
Sabino Sardineta fue premiado por Blue Cross Blue Shield of Oregon por su labor en favor de los hispanos.
Foto de El Centinela por Kim Nguyen.
Sabino Sardineta está convencido de que la educación otorga poder y herramientas a la gente para poderse enfrentar a la vida en una sociedad cada vez más competitiva. Es por eso, que el director del Centro Cultural de Cornelius, está dedicado a la misión de ofrecer educación a la comunidad latina.
“Lo que nos interesa es combatir la pobreza que es un mal social y es la base de la destrucción de las personas y la sociedad. Quienes no tienen acceso a la educación son más vulnerables a perderse en las drogas y el alcohol”, dice Sabino, quien dedica sus horas de trabajo a luchar por la causa de los más marginados. De hecho, su labor fue reconocida recientemente por Regence Blue Cross Blue Shield of Oregon que le otorgó el reconocimiento de “Héroe de la Comunidad Latina en Oregón”, así como recursos en efectivo que él ha donado para continuar los programas del centro que dirige.
El ha sido testigo de cómo la educación ha transformado la vida de las personas. “A los 65 años de edad, una mujer no sabía leer y escribir por lo que dependía de sus familiares hasta para tomar el autobús, pero desde que aprendió a leer se le abrieron las puertas y ahora se vale por ella misma para realizar sus actividades cotidianas como ir al médico”. Este tipo de casos son los que motivan a Sabino a continuar con su labor de buscar financiamiento, asociación con otras organizaciones o agencias de gobierno, con el fin de ofrecer programas educativos, culturales, participación cívica, talleres de liderazgo, de concientización política y entrenamiento laboral para la comunidad, entre otros.
Sabino Sardineta llegó a los Estados Unidos a los 18 años para realizar estudios universitarios en Filosofía y Letras en Mt. Angel College. Nunca imaginó que se quedaría a vivir en este país, su idea era regresar a México, su país de origen, tan pronto concluyera sus estudios.
El vivió en carne propia el shock cultural al que se enfrentan los inmigrantes. Para él una de las cosas más difíciles de superar en sus primeros meses fue la barrera del idioma. “Yo había estudiado latín, griego, francés. Al inglés, honestamente nunca le presté mucha atención, por lo que cuando llegué a Oregón no hablaba el idioma. Yo lloraba mucho, extrañaba mucho todo, desde la comida, pero lo peor fue no poder hablar el idioma”, comenta en entrevista con El Centinela.
En aquel entonces en el colegio donde estudió no había nadie con quien pudiera hablar en español. Su adaptación a su nueva vida no fue fácil, y de hecho de todas las materias que estudiaba sólo aprobó dos en el primer trimestre, pero su empeño y dedicación no le dejaron rendirse, y al concluir el primer año de estudios logró aprobar todas las materias, excepto matemáticas.
Mientras estudiaba, Sabino llegó a trabajar en un campo de inmigrantes en donde aprendió a cortar pepinos, cerezas y todo tipo de frutas y hortalizas. “Fue difícil, me salieron cayos. Fue cuando yo empecé a apreciar a la gente que venía a trabajar al campo. El impacto cultural me hizo apreciar y entender el sufrimiento de las familias que vienen a trabajar aquí. Entendí que necesitaban buscar apoyo para ellos”. Al concluir el tercer año de escuela, Sabino consiguió un trabajo en la Arquidiócesis y su misión era visitar los campos de migrantes y promover la educación religiosa. Sabino recuerda que a finales de la década de los 60s no había inmigrantes mexicanos trabajando en dichos campos, básicamente se trataba de inmigrantes de Texas. Fue en esa época cuando conoció a los fundadores del Centro Cultural.Tras concluir sus estudios universitarios, Sabino regresó a Cuernavaca, México. Después de dos años regresó a Mt. Angel School of Theology para estudiar teología. Corría la década de los 70s, la época en la que las guerrillas desestabilizaron Centroamérica, y en Chile se dio la caída de Salvador Allende; en México se vivió un intensa devaluación de la moneda. Todos esos fenómenos generaron pobreza e inmigración. “Cuando yo visité este país nuevamente me di cuenta de que los inmigrantes de América Latina estaban creciendo. Había mucha gente huyendo de la persecución y del genocidio. Muchas comunidades de indígenas eran desplazadas e incendiadas. Se acentuó el fenómeno de la inmigración.
