Edición Impresa: 10/14/2009

Respetemos la vida

Durante este Año Sacerdotal, el Beato Juan XXIII es un ejemplo excelente para los sacerdotes. Fue el primer varón de sus padres y el cuarto de los catorce hijos en su familia. Se bautizó Angelo Roncalli y su familia trabajaba en la aparcería en el norte de Italia. Fue ordenado como sacerdote de Bergamo, Italia.
Antes de ordenar nuevos sacerdotes les recuerdo la maravillosa oportunidad que tienen de dar sus vidas a la Iglesia. Pero les aviso que no se molesten cuando la Iglesia toma sus vidas y las utiliza para cumplir sus propósitos y no los de ellos. Eso es exactamente lo que le pasó al Beato Juan XXIII.
Él pasaba muchos años de su vida como obispo en el servicio de la Santa Sede. Su simpatía y bondad impresionaban a todas las personas que conocía. En 1953, él fue nombrado el Cardenal de Venecia.
La noche del 28 de octubre de 1958, la mayoría de nosotros los seminaristas en Roma fuimos a la Plaza de San Pedro, cuando se anunció que el Cardenal Roncalli iba a ser el nuevo Sumo Pontífice de nuestro mundo católico. Yo estaba muy feliz cuando me enteré que él había elegido el nombre Juan. Era la primera vez en 500 años que alguien había elegido este nombre.
El Beato Juan XXIII inició la costumbre de viajar a las diócesis y visitar las parroquias y otras instituciones. Antes, el Papa había vivido como “un prisionero del Vaticano”. El día de Navidad el nuevo Papa visitó a algunos niños afligidos con polio, y luego él fue a la cárcel de Roma donde se dice que al hablar con los encarcelados les dijo: “No podían venir a mí, así que yo llegué a ustedes”.
El Papa Benedicto declaró este “Año Sacerdotal” para que nosotros sus pastores podamos crecer en santidad. Sugiero que nosotros, tanto los sacerdotes como el pueblo, sigamos el buen modelo del Beato Juan XXIII.
La sonrisa de Dios
Desde 1972, nosotros los obispos americanos hemos trabajado mucho para educar el pueblo católico en los temas del derecho a la vida, por medio del programa “Respetemos la vida”. Este año el tema del programa es “Cada niño nos trae la sonrisa de Dios”. Espero que este año el programa le traiga una sonrisa a usted también.
El programa anual “Respetemos la vida” normalmente muestra la diversidad de los asuntos pro-vida, los cuales nosotros los católicos entendemos por la luz de nuestra fe. Aquí, no se trata simplemente de un tema religioso. Asuntos de vida y muerte están relacionados con la justicia y los derechos humanos.
Hoy en día el mundo es trágicamente asaltado por una campaña cultural contra la dignidad humana. Nos dicen que lo que tenemos es más importante que quienes somos. Hemos aceptado desechar a personas, primero con los embriones humanos para poder utilizar las células madres embrionarias en la búsqueda de curas para enfermedades. Luego, cuando nos falla nuestra salud, el suicidio asistido se convierte en un supuesto “tratamiento médico” para terminar con la vida.
Cada niño nos trae la sonrisa de Dios. Desafortunadamente, muchos tenemos tendencia a ignorar la evidencia que nos enfrenta tan dramáticamente con la verdadera humanidad de cada niño en el útero. En vez de alegrarnos con el regalo de una nueva vida, según la tradición de la familia humana a través de los siglos, ahora vivimos en un mundo donde el uso generalizado de anticonceptivos y la legalización del aborto han creado un gran desprecio para los niños aún no nacidos.
En nuestro propio país se matan casi un millón de niños y niñas cada año. Los científicos crean y destruyen pequeños seres humanos para la investigación de las células madres. Mucha gente reconoce la dignidad y el valor de la vida humana después del nacimiento, pero niega esa misma dignidad cuando se trata de la vida humana antes del nacimiento. Irónicamente, aunque haya algunos científicos que desprecian nuestros esfuerzos pro-vida, es la ciencia misma que muestra claramente la humanidad y reconoce que los niños en el útero son personas.
Entre 24 y 30 horas después de la concepción, los cromosomas del cigoto que vienen de sus padres ya contienen el ADN único del bebé. Es decir, el bebé ya tiene la información genética completa y las instrucciones para desarrollarse, desde ser una criatura unicelular hasta un adulto.
