Edición Impresa: 01/05/2009

Para Olga Sánchez la actuación es espiritual

Olga Sánchez está al servicio de la comunidad hispana.
Foto Archivo Teatro Milagro.

Cuando a la edad de 17 años Olga Sánchez le comunicó a sus padres que quería ser actriz, la primera reacción de su papá fue ¿de qué vas a vivir?”
Han pasado más de dos décadas desde ese decisivo momento, y Olga Sánchez, la directora de Miracle Mainstage y Bellas Artes, dos de los tres programas del Teatro Milagro, no sólo ha podido ganarse la vida con la actuación, sino que también le ha permitido viajar por el mundo, dirigir y escribir obras teatrales, desarrollar programas bilingües para niños en español y servir de puente entre comunidades diversas mediante la expresión artística.
“Yo no sé lo que mis padres esperaban de mí, yo sólo sé que ellos querían que yo estudiara algo que me hiciera feliz, y en el teatro yo encontré esa felicidad, luego de que a los 17 años tomé mi primera clase de actuación”, dice con brillo en los ojos.
Nacida en Queens, Nueva York, hija de inmigrantes colombianos, Olga reconoce que la fe y el amor a Dios son unos de los mayores legados de sus padres. Y aunque ellos tenían sus dudas en un principio con respecto su carrera en el teatro, la apoyaron para alcanzar su sueño de convertirse en actriz.
“La carrera me ha acompañado muy bien. He aprendido mucho. Con cada obra que hago investigo más y aprendo de la historia de cada obra y de su contexto. Pero también aprendo de mí misma, de mis reacciones, de mi cuerpo. Algo que aprendí desde el principio del teatro es que involucraba todo mi ser, tanto la parte física, racional, psicológica y espiritual. Uno entra al escenario y lleva todo. Estás presente. Uno está totalmente vivo en el escenario”, explica Olga en entrevista con El Centinela, en sus oficinas del Teatro Milagro en Portland.
Inició sus estudios profesionales en New York University (Universidad de Nueva York), pero concluyó su licenciatura en teatro en Hunter College luego de siete años. Y es que Olga que tenía una gran inquietud por los idiomas y por explorar el mundo, decidió a la edad de 22 años lanzarse con mochila al hombro a recorrer varios países europeos en busca de nuevas aventuras.
Vivió por algunos meses en Londres donde trabajó como asistente en un teatro. También laboró como recepcionista para una oficina de la Organización de las Naciones Unidas, actividad en la que pudo explotar sus habilidades en español, inglés y francés.
Una de sus amigas le recomendó que viajara a Jerusalén. Su boleto de viaje estaba por expirar, así es que hizo los arreglos correspondientes y llevó sus ahorros consigo los cuales le permitieron vivir por 6 meses en esas tierras en donde además de aprender de la religión judía y experimentar una navidad en “Tierra Santa”, pudo trabajar en un teatro. Sus siguientes paradas en ese viaje fueron Ámsterdam, y Londres para posteriormente regresar a Nueva York a concluir su licenciatura en teatro.
Deseos y aprendizaje
Sus deseos de seguir aprendiendo no pararon ahí, por lo que tomó clases de dirección teatral, lo cual le abrió las puertas a explorar otras posibilidades. Una de sus primeras obras en dirigir fue “Sueño de una noche de verano” de William Shakespeare. “La idea de dirigir me encantó, es una experiencia diferente a la actuación, es un trabajo más intelectual. Es algo así como preparar una cena, uno tiene que prepararlo todo, mezclar los ingredientes, y al final uno lo sirve, a ver si le gusta a la audiencia. Es una actividad que involucra mi ser y es un servicio a la comunidad”, explica.
Olga reconoce que le fascina dirigir, ya que le brinda la posibilidad de tener una interacción con los actores y con los diseñadores de luces, vestuario y escenario. “Estamos formando juntos algo que no existe. Es una unión de corazones, de ánimos. Es una comunión, una actividad, muy espiritual. Un actor en el escenario es alguien que se sacrifica para compartir su alma, su humanidad con la audiencia”, reflexiona la creadora.
