Edición Impresa: 07/21/2009

Bienvenida a los nuevos sacerdotes

Los feligreses a lo largo de la Arquidiócesis están dando la bienvenida a los nuevos sacerdotes, a quienes yo he designado para dar cuidado pastoral a las comunidades del occidente de Oregón. Yo recibo ayuda en este trabajo del Consejo de Personal de Sacerdotes. Los feligreses como es entendible, están preocupados con sus propias necesidades y anhelos. Un obispo debe considerar las preocupaciones y deseos de todas las personas.
Este año estamos bendecidos con la ordenación de siete nuevos sacerdotes diocesanos. El invierno pasado yo pensé por primera vez que podríamos tener demasiado o mucha abundancia. ¡Qué errado estaba! Ciertos sacerdotes que servían en nuestra Arquidiócesis fueron llamados por sus superiores de otras comunidades religiosas para servir en otros lugares. Los siete nuevos sacerdotes no son suficientes para compensar esta pérdida.
Como resultado de esto, tanto en Shaw como en Rockaway, donde las personas han estado bendecidas con el servicio de un pastor residente, no hay un reemplazo disponible. El ministerio pastoral será provisto, especialmente durante los fines de semana, pero los sacerdotes viajaran y regresaran como lo hacen en las diócesis misioneras. Portland no es considerada una diócesis misionera, pero ciertamente será de esta manera para estas personas.
Este fue un año particularmente difícil para la ubicación de nuestros miembros del clero, no sólo debido a la limitación de quienes sirven, sino también por el descontento en un número de comunidades donde las personas están pidiendo a gritos el cambio. El Padre Pat Brennan, nuestro vicario para el clero, hace lo que puede para responder a las críticas de las personas, aunque no todas son razonables.
Las personas olvidan que casi siempre hay dos caras de la moneda en cada historia. Como cristianos, nuestro primer esfuerzo cuando las cosas se han dañado es tratar y promover la sanación y la reconciliación.
Algunas personas no quieren eso. Ellos simplemente quieren una nueva cara en el altar. Ellos olvidan que los sacerdotes, de acuerdo con las leyes de la iglesia y las normas de prudencia de urbanidad, tienen también sus derechos. Ellos le han dado su vida a la iglesia y nos pertenecen. No todos los sacerdotes somos súper estrellas. Algunas veces el regalo personal de sí mismo es un poquito menos de lo que debería ser, pero esta no es una razón para abandonar la esperanza. El crecimiento en la fe y la conversión siempre han sido el resultado esperado de las personas cristianas, incluyendo al clero.
Nuestros sacerdotes asumen serias responsabilidades cuando están al servicio de su gente. Ellos son hombres buenos, fieles, piadosos, pero su talento es variado y no todos tienen los mismos talentos. Pero el más importante de los tesoros que ellos dan a su ministerio sacerdotal es el de su propia fe. Cada día yo rezo para no flaquear en mi compromiso de ser un hombre de fe y un ministro servidor del Evangelio. Yo oro para que esto sea parte del compromiso de nuestros sacerdotes. Dios bendiga a todos nuestros sacerdotes, especialmente aquellos que serán nuevos este año.
Veamos la Libertad
El cuatro de julio es un día de fiesta nacional, alegre y grandioso. A medida que nosotros celebramos la independencia y libertad de nuestra nación, las personas de fe aprovechan la oportunidad para dar gracias a Dios por las bendiciones que hemos compartido en los pasados 233 años, desde la firma de la Declaración de Independencia, en Filadelfia en 1776.
Los juegos artificiales, los desfiles y los asados dan testimonio de una gran herencia nacional, la cual en ciertas oportunidades tomamos como si fuera normal o de hecho. Algunas veces yo me pregunto si tendríamos el coraje hoy en día de tratar con la injusticia de una manera tan audaz y peligrosa.
Nosotros le debemos mucho a los 56 hombres que firmaron la Declaración de Independencia. Ellos pagaron un precio muy alto. Cinco de los que la firmaron originalmente fueron capturados por los británicos como traidores y fueron torturados antes de morir. A doce hombres les saquearon y les quemaron sus casas. Dos perdieron sus hijos sirviendo en la Armada Revolucionaria y otros dos tuvieron a sus hijos capturados. Nueve de ellos lucharon y murieron de sus heridas y penurias.
Cuando ellos firmaron la Declaración, comprometieron sus vidas, sus fortunas y su honor sagrado. Ellos sabían perfectamente bien que la pena por la firma podría ser la muerte si eran capturados. Este no era un grupo de fanáticos insensatos. Veinticuatro de ellos eran abogados y juristas. Once eran comerciantes. Nueve eran cultivadores y dueños de grandes plantaciones. Ellos eran hombres de medios que estaban bien educados.
Las historias de los sacrificios durante la Revolución Americana tienden a pasar desapercibidas a medida que nosotros nos regocijamos en nuestro regalo de la libertad. Aun cuando muchos de estos firmantes habían llevado vidas razonablemente cómodas, ellos valoraban su libertad aun más.
El patriotismo hoy en día parece recibir reseñas mezcladas. Nosotros tendemos a olvidar que la verdadera libertad, nunca es gratuita. Cada año, el fin de semana cercano al cuatro de julio las personas de nuestro Vicariato del Sureste de Asia vienen al Grotto en Portland a celebrar su Misa Anual de la libertad.
Estas personas entienden muy bien el precio de la libertad. Hace más de 30 años muchos de ellos escaparon de su tierra natal debido a la opresión y la injusticia. Ellos se reúnen para dar gracias a Dios por el regalo de la nación que los ha acogido y les da un hogar donde sus derechos básicos son ampliamente respetados y donde sus hijos pueden mirar hacia el futuro con esperanza. Ellos también tienen a sus héroes quienes dieron sus vidas para hacer posible su éxodo.
