
Durante estas semanas de Adviento, mientras que nos preparamos en nuestros corazones para la venida de nuestro Salvador, estamos rodeados por el ambiente y el sonido de Navidad. La magia de Diciembre a menudo nos ayuda a tener una fe más profunda y fortalecer nuestra vida en familia.
Este Adviento he orado porque la gracia de esta temporada también llegue a nuestras relaciones como hermanas y hermanos de la familia católica.
Desafortunadamente, yo creo que la desunión es la causa principal de nuestro fracaso como una comunidad evangelizadora. Y la triste realidad es que a menudo esta falta de comunión verdadera es bastante visible ante nuestros vecinos no católicos.
Seamos honestos. Hoy en día hacer públicos nuestros desacuerdos es algo corriente y a veces está hecho con mucha hostilidad y descortesía. Les pido unirse conmigo en la responsabilidad que tengo como Obispo de promover la unidad dentro de la Iglesia.
No estoy hablando de uniformidad; siempre habrá diferencias entre nosotros. Lo mismo expresó el autor irlandés James Joyce cuando al describir la Iglesia Católica, dijo: “Allí vienen todos”. En muchas de las parroquias cantamos el himno “All Are Welcome” (“Todos son Bienvenidos”), pero a veces no estoy seguro de que somos sinceros en realidad.
Hoy en día, vemos actitudes y comportamientos sociales que se han deslizado dentro de la iglesia y en la forma en que nos relacionamos como hermanos y hermanas en la familia de Dios.
Ya no estamos simplemente en desacuerdo. Nos llenamos de rencor rápidamente y nos enfrentamos contra las personas que no ven el mundo del mismo modo que nosotros. Olvidamos frecuentemente que como iglesia, somos una familia. Necesitamos respetar la individualidad de cada persona e intentar resolver nuestras diferencias y también reconocer que no vamos a estar de acuerdo siempre.
Sorprendentemente cuando un presidente recibe el 53% de los votos, se considera un mandato, pero un pastor o ministro pastoral presionado por un par de miembros de la parroquia puede estar tan desanimado que siente que quizás es hora de irse para lograr un cambio.
Cada día en mis oraciones de la mañana, pido al Señor, por la intercesión de san Pedro y san Pablo, _los padres fundadores de la nuestra antigua iglesia_, que nosotros aquí en la Iglesia Católica del oeste de Oregón seamos verdaderamente el Cuerpo de Cristo. Es mi oración ferviente durante estos días de Adviento, que cada uno de nosotros nos enamoremos de la Iglesia otra vez.
Este año la Arquidiócesis de Portland cumple 163 años. La discordia y el dolor que a veces sentimos, no es nada nuevo para los católicos. Las iglesias antiguas en Jerusalén, Antioquía, Roma, Cartago y París experimentaron los mismos problemas mucho antes que nosotros. Pero es el mismo Espíritu Santo el que las mantenía y unía con sus dones poderosos.
Recemos por la gracia del Espíritu Santo, que seamos verdaderamente una comunión de santos, que en forma eficaz lleve a cabo su misión evangelizadora. Como María, esta Navidad podemos otra vez dar a luz a Jesús en los corazones de nuestros amigos y prójimos.
Asistir a Misa
Hace varios años los obispos americanos levantaron la obligación de asistir a misa, cuando estos tres días de precepto caen en un sábado o lunes: 1° de enero (María, Madre de Dios), el 15 de agosto (la Asunción) y el 1° de noviembre (Todos los Santos).
Todavía son solemnidades, pero la obligación de asistir a misa se levantó debido a la dificultad para los sacerdotes que sirven en varias parroquias y que tienen que viajar largas distancias, para celebrar la misa en diversas comunidades en diócesis geográficamente grandes.
Infortunadamente, muchas personas piensan que por esto, los días de precepto no son muy importantes y que la obligación, cuando sí se observa, no es algo realmente serio.
Claro que los domingos son los días de precepto más importantes durante el Año Litúrgico. Los otros días de precepto eran seleccionados tras siglos para conmemorar los aspectos principales de nuestra fe católica y para llevarnos a un nivel espiritual más alto. Según la ley de la iglesia, hay diez días de precepto. En cuanto sea posible, los días de precepto se deben observar como si fueran domingos.
Además de los días de precepto, tenemos también las solemnidades y los días de fiestas populares. Después de los días de precepto, las solemnidades son las celebraciones de mayor importancia en la iglesia. Cuando las personas buscan dónde adorar, por ejemplo, Miércoles de Ceniza, Viernes Santo o Nuestra Señora de Guadalupe, es importante reconocer que todos los días de precepto son solemnidades, pero todas las solemnidades no son días de precepto.