De hecho, Sánchez recuerda que el teatro surgió como una actividad religiosa, era un rito para darle gracias a los dioses o bien para pedirle sus favores. Y a diferencia del cine, el teatro es una actividad efímera, como la vida misma. “Estamos experimentando algo todos juntos, nos une a todos como seres humanos para darnos cuenta de que no estamos solos. Es como la vida, uno está presente o no lo está”.
En Nueva York inició una compañía de teatro llamada “The People’s Playhouse” en la que trabajó por dos años, hasta que hizo un alto en el camino y alejarse de la vida del teatro por algún tiempo, y explorar nuevos horizontes. Viajó a Seattle a visitar a su hermano con la firme idea de aprender otras actividades que le gustaban. Ahí tomó clases de guitarra. El mismo amigo que le daba clases de música la llevó un día de compras a una tienda de artículos de arte y relacionadas con el teatro.
“En ese momento me di cuenta de que lo que yo quería hacer con la guitarra me iba a tomar por lo menos 10 años para lograrlo, pero yo había hecho ya varias cosas en el teatro. Había dirigido varias obras de Shakespeare, en fin, tenía experiencia y habilidades. Reafirmé que el teatro era lo que me conectaba y me daba la posibilidad de comunicarme con el mundo. ¿Para qué dejarlo?, me pregunté”.
Con esa idea clara en la mente, Olga decidió continuar su travesía en el mundo del teatro. Su meta era ir a Los Ángeles para hacer una carrera de actriz. Pero para ello tenía que ahorrar, así es que en Seattle audicionó y consiguió la posibilidad de trabajar como actriz de teatro profesional y hacer videos corporativos. También inició con amigos un grupo de teatro y casa de arte con algunos amigos, llamado Seattle Teatro Latino y una organización de artes y cultura llamada la “Casa de las Artes”.
Fue invitada a ser parte del grupo de escritores Latinos “Los Norteños”. Fue ahí en donde empezó a escribir obras para niños y un festival del Día de los Muertos. Dichas actividades le permitieron darse cuenta de la importancia de trabajar en la comunidad y para la comunidad, es por ello que decidió permanecer en Seattle para continuar su formación profesional en Pacific Oaks Collage NW.
Obtuvo una maestría en Desarrollo Humano con la especialización en Desarrollo Bi-cultural, lo cual le permitió a entender hacia dónde dirigiría su trabajo, es decir, la exploración de la riqueza y diversidad de la cultura latinoamericana.
“Yo aprendí que para echar a andar un proyecto que represente a la comunidad es necesario ir ahí y hablar con la comunidad. Fue así como surgió el modelo de la celebración de Día de Muertos. La gente nos decía cómo eran las tradiciones en sus comunidades, desde poner el altar, hacer el pan de muerto, etc”.
A través de ese grupo de creadores “Los Norteños” en Seattle, Olga escuchó hablar del Teatro Milagro en Portland, y pudo viajar a presentar por un fin de semana una obra bilingüe. Por azares del destino en 1998 regresó años después invitada por José González, el fundador del Teatro Milagro a dirigir la obra “When the Blues Chase up a Rabbit”. En 1999 regresó a dirigir “Blood Weeding”, la traducción en inglés de “Bodas de Sangre”.
Lo demás es historia, pero así fue como Olga estableció relación con el Teatro Milagro en donde desde hace cinco años trabaja como directora artística de Miracle MainStage y Bellas Artes. Además de dirigir obras como “Frida, un retablo”, “The Road to Xibalbá”, entre otras, Olga es la creadora de los programas bilingües “Pluma Nueva” de talleres, la “Posada Milagro”, un programa comunitario de celebración, y “Cuentos y Teatro” un campamento de actuación para niños en español.
Si usted desea conocer los programas de actividades del Teatro Milagro puede visitar el sitio de internet www.milagro.org, o bien comunicarse al (503) 236-7253.

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