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El Centinela | Portland, OR Domingo, 30 de Abril de 2017

Inicio : Noticias : Informes Especiales 30 de Abril de 2017

17 de Noviembre de 2015 4:21:00 PM
Ser director de El Centinela fue un año muy importante en mi vida
Se cumplen 20 años del periódico de la Arquidiócesis de Portland
Peter Prengaman, actualmente es el editor en jefe para el Cono Sur de Associated Press.
Peter Prengaman, actualmente es el editor en jefe para el Cono Sur de Associated Press.
Peter Prengaman
Especial para El Centinela

BUENOS AIRES, ARGENTINA — A veces, vivimos una experiencia tan importante que nos marca para siempre. El año que fui el director de El Centinela fue un momento así en mi vida y en mi carrera como periodista.

Llegué al diario cuando tenía 23 años. Salvo una práctica que había hecho para Wall Street Journal en España, no tenía experiencia profesional en periodismo. Y aunque había estudiado el español por años, nunca había escrito en el idioma.

Tomar las riendas del periódico fue una oportunidad grande para profundizar mi manejo del castellano, ganar experiencia en el terreno y tantas cosas más.

Aunque han pasado más de 15 años, lo que aprendí trabajando en El Centinela queda conmigo. 

El periódico hoy es mucho más grande e importante que en mi época. Eso me da una felicidad tremenda. 

Y pensando en este aniversario tan especial, aquí comparto cuatro de las tantas cosas que aprendí en El Centinela. 

Dónde buscar la noticia

Hoy en día, le digo a mis reporteros y a mí mismo algo que aprendí en El Centinela: “La historia no está en la oficina. Nunca. Jamás”. 

En otras palabras, los buenos periodistas buscan informaciones “por allí”, es decir en la calle, o en la casa de alguien, o en donde se genere el acontecimiento. Haciendo notas para El Centinela, pasé muchas horas en los campos de Woodburn, las calles de Portland y en muchas parroquias en varios rincones del estado. 

 

Es la gente

En mi opinión, las únicas notas que valen la pena se tratan de las personas. A veces, como periodistas queremos escribir de conceptos, hacer algún análisis o recordar cosas históricas. No hay nada malo con todo eso, pero los sujetos, es decir, la gente, tienen que ser la prioridad. Para mí, la voz de alguien, opinando sobre un tema, o compartiendo su fe o su historia personal, es mucho más poderosa que cualquier encuesta o teoría. Para llegar a la gente, tenemos que buscar el contacto humano y mostrar nuestra empatía y comprensión. En El Centinela, conocí a tanta gente latina en Oregón, y sus opiniones, penas y esperanzas que fueron la base de mis notas. Me enriquecieron muchísimo como persona.

 

La fe es importante

Yo nací y crecí en una familia católica. Pero como periodista de El Centinela, vi la forma cómo la gente vivía realmente su fe. De los tantos feligreses que conocí, en todos no era suficiente sólo rezar o contribuir con dinero o leer la Biblia, sino vivir lo que creían cada día. 

Conocí a monjas y a sacerdotes que dedicaban su vida a atender a los pobres y a tantas personas, muchos en el país sin documentos y viviendo situaciones precarias, y que creían profundamente en Dios y en la posibilidad de que su futuro sería mejor. 

Viví eso me inspiró a profundizar mi fe y entender la importancia que puede tener en la vida de los demás. Claro, eso incluye gente de otras denominaciones y religiones. 

Y de alguna manera, por esa experiencia nació en mi un interés profundo en notas relacionadas con la fe y otras religiones. 

El último año que trabajé para Associated Press en los Estados unidos, fui el editor del equipo de reporteros de temas de religión. Y ahora en Argentina, he escrito mucho sobre el Papa Francisco. También, tuve la oportunidad de cubrirlo en persona en Julio, durante su visita a Paraguay. 

 

Hay que ayudar 

Cuando me dieron el trabajo en El Centinela, yo estaba viviendo con mi mamá en Eugene. Recién había terminado la universidad y no tenía nada de dinero. En ese momento, mudarme a Portland habría sido difícil.

Entonces mi jefe, Bob Pfohman, editor de Catholic  Sentinel, me propuso algo increíble: “Yo podría quedarme con su familia durante la semana en Portland”. No pidió nada a cambio.

Con el tiempo, hice lo que pude para ayudar a Bob y a su esposa. Por ejemplo, a veces cuidaba a sus tres hijas en la noche para que ellos pudieran salir. 

Y durante ese año me hice muy amigo de su familia. Nada de eso hubiera pasado sin el gesto inicial y generoso de Bob.  

Cuando estaba en El Centinela, Bob me dio muchas oportunidades profesionales también. Por ejemplo, me mandó a México para hacer notas sobre un convento de monjas y a Ecuador para hacer varios reportajes sobre un sacerdote de Oregon que tenía varias décadas trabajando con gente indígena y pobre en ese país andino. 

Bob no tenía por qué dar esos viajes a un periodista tan novato, pero esas oportunidades me ayudaron a crecer como periodista y viajero. 

Esa generosidad de Bob, en todos los sentidos, me mostró cómo actuar de la misma manera. 

Hoy, soy mentor de varios periodistas jóvenes, dedico bastante tiempo a enseñar gratis y soy miembro de Round Earth Media, una organización no-gubernamental que trabaja con periodistas jóvenes en varios países.



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