Finalmente, tenemos los días de fiesta populares, cuando las personas también buscan oportunidades para vivir sus devociones y quieren asistir a misa, como por ejemplo, el Día de Acción de Gracias o el Día Conmemorativo.
Curiosamente, muchos de los días de fiesta tienen sus raíces en las costumbres religiosos. Aún en inglés, la palabra para “día de fiesta” (holiday) viene de la palabra que se usa para las solemnidades (holy days). ¡Y ahora cuando los norteamericanos sustituyen “Happy Holidays” por “Merry Christmas” porque es “políticamente correcto”, el intento de quitar la religión del saludo no funciona porque, como vemos, la palabra “holiday” en sí es casi idéntica a “holy day”!
No observar los días de precepto, tanto como no observar los domingos es un pecado. Creo que una observación más fiel y pública de los días de precepto entre los católicos sería una buena manera en nuestros esfuerzos de llevar el pueblo a Cristo y Cristo a su pueblo.
Sueños para el futuro de la iglesia
Hace poco leí un artículo del Tablet de Londres sobre una charla que dio el padre jesuita, Gerald O’Collins, antiguo profesor de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma. Él compartió siete sueños para el futuro de la iglesia. El cuarto sueño tenía que ver con promover la vida familiar. Pues, después de todo las semillas de la fe son planta y se alimentan dentro de la familia.
Como el hogar se considera tierra sagrada, la apariencia de ello debe reflejar el llamado a la santidad que todos recibimos por medio del Bautizo. Miren por un momento sus propias casas. ¿Qué tipo de arte religioso se vé? ¿Hay un crucifijo en cada recámara? ¿Está presente la oración en familia? Rezar con la familia, la bendición de los alimentos, orar con los hijos antes de que se duerman, la participación de la familia en las celebraciones eucarísticas de su parroquia y muchas oportunidades similares, ayudan a los niños a entender que su relación con el Señor es algo que debe tener prioridad en sus vidas.
El papel de la familia en general, es decir los abuelos, tíos y padrinos es muy importante en la manera en que una familia transmite la fe y los valores de nuestra tradición cristiana a las generaciones futuras.
Tener una familia saludable, sagrada y satisfecha es muy importante para el bienestar del pueblo de Dios. Pero hoy vemos que el número de americanos que viven juntos antes de casarse ha aumentado bastante. También hay muchos que esperan hasta que son mayores para casarse o simplemente no se casan y otros todavía, que tienen hijos sin casarse o cómo son padres sin tener una pareja. Pienso que hay que promover la institución del matrimonio.
Yo rezo por esto y tengo esperanza en que a través de nuestra Arquidiócesis podamos proveer más apoyo para las parejas casadas, en sus esfuerzos de crear un hogar para sus familias.
Lucha contra la pobreza
Cada año los católicos americanos luchan contra el problema persistente de la pobreza, el gran enemigo de la paz. Por nuestros aportes, la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD por sus siglas en inglés) ha financiado algunos proyectos que promueven la autosuficiencia como una forma de poner fin a la pobreza.
Infortudanamente, hay personas, incluso algunas que se llaman católicas, que hacen campaña en contra de la campaña. Se preocupan por unas donaciones que la CCHD ha dado en el pasado. Pero, tanto en la política como en la práctica, la CCHD rehúsa financiar grupos que creen en algo que va en contra de las enseñanzas católicas. Ninguna donación está dada en el diócesis sin la aprobación del obispo local.
Durante todo el año se han afectado muchas personas por los problemas de la economía. Uno de cada cinco niños vive por debajo del nivel de pobreza. Se consideran muchas familias “trabajadores pobres”, lo cual significa que los individuos trabajan pero no ganan el dinero suficiente para pagar por la vivienda, la asistencia sanitaria, el cuidado de los niños o la comida.
Los proyectos de la CCHD trabajan para disminuir este número. Uno de los proyectos aquí en la Arquidiócesis que este año recibió $35.000 de la CCHD es la organización Adelante Mujeres, sobre la que hemos escrito en este periódico. Este proyecto se dirige al mercado de granjeros en Forest Grove. Es una iniciativa de desarrollo económico, que se convierte en la primera en Oregón que combina oportunidades de mercadeo con un programa de formación intensa y práctica para los granjeros nuevos. Además, el mercado promueve la diversidad y al mismo tiempo la conciencia cultural, porque reúne a inmigrantes recién llegados con la comunidad establecida de Forest Grove.
Este es un tiempo para mostrar nuestra solidaridad católica en la lucha persistente de promover la paz a fin de combatir la pobreza.