Edición Impresa: 08/19/2009

Compromiso del católico con la ética de la vida

En varios estados se ha presentado la legislación para abolir la pena de muerte. En estos momentos tan difíciles por la situación económica los tremendos costos relacionados con la pena de muerte son un factor significativo. Un legislador en Kansas indicó que la pena de muerte es demasiado costosa, no beneficia a la gente y debería ser reemplazada con cadena perpetua, sin libertad condicional.
Este es el momento para plantear nuevamente el tema en Oregón, aunque algunos pueden sugerir su postura liberal, la cual los conservadores rechazarán rápidamente. El tema no es tan complicado. Richard Viguerie, “uno de los creadores del movimiento conservador moderno”, está haciendo un llamado a una moratoria nacional de la pena de muerte. Él dice que la pena de muerte va en contra de los valores conservadores.
Hace cuatro años los obispos norteamericanos invitaron a los católicos a adoptar una postura de acción común contra la pena de muerte. Yo he pedido a los pastores que los animen a ustedes a reflexionar sobre la pena de muerte y los principios de justicia, perdón, misericordia y la santidad de la vida. No mucho surgió de esa invitación, por eso quiero tratar el tema nuevamente.
Siendo católicos, nosotros estamos comprometidos a promover una ética de la vida equilibrada y mantener la dignidad de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Nosotros nos oponemos enfáticamente a la cultura de la muerte y no podemos promover la “ilusión de que podemos proteger la vida, si quitamos la vida”.
Afortunadamente, las actitudes públicas acerca de la pena de muerte están cambiando. El valor de la pena de muerte es altamente cuestionable. Los estados con mayor número de ejecuciones, no muestran tener menos asesinatos o bajas tasas en los niveles del crimen. No hay realmente una evidencia clara de que la pena de muerte previene los crímenes. Recientes decisiones de la Corte Suprema han terminado las ejecuciones de personas con retardo mental y aquellos que eran jóvenes en el momento en que cometieron sus crímenes. La Corte Suprema también ha insistido en que sólo los jurados, y no los jueces, pueden imponer una sentencia de muerte.
La enseñanza católica sobre la pena capital no es un rechazo absoluto de su uso. Nuestra enseñanza católica está arraigada en la misma preocupación por la santidad de la persona humana en que está arraigada nuestra enseñanza sobre la eutanasia, la guerra, el genocidio y el aborto. Pero todos estos aspectos son diferentes y no todos ellos tienen la misma gravedad y contenido moral.
Por otra parte, la enseñanza católica sobre la pena de muerte claramente expresa un llamado para hacer a un lado todo tipo de violencia, es decir en contra de la dignidad de cada persona.
Afortunadamente, muchos católicos parecen recibir el mensaje y menos de la mitad apoyan la pena de muerte. Para aquellos que atienden la iglesia regularmente, el apoyo a la pena de muerte disminuye aún más. La vida humana es un regalo de Dios, pero no es propiedad del ser humano.
Un esfuerzo renovado para abolir la pena de muerte podría animar a la gente a rechazar una cultura de la muerte y a construir una cultura de vida.
Tomo el béisbol con seriedad
Este año me invitaron al juego de béisbol entre los equipos de Salem y los Keizer Volcanoes para hacer el primer lanzamiento. Como un antiguo fanático del béisbol, yo pensé que sería muy divertido y me sorprendí cuando ellos me dieron la bola a cierta distancia frente al montículo del lanzador. Yo me imagino que ellos pensaron que no podía alcanzar la meta. Bueno, ellos tenían la razón. La bola cayó muy lejos de la base y se devolvió hacia el receptor. ¡Que pena! Pero fue una experiencia agradable.
Afortunadamente, los aficionados fueron bastante indulgentes. Los niños quisieron mi autógrafo en las bolas de béisbol. Los niños tienen su forma especial de alegrar nuestro día.
Yo tomo el béisbol con bastante seriedad. Yo crecí en la parte sur de Chicago donde la liga americana de los White Sox era considerada como los héroes locales, aun cuando ellos perdían más juegos cada año que los que ganaban. Mi padre tenía una droguería a la antigua ubicada a solo una milla del estadio donde jugaban los Sox. Mi tío Ed trabajaba en un hotel donde todas las ligas americanas visitantes se hospedaban. A mí me llevaron a tantos juegos que francamente me sentía afortunado. Y también estaban las noches en que mi padre y yo pasábamos escuchando por radio la transmisión de algunos de los juegos, con entradas extras dolorosas que los Sox normalmente perdían. Nosotros nos íbamos a dormir tristes y molestos.