Muchos de nosotros estamos acostumbrados a las comodidades de la vida y se nos olvida que no todos disfrutan de las bendiciones que son nuestras.
Los firmantes originales de la Declaración de Independencia reconocieron que la ciudadanía es un privilegio, el cual está acompañado de responsabilidades. Yo sospecho que esos hombres valientes estarían desilusionados de ver cómo tantas personas en nuestra nación nunca se toman el tiempo de votar en las elecciones locales, estatales o nacionales.
En el espíritu de los fundadores de nuestra nación, nuestra celebración de libertad e independencia debería incluir esfuerzos renovados para extender estas bendiciones a aquellos que son menos afortunados.
Nosotros deberíamos renovar nuestro compromiso con nosotros mismos de defender a los más débiles, los que no han nacido aún, nuestros hijos, los enfermos, los discapacitados físicos y mentales, los ancianos, aquellos en prisión y los recién llegados a nuestra tierra. Nosotros también necesitamos promover y respetar los derechos de todas las personas, sin tener en cuenta su raza, cultura o credo, especialmente los indígenas cuya tierra ahora nosotros reclamamos como nuestra.En estos tiempos económicos difíciles animamos a todos los que son responsables del gobierno a promover la dignidad de todas las personas, proporcionándoles un buen cuidado de salud, nutrición, educación, vivienda y empleo.
Nosotros debemos continuar con nuestra lucha contra el aborto, la guerra, el secuestro, la violencia, el terrorismo, la explotación sexual, el tráfico y la cultura de la droga. Como católicos nunca debemos abandonar nuestra búsqueda por la protección de los derechos sagrados e inviolables a la vida y la dignidad de la persona humana desde su concepción hasta la muerte natural. ¡Dios bendiga a América!
Un Año Paulino para Recordar
El Papa Benedicto XVI el mes pasado clausuró las festividades del Año Paulino en la Basílica de San Pedro. El día marcó la fiesta de San Pedro y San Pablo, quienes son descritos como fundadores de la iglesia de Roma.
San Pablo es uno de los grandes maestros de nuestra fe católica. Sus escritos son una parte significativa del Nuevo Testamento. La tradición nos dice que él fue decapitado, como castigo por su testimonio público de Jesús como Rey y Salvador.
Como seminarista en Roma, recuerdo que me encantó la Basílica de San Pedro fuera de sus paredes, una de las cuatro basílicas más importantes y magníficas de la Ciudad Eterna. Esta fue una de las primeras iglesias donde celebré la misa luego de mi ordenación como sacerdote. La estructura es imponente, sí, pero la historia de la vida del hombre, su dramática conversión y sus maravillosas enseñanzas me impresionaron grandemente.
El Papa Benedicto XVI durante el Año Paulino ofreció muchas instrucciones acerca de la vida y enseñanzas de Pablo, en cada una de sus audiencias de los miércoles. San Pablo es un modelo maravilloso de coraje, compromiso y convicción. Este hombre, el último de los apóstoles, es alguien con quien nos podemos identificar, porque él no conoció al Señor durante su tiempo aquí en la tierra. Pero una vez Pablo experimentó la presencia maravillosa de Dios a través del milagro de la gracia, él fue cambiado para siempre.
Cuando el tiempo de nuestra partida esté cerca, puede que nosotros también seamos capaces de pararnos delante del trono de juzgamiento del Señor, entusiastas y listos porque sin lugar a dudas hemos competido bien, terminado la carrera y mantenido la fe.
Ayudando a Pedro a Ayudar a Otros
El lunes 29 de junio celebramos las fiestas de San Pedro y San Pablo. Esta ha sido una tradición muy antigua, pues el domingo cercano a la fiesta de los católicos a lo largo del mundo ayudamos al Santo Padre a proveer asistencia caritativa a aquellos en gran necesidad.
Esta petición ha sido llamada “La Recolección de Peniques de Pedro”. Esta deriva su nombre de una costumbre antigua que llega hasta el siglo IX en Inglaterra. El rey Alfredo el Grande recolectaba dinero – “peniques”- de los propietarios de tierras para apoyar financieramente al Papa. Hoy la recolecta específicamente apoya el trabajo caritativo del Papa, permitiéndole a él proveer ayuda esencial cuando se necesita en el mundo de hoy.
El tema de la petición de este año fue “Proyecta la Luz de Cristo sobre el Mundo”, viene de la llamada del Papa Benedicto XVI a la acción durante su visita a los Estados Unidos en el mes de abril de 2008.
Los católicos de los Estados Unidos contribuyen con cerca de una tercera parte de lo que se recauda a nivel mundial.
Nosotros llevamos a cabo esta colecta, cuando concluimos nuestras celebraciones arquidiocesanas en el año del jubileo en honor de San Pablo.
Este es el quinto año en que tal recolecta será enviada al Papa Benedicto XVI para ayudarle en sus responsabilidades caritativas.
Desde su elección el Papa Benedicto XVI ha sido un pastor amoroso y un maestro maravilloso. Pero son su toque gentil y su sonrisa en la presencia de aquellos en gran necesidad las que mueven el corazón de las gentes.
El Papa es el modelo perfecto de esa caridad pastoral, la cual debe ser la marca distintiva de todos nosotros que hemos sido ordenados ministros de la iglesia. Durante el curso de mi vida, la iglesia ha sido bendecida con el maravilloso liderazgo en la Silla de Pedro. Entre muchos de los deberes que ellos asumen, nada habla mejor acerca de la compasión de Cristo que sus esfuerzos por llegar a los pobres y necesitados, pues eso es lo que da sentido a su misión.

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