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Inicio : Noticias : Informes Especiales 25 de Junio de 2017

14 de Febrero de 2016 3:46:00 PM
"Como a Juan Diego María nos pide ser sus embajadores"
Dijo el Papa Francisco a los 35 mil fieles que asistieron a la Misa en la Basílica de la Guadalupana
Foto Servicio Católico de Noticias
El Papa Francisco toca la imagen origina de la Virgen de Guadalupe durante su oración a solas en el camarín, después de celebrar la multitudinaria Misa en la Basílica de la Virgen de Guadalupe en México.
Foto Servicio Católico de Noticias
El Papa Francisco toca la imagen origina de la Virgen de Guadalupe durante su oración a solas en el camarín, después de celebrar la multitudinaria Misa en la Basílica de la Virgen de Guadalupe en México.
Domingo el Papa en Ecatepec

ECATEPEC-El Santo Padre Francisco llegó este domingo a las 11 horas locales en helicóptero, al aeropuerto de la municipalidad de Ecatepec, desde donde fue en el papamóvil hacia el área del Centro de Estudios, en donde a lo largo del camino era evidente el entusiasmo de la gente que le saludaba a su paso, en este segundo día de su viaje apostólico.

Una vez en el lugar de la misa, el obispo de la ciudad, Mons. Oscar Roberto Domínguez Couttolenc, y algunas autoridades locales entre las cuales el alcalde, le entregaron las llaves de la ciudad, informó la sala de prensa de la Santa Sede.

El Papa presidió la misa del primer domingo de cuaresma, delante de unas 300 mil personas, vistiendo paramentos color violeta. Después de la proclamación del Evangelio, el Pontífice en su homilía, recordó que en este tiempo de cuaresma debemos “recordar el regalo de nuestro bautismo, cuando fuimos hechos hijos de Dios”. Reavivando el don que nos ha sido obsequiado “para no dejarlo dormido como algo del pasado o en algún ‘cajón de los recuerdos’”.

Y así recuperar –dijo el Santo Padre– la alegría y la esperanza que hace sentirnos hijos amados del Padre, “Padre de una gran familia” no de algunos ‘hijos únicos’, sino que “sabe de hogar, de hermandad, de pan partido y compartido. Es el Dios del Padre nuestro no del ‘padre mío’ y ‘padrastro vuestro’”. Francisco señaló además, que ese sueño es “testimoniado por la sangre de tantos mártires de ayer y de hoy”.

Un sueño, dijo, que “se vuelve continuamente amenazado por el padre de la mentira” que “genera una sociedad dividida y enfrentada”. Una sociedad de pocos y para pocos en la que no se reconoce “esa dignidad que todos llevamos dentro”.

El Pontífice latinoamericano aprovechó para señalar como la cuaresma es “tiempo para ajustar los sentidos, abrir los ojos frente a tantas injusticias que atentan directamente contra el sueño y proyecto de Dios”, señalando como en el Evangelio de hoy, se indican las “tres tentaciones de Cristo… Tres tentaciones del cristiano” que “buscan degradar y degradarnos”.

La primera es la riqueza, “adueñándonos de bienes que han sido dados para todos y utilizándolos tan sólo para mí o ‘para los míos’. Es tener el ‘pan’ a base del sudor del otro, o hasta de su propia vida” y “en una familia o en una sociedad corrupta es el pan que se le da de comer a los propios hijos”.

La segunda tentación, señaló, es la vanidad, “esa búsqueda de prestigio en base a la descalificación continua y constante de los que ‘no son como uno’”.

Y la tercera, “el orgullo , o sea, ponerse en un plano de superioridad del tipo que fuese, sintiendo que no se comparte la ‘común vida de los mortales’, y que reza todos los días: ‘Gracias Señor porque no me has hecho como ellos’”.



CIUDAD DE MEXICO (Zenit.org)- El papa ha visitado la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe para celebrar la eucaristía con 35 mil fieles allí congregados. Uno de los encuentros más esperados por el Santo Padre, como él mismo había asegurado en varias ocasiones antes del viaje. Este es el principal santuario de México y el más grande santuario mariano del mundo donde se venera a la Virgen de Guadalupe, patrona de México, de los países americanos y de Filipinas. Entonando el canto de “La Guadalupana”, la multitud recibió con entusiasmo la llegada del Santo Padre.

En la homilía, haciendo referencia a la lectura de la visita de María a su prima Isabel, Francisco ha subrayado que escuchar este pasaje en esta casa tiene “un sabor especial”. Así, ha explicado que María, la mujer del sí, “también quiso visitar los habitantes de estas tierras de América en la persona del indio san Juan Diego”.

De este modo, ha recordado que en aquel amanecer de diciembre de 1531 “se producía el primer milagro que luego será la memoria viva de todo lo que este Santuario custodia”. En ese amanecer, en ese encuentro, “Dios despertó la esperanza de su hijo Juan, la esperanza de su Pueblo”. En ese amanecer “Dios despertó y despierta la esperanza de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras”. En ese amanecer, “Dios se acercó y se acerca al corazón sufriente pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos”, ha asegurado el Santo Padre.

Por eso, ha indicado que aquel día Juanito experimenta en su propia vida lo que es la esperanza, lo que es la misericordia de Dios. Y aunque en repetidas ocasiones le dijo a la Virgen que “él no era la persona adecuada”,  María, empecinada —con el empecinamiento que nace del corazón misericordioso del Padre— le dice que “él sería su embajador”.

A propósito, el Pontífice ha subrayado que “todos somos necesarios, especialmente aquellos que normalmente no cuentan por no estar a la ‘altura de las circunstancias’ o no ‘aportar el capital necesario’ para la construcción de las mismas”.

El Santuario de Dios –ha indicado Francisco– es la vida de sus hijos, de todos y en todas sus condiciones. De los jóvenes sin futuro expuestos a un sinfín de situaciones dolorosas, riesgosas; de los ancianos sin reconocimiento, olvidados en tantos rincones;  de nuestras familias que necesitan de los mínimos necesarios para poder construirse y levantarse.

El Santo Padre ha reconocido que al venir a este Santuario nos puede pasar lo mismo que le pasó a Juan Diego. “Mirar a la Madre desde nuestros dolores, miedos, desesperaciones, tristezas y decirle: ¿Qué puedo aportar si no soy un letrado?”. Por eso, el Papa ha reconocido que puede hacer bien hacer un poco de silencio, y mirarla a ella, mirarla mucho y calmamente.

Ella nos dice –ha indicado–que tiene el ‘honor’ de ser nuestra madre. “Eso nos da la certeza de que las lágrimas de los que sufren no son estériles”, ha añadido el Papa.  

Y ha asegurado que hoy María nuevamente “nos vuelve a enviar”, “nos vuelve a decir, sé mi embajador, sé mi enviado a construir tantos y nuevos santuarios, acompañar tantas vidas, consolar tantas lágrimas”.  Sé mi embajador, “dando de comer al hambriento, de beber al sediento, da lugar al necesitado, viste al desnudo y visita al enfermo. Socorre al que está preso, perdona al que te lastimó, consuela al que esta triste, ten paciencia con los demás y, especialmente, pide y ruega a nuestro Dios”.

Al finalizar la celebración eucarística, el Santo Padre, tal y como había pedido, ha podido rezar a solas y en silencio durante más de veinte minutos en el camarín donde se encuentra la tilma de la Virgen de Guadalupe.



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