Edición Impresa: 09/17/2009

División de católicos en torno al tema del sistema de salud

Mis vacaciones fueron excelentes. A pesar de que los White Sox de Chicago no han sido el tema de conversación de la ciudad este verano, ellos lo hicieron muy bien cuando fui a verlos en una calurosa noche de julio. En una reunión familiar a las orillas del Lago Michigan a principios del mes de agosto, celebré la misa del domingo con mis hermanas, cuñados, sobrinos y sus familias. Mi visita a Minnesota me dio la oportunidad de compartir con mis viejos amigos.
Mi hermana Marcie vino a visitarme a Oregón en agosto. Esto hizo que mis vacaciones parecieran un poco más largas. Y cuando veo mi agenda del otoño, me estremezco un poco, pero llego a la conclusión de que lo que realmente prefiero es el servicio como su Arzobispo.
Reforma al Sistema de Salud
El debate acerca de la reforma al sistema de salud se ha convertido en otro asunto de división entre nuestra gente. Los católicos están preocupados con respecto a nuestros hermanos y hermanas que no tienen el servicio de salud adecuado. Nosotros apoyamos los esfuerzos que se están prestando para proveer el cuidado de salud a todas las personas que lo necesiten.
Hay algunos que pensarían que la iglesia debería estar por fuera de este debate. Pero yo no estoy de acuerdo, ya que la iglesia católica es uno de los más grandes proveedores de salud en los Estados Unidos, y además tiene una historia de credibilidad y respeto cuando enseña acerca de los derechos humanos y las responsabilidades civiles.
Todos los obispos abogamos por una verdadera política de salud, que respete la vida humana y su dignidad. Debe existir el acceso para todos y esto debe ser una preocupación especial de quienes tienen que ver con las necesidades de los pobres y los inmigrantes ilegales.
Es muy importante que la reforma busque el bien común y preserve el pluralismo, incluyendo la libertad de conciencia y una variedad de opciones. Los costos necesitan ser moderados y aplicados equitativamente.
Uno de cada tres norteamericanos menores de 65 años de edad, estuvo sin seguro médico en un momento u otro durante los años 2007 y 2008. Cuatro de cinco eran de familias trabajadoras. El 64% de estos que estaban sin seguro médico eran empleados de tiempo completo y trabajaban todo el año. Para nosotros, el cuidado de la salud es un derecho humano básico, no un privilegio. Éste es un asunto fundamental de la vida humana y de la dignidad.
Si ustedes quieren ayudar, pueden llamar a los miembros del Congreso. El número telefónico del conmutador del Capitolio es el (202)-224-3121. Es importante animarlos a incluir el cubrimiento del seguro médico para todas las personas desde la concepción hasta la muerte, mientras que continúan la prohibición del patrocinio federal de abortos.
El aborto no fue específicamente mencionado en los anteproyectos de las leyes sobre el cuidado de salud hasta esta primavera.
Los estatutos de Medicaid no mencionan tampoco el aborto, pero ellos habían patrocinado 300.000 abortos cada año en los 60s hasta que se les puso un pare con la Enmienda Hyde.
Desafortunadamente, numerosas enmiendas para mantener el aborto fuera de la reforma al sistema de salud han sido derrotadas en los comités. Algunos líderes tienen toda la intención de minar la reforma al sistema de salud a través de forzar a los americanos a aceptar los mandatos sobre el aborto y/o patrocinar abortos en forma ilimitada en el cubrimiento del sistema de salud.
Los obispos quieren que la reforma sobre el sistema de salud sea “neutral con el aborto”. Las leyes y políticas actuales con respecto al aborto y al patrocinio del aborto no están actualmente bajo el debate. Nosotros no queremos impedir el avance de la reforma del cuidado de salud, la cual puede servir verdaderamente metas legítimas.
Las protecciones a los costos compartidos de Medicaid necesitan ser mantenidas y nuevas opciones de cubrimiento deben proteger de algún costo a los nuevos inscritos que tienen bajos recursos.
Para los católicos esta discusión se vuelve contraproducente cuando nos enfocamos mucho más en los problemas que en las personas relacionadas con esta problemática.
Para nosotros es un asunto que hay que tratar con la dignidad y el respeto que este tema merece, los cuales pueden ser atribuidos a todos nuestros hermanos y hermanas.
La santidad de cada ser humano está en peligro. Cuando nosotros estamos atentos a la dignidad de cada persona humana, ciertamente estamos mucho más dispuestos a extender el cuidado de salud, realmente cualquier tipo de cuidado, a todas las personas, además de proponer que la violencia, ya sea aborto, eutanasia o guerra, no son soluciones para nadie.