Además, en sólo 21 días se pueden identificar los tres sectores primarios de la corteza cerebral. Luego, comienza a latir el corazón del embrión. El pequeño corazón latirá 54 millones de veces antes de que nazca el bebé. A las seis semanas se han registrado las ondas cerebrales del embrión. A las ocho semanas el sistema digestivo está funcionando y los riñones producen orina. En este momento, el feto, una palabra latina que significa “cría”, es sensible al tacto. A las nueve semanas, el niño no nacido empieza a chuparse los pulgares. Al llegar a las once semanas, es posible que este nuevo hijo de Dios sonría por la primera vez.
Es increíble que con tanta información a nuestra disposición tantas personas permanezcan indiferentes al asesinato de nuestros hermanos y hermanas. Ocurre en las clínicas y laboratorios de fertilidad y en los centros de aborto, en todo el transcurso de los nueve meses del embarazo.
Nuestra razón, como cristianos, se fortalece mediante nuestra fe en el evangelio de la vida. Necesitamos proclamar mejor el Evangelio, y necesitamos trabajar con más urgencia para cambiar nuestras actitudes y leyes para poder ayudar a nuestros vecinos a descubrir, celebrar y valorar el milagro que es cada ser humano, desde la concepción hasta el último aliento natural.
Fortalecidos por nuestra fe católica hemos llegado a valorar la dignidad de cada persona, un principio que no se basa solamente en la enseñanza religiosa. Nos ocupamos especialmente por personas que son los más vulnerables entre nosotros, incluso los niños aún no nacidos, los marginados y los débiles. Esta dignidad intrínseca dada por Dios es la base de todos los derechos humanos inalienables.
Una cultura que respeta la vida es imposible cuando se legaliza el derecho de quitar la vida de alguien, cuando esta persona es la más inocente e indefensa. Hay demasiada gente hoy que tiene una opinión muy condicional y selecta sobre los derechos humanos.
Hacen distinciones entre los miembros de la sociedad que son importantes y los que no lo son. Esto ya ha pasado antes cuando luchamos contra la esclavitud, el racismo y el anti-semitismo. La decisión de la Corte Suprema en 1973 de Roe vs. Wade es la razón de que el tema del aborto ha causado tanto desacuerdo sobre nuestra tradición de defender los derechos humanos y ha polarizado la sociedad.
Roe se ha convertido en la inspiración y precedente para los otros esfuerzos que intentan usar la ley como una arma contra otras vidas inocentes. Por eso, nosotros los católicos siempre le damos mucha importancia en defender los niños aún no nacidos de estos ataques.
Necesitamos dejar de discutir entre nosotros. No todos ven este tema de la misma manera, pero es importante que juntos adoptemos una actitud firme para asegurar que la legislación extrema (la cual tiene como meta importante el acceso fácil al aborto) sea algo impensable e irrespetuoso para los niños aún no nacidos y las mujeres embarazadas.
Además, tenemos que seguir insistiendo que el público solamente apoye la investigación de células madres que sea moralmente sólida. También necesitamos apoyar el proyecto “Apoyo a las mujeres embarazadas” porque provee una gran variedad de ayuda por la cual mujeres puedan dar a luz a los niños, recibir ayuda mientras que crían el niño, o incluso hacer un plan de adopción.
Es muy importante también que fomentemos y apoyemos los esfuerzos de la iglesia que complementan el trabajo del gobierno. Centros de embarazo pro-vida, residencias de maternidad y programas parroquiales para ayudar a mujeres embarazadas y niños, junto con los esfuerzos de oración frente a las clínicas del aborto merecen nuestro apoyo y participación. Así, podemos cambiar la cultura y hacerlo con una persona a la vez.
Durante el mes de octubre nos comprometemos a trabajar juntos para cambiar las actitudes y leyes que perjudican la vida humana. Como los niños, este proyecto nos trae la sonrisa de Dios.
Finalmente quiero mencionar que el Misal Romano está en el proceso de ser traducido a muchos idiomas. Hay casos en algunos países pequeños donde la traducción va a servir como base para sus traducciones porque no tienen un conocimiento suficiente del latín para hacer una traducción que sea fiel y digna de la liturgia. Tendremos un nuevo Misal Romano.

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