Aun cuando yo era un aficionado al béisbol, yo no era un buen jugador. Cuando llegué a ser pastor de la parroquia de San Aloysius en Chicago, nosotros llevábamos a cabo nuestro picnic anual de la parroquia, con las personas de San Hubert ubicada en el suburbio vecino. En mi último día como pastor, el equipo de San Al estaba perdiendo 24 a 23 e iba a la cabeza de la novena entrada. Yo fui enviado como lanzador sustituto de softbol y mantuve la posición sin puntos por tres rápidas salidas. San Al peloteó, ganó el juego y yo me convertí en el lanzador ganador. A mí me dieron el trofeo que me reconocía como la estrella de San Al. Este es uno de mis recuerdos más preciados.
Jugar béisbol me enseñó unas cuantas lecciones que me han servido toda la vida, y las cuales han sido sin lugar a dudas, muy útiles a lo largo de la jornada. Por ejemplo, la temporada de béisbol es bastante larga. Nadie gana todos los juegos. La vida es así. Nosotros no ganamos todo el tiempo.
Los niños también aprenden la importancia de aparecer al día siguiente, después de haber perdido. Los niños tienen que aprender a perder. La vida no es una serie de victorias. Usted no puede darse por vencido sólo porque las cosas no funcionaron a su manera.
El béisbol permite errores y equivocaciones. Nosotros debemos permitirnos eso y también a otros.
Ganar en béisbol requiere esfuerzo de equipo. Esto ocurre lo mismo en la vida en nuestros esfuerzos de alcanzar metas dignas. Se requiere un esfuerzo de equipo para llevar la buena nueva de la salvación a la gente.
Aun más, sin un árbitro imparcial, sería muy difícil resolver algunas jugadas cercanas en béisbol. Lo mismo pasa en la vida. Inevitablemente hay conflictos y desacuerdos. ¿Siempre tiene el árbitro la razón? Probablemente no. Pero su decisión tiene que permanecer, de manera que el juego pueda continuar. Nosotros necesitamos aprender la misma cosa en nuestros encuentros diarios de unos con otros.
El Cura Santo
El 4 de agosto marcó el aniversario 150 de la muerte de San Juan María Vianney, tan bien conocido por su santidad que la gente se refiere a él como “El Cura Santo”. En 1929 el Papa Pío XI lo proclamó el santo patrón de las parroquias en todo el mundo.
En celebración de su aniversario el Papa Benedicto inauguró un “Año para el Sacerdocio”. Él está esperanzado en que este año “profundice el compromiso de todos los sacerdotes a la renovación interior por el bien de un testimonio más convincente y penetrante del evangelio en el mundo de hoy”.
Este “Año del Sacerdocio” nos da a todos una oportunidad de recordar los sacerdotes que nos han ayudado a acercarnos al Señor y han trabajado generosamente, con frecuencia sin reconocimiento, incluso en tiempos difíciles y cuando los malos entendimientos abundan. Los invito a orar cada día por los sacerdotes que nos sirven y acompañan en la jornada de la fe.
Verano del Papa
El verano está ahora en su plenitud. Muchos hemos aprovechado estos días para viajar y relajarnos.
El Papa Benedicto XVI pasa sus vacaciones en el norte de Italia. Él está pasando agosto y parte de septiembre en su residencia en Castel Gandolfo. Las temperaturas son siempre más bajas en las colinas a las afueras de Roma.
Cuando yo serví de pastor en una parroquia muy pobre de Chicago, me encontraba muy incómodo al contarle a la gente acerca de mis planes de vacaciones, porque muy pocos podían tomar sus vacaciones.
Yo aprendí que a ellos no les importaba que yo tomara un poco de tiempo. o visité a mi familia en el área de Chicago este mes y viajé a Minnessota donde serví como obispo. Yo también pasé una semana a orillas occidentales del Lago Michigan con mi familia.
Pero nunda he lamentado cuando regreso para retomar mis responsabilidades.
Cuando a usted le gusta su trabajo, el tiempo afuera realmente magnifica la apreciación que uno tiene por el servicio privilegiado que se presta en casos como el mío, siendo su Arzobispo. Dios los bendiga por su bondad durante estos doce años.

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