Encíclica Social del Papa
A principios del verano, el Papa Benedicto XVI promulgó su nueva encíclica social, Caritas in Veritate, (Caridad en Verdad). La encíclica del Papa debe darnos los elementos para meditar en la medida en que nosotros intentamos mantener una relación apropiada con nuestra comunidad de fe sobre los asuntos importantes que afectan significativamente la vida de nuestras gentes. El Papa Benedicto XVI comprensiblemente enfatiza la necesidad del desarrollo espiritual como un componente esencial de todo desarrollo.
Él también analiza nuestra crisis económica mundial a la luz de algunos principios morales tradicionales. Él reconoce que se ha logrado un cierto progreso en el desarrollo del mundo, pero ha notado que otros retos existen como resultado de los problemas que han emergido recientemente en el mundo de hoy. Él nos urge a poner mucha atención a la relación entre lo humano y el tema de la ecología y el medio ambiente. El Papa nos pide que nos conectemos a la caridad y la verdad en la búsqueda de la justicia, el bien común y el auténtico desarrollo humano.
Algunas personas podrían sorprenderse cuando el Papa indica que la caridad debe estar en el corazón de la doctrina social de la iglesia. Nosotros tendemos a separar la caridad de la justicia, pero el Papa las une y nos recuerda que la caridad debe ser entendida y practicada a la luz de la verdad, de ahí el título de la encíclica.
El Papa Benedicto XVI anota que la riqueza del mundo está creciendo en términos absolutos, pero las desigualdades están aumentando.
Él anima a la gente adinerada a que se vean a sí mismos como mayordomos de la fortuna que poseen y a estar deseosos de ponerla al servicio para el bien de otros.
La justicia demanda buenas relaciones entre las personas. Con respecto a esto, el Papa apoya claramente las organizaciones laborales, pero al mismo tiempo resalta la necesidad de la responsabilidad, tanto de parte de los administradores como de las fuerza de trabajo que son responsables de todas las personas. Él hace un llamado a compartir los recursos de la tierra equitativamente. Esto es necesario si nosotros vamos a salvaguardar el medio ambiente para las generaciones futuras. Él critica a todos aquellos que acapararían combustibles fósiles no renovables. Igualmente, aboga por una mayor eficiencia en el uso de la energía, e invita a evitar el uso de los combustibles fósiles. Esto debería ayudar a liberar suficientes recursos energéticos para las naciones pobres con el fin de ser usados en su desarrollo.
El Papa no se adhiere a las preocupaciones acerca de la población excesiva. Él dice que hay suficiente espacio para todos nosotros, incluyendo las futuras generaciones y que todos pueden vivir con dignidad. Aun más, el Papa destaca que si la sociedad no respeta la vida humana desde la concepción hasta su fin natural, “si la concepción humana, la gestación y el nacimiento son hechos artificiales, si los embriones son sacrificados para la investigación”, la consciencia de la sociedad termina perdiendo el concepto de la ecología humana, y junto con esta, la ecología del medio ambiente.
Recientemente algunas personas en la Arquidiócesis han sido críticos de mi esfuerzo por promover el respeto a la vida, como un asunto de justicia. Ellos no quieren que nuestra Oficina de Paz y Justicia se involucre en el llamado al respeto por la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Ellos prefieren una oficina Pro-vida separada. Estarán probablemente sorprendidos de que el Papa en su Encíclica indica la interconexión de los aspectos de la vida, con todos los aspectos de la justicia.
Francamente, como iglesia, nosotros no hemos hecho un buen trabajo en la promoción del Evangelio de la vida. Fallamos porque le permitimos a la oposición, describir nuestros valores por la vida humana como simples valores religiosos, no para ser “impuestos” en el mundo secular de hoy. Esto, por supuesto, es un enfoque terriblemente equivocado. Toda destrucción de la vida humana es mala, no debido a los valores religiosos sino debido a las demandas de la justicia las cuales son claramente relevantes, incluso en una sociedad altamente secular, cuando se trata con materias de vida y muerte.
Tómense el tiempo para revisar la última encíclica del Papa. Para él, el verdadero desarrollo humano definitivamente requiere el compromiso de los cristianos con sus brazos levantados hacia Dios en oración.

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