 36 por ciento de los presos de Bolivia. Además, las armas, la droga, el alcohol y la prostitución forman parte del paisaje.

El establecimiento carcelario está dividido en cuatro áreas independientes: PC2 es donde están alojadas las mujeres; PC3 es el área restringida para los presos más peligrosos; en PC4 están el resto de internos varones, y, en PC5, los ex policías con delitos, los menores y los presos con condenas muy bajas. A ninguna de las áreas entra la policía, excepto si se produce algún altercado fuerte, y no existe tampoco respeto a las autoridades.

 

Perfil de los reclusos

Asesinos, narcotraficantes, violadores y atracadores peligrosos conviven en Palmasola, y la justicia boliviana mantiene como detenidos preventivos a casi el 85 por ciento de los reclusos del centro.

El hacinamiento y la ineficacia del régimen disciplinario son factores que contribuyen a que se susciten conflictos entre los detenidos. Por eso, a finales de agosto de 2013, un niño y 34 presos murieron asesinados a manos de otros internos en una lucha por el control del sector de máxima seguridad del centro penitenciario.

Para entrar a la cárcel como detenido se paga el derecho de ingreso. La falta de infraestructuras impide que el Estado sea el que provea una celda, lo que obliga al recluso a pagar de su bolsillo un alquiler por un lugar. Y si no tiene capacidad económica, su opción es la de compartir un espacio con algún otro interno o buscar un lugar en las gradas, debajo de ellas, o en los pasillos.

En este sentido, Palmasola es una prisión donde se pueden observar los extremos de las diferencias sociales y económicas. Un lugar donde los reos conviven con sus familias y donde más de un centenar de niños son víctimas de la dura realidad de la cárcel que los hace más vulnerables. La presencia de menores en este centro penitenciario situado a 15 kilómetros de la capital cruceña ha despertado preocupación en organismos internacionales y autoridades gubernamentales.





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