Uno de sus primeros trabajos en el Centro Cultural fue como traductor de español en los tribunales, clínicas, compañías de seguros. La gente no sólo no hablaba el inglés, muchos de los inmigrantes tampoco hablaban español, ya que provenían de comunidades indígenas, de sitios remotos como la Mixteca, en Oaxaca.
El Centro Cultural del condado de Washington se fundó en 1972 por un grupo de familias de inmigrantes, quienes decidieron residir permanentemente en esta área. Dichas familias canalizaron sus luchas, sueños y talentos para crear una organización que ha sido líder en la transformación de la cultura latina en este Condado.
En 1993, la mesa directiva del Centro Cultural le pidió a Sabino Sardineta que lo dirigiera. Una de sus labores en ese momento fue realizar un sondeo que le permitiera conocer el nivel educativo de la gente, y para su sorpresa, descubrió que el nivel de educación de las personas seguía igual que hacía 15 años, así es que junto con la mesa directiva se decidió que si se quería ayudar a las familias a salir del círculo vicioso de la pobreza era ofrecerles educación.
Para 1997, con el apoyo de Intel se inicia un proceso para enseñar computación a la comunidad latina. “Aún para mí, que había concluido una carrera universitaria, era difícil aprender una nueva manera de hacer las cosas, pese a las dificultades no desistí”, dice Sabino.
Dos años más tarde se estableció un laboratorio de computación con el objetivo de combatir el alto nivel de deserción escolar entre los jóvenes latinos en el condado, el cual llegaba al 35 por ciento.
En el 2001 el Centro Cultural obtuvo un donativo del Departamento de Educación de los Estados Unidos para resolver el problema del abismo digital. El proyecto-modelo de Acceso a Tecnologías demuestra formas efectivas para incorporar la informática en la vida de los latinos de escasos recursos.
El programa ha crecido de tal forma que en la actualidad se ofrecen 8 clases por semana en el laboratorio de computación. Durante el período 2001-2006, aproximadamente 7 mil 500 individuos han participado en uno o más cursos de computación del Centro Cultural. Sabino se muestra satisfecho con los logros del programa. Ver como las manos llenas de cayos de un hombre que se gana la vida trabajando en el campo, ahora ya tiene la posibilidad de realizar presentaciones en power point, le permiten confirmar cómo la educación abre oportunidades a las personas, y le motiva a continuar con su labor.
Otro de los programas que ha impulsado Sardinera es la alfabetización. Y es que con el apoyo del Consulado Mexicano en Portland se buscaron alianzas con el Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA), y en el 2005 el Centro Cultural se convirtió en Plaza Comunitaria. No sólo se ofrece educación primaria y secundaria con el reconocimiento de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de México, también se pueden realizar estudios de preparatoria. Otro de los logros de Sabino fue buscar alianzas con el Instituto Tecnológico de México, con lo cual se pusieron al alcance de los interesados en la posibilidad de realizar estudios universitarios a distancia.
“Tenemos que vivir como miembros de una comunidad que nos ha aceptado, por eso deseamos promover el sentido de permanencia y participación y al mismo tiempo mostrar nuestro tesoro cultural, desde la comida, la música y porque no, hasta el baile”. De hecho, la típica celebración estadounidense del Día de Acción de Gracias (Thanksgiving Day), se realizó a la mexicana. Los pavos se comieron con arroz y mole y se ofició una celebración religiosa.
Si usted está interesado en conocer más acerca de los programas del Centro Cultural puede llamar al (503) 359-0446 o bien acudir a sus instalaciones ubicadas en 1110 N Adair St. Cornellius, OR 97113.