Edición Impresa: 01/13/2010

Pedir justicia en la Semana de la Migración

La Iglesia Católica de los EE.UU. celebró la Semana Nacional de la Migración los días del 3 al 9 de la semana pasada. El tema de este año era “Renovar la Esperanza, Buscar la Justicia” y se enfocó en los niños emigrantes y refugiados.
Esta semana es una oportunidad para nosotros los católicos de recordar la diversidad de nuestra iglesia y los diferentes ministerios que nos sirven. Aquí en el oeste de Oregón, el aspecto de la iglesia ha cambiado bastante con el paso de los años. Esto ha sido una gran bendición pero, a la vez, nos ha presentado algunos desafíos considerables, porque seguimos con el deseo de ser una comunidad que acoge cordialmente y también una que es más abierta e incluye a todos.
Algunas personas se preguntan por qué la iglesia se mete en los discursos sobre la migración. Cuando tuvo lugar el último discurso serio en el Congreso sobre la reforma migratoria, yo recibí muchas cartas criticando la posición de la iglesia acerca de nuestros hermanos y hermanas indocumentados.
¿Por qué nos importa este asunto? Porque sabemos las palabras que Jesús nos compartió en el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo: “Era forastero y me hospedaron”. Muchas personas piensan que nuestros hermanos y hermanas indocumentados han venido a este país sin cumplir los requisitos apropiados. La verdad es que están aquí ahora, y la mayoría de ellos son pobres, sin muchos recursos y buscan la forma de sobrevivir.
La migración se puso como tema muy candente en la escena política de nuestro país hace dos años, y es muy probable que surja otra vez en el 2010. La Iglesia católica se ha involucrado mucho en conversaciones sobre este tema con el Congreso y consistentemente ha apoyado la aprobación de una legislación comprehensiva con respecto a la reforma migratoria.
Encíclica
El año pasado el Papa Benedicto XVI dio a conocer su tercera encíclica que se llama Caritas in Veritate/ La Caridad en la Verdad. Entre una gran variedad de temas, la encíclica toca el medio ambiente, las instituciones económicas, el estado del país y el tema de la migración. Él escribió tres veces específicamente sobre este tema.
El Papa destacó que la migración masiva es un asunto que merece nuestra atención, especialmente con los cambios significantes en la política y cultura del mundo hoy en día.
Él dijo que “hemos de asumir […] las nuevas responsabilidades que nos reclama la situación de un mundo que necesita una profunda renovación cultural y el redescubrimiento de valores de fondo sobre los cuales construir un futuro mejor”.
En segundo lugar, el Papa reconoce los obstáculos que plantea la migración al desarrollo humano auténtico. El hecho de que tanta gente se están mudando por el mundo simultáneamente afecta dramáticamente el estado cultural, político, religioso y económico de cada país.
No es solamente un asunto de los Estados Unidos, pues es un fenómeno global. El Papa dice que va a requerir una “fuerte y clarividente política de cooperación internacional para afrontarlo debidamente”.
Añade que esta política ha de ir acompañada de adecuadas normas internacionales que salvaguarden las exigencias y los derechos de las personas y de las familias emigrantes. Hablamos pocas veces de los derechos y las necesidades acerca de los emigrantes.
Seres Humanos
El Papa también destaca lo que muchas personas ignoran, que esta población marginada contribuye mucho a los países que la acogen. Él nos recuerda que no podemos considerarlos como una mercancía y que es importante reconocer que todo emigrante es una persona humana, como nosotros, y así posee derechos fundamentales inalienables.
Finalmente, el Papa Benedicto subraya que la reforma, tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la arquitectura económica y financiera internacional, es crucial si el mundo jamás va a lograr resolver los problemas globales como la degradación del medio ambiente, la seguridad alimenticia, las economías afectadas por la crisis, el oportuno desarme integral y la regulación de los flujos migratorios.
Es decir, los problemas globales requieren una solución internacional. Los estados individuales no tienen los recursos con qué resolver estos problemas sin ayuda. El mundo entero va a tener que trabajar unido para ayudar a solucionar las necesidades de los emigrantes.
En los años recientes aquí en la Arquidiócesis de Portland, hemos establecido una meta pastoral de servir más eficazmente la diversidad cultural que nos rodea. Esto es una prioridad para muchas diócesis en este país ahora.
Opositores
Los que se oponen a la reforma migratoria señalan rápidamente que aproximadamente el 43% de los inmigrantes legales en nuestro país son miembros de nuestra familia católica.
Y sugieren que muchos de los inmigrantes ilegales, quizás más que los legales, son católicos. Según ellos, este asunto solamente nos importa porque queremos aumentar el número de nuestros fieles. Vengan legalmente o no, uno de los fundamentos de nuestra fe, basado en las enseñanzas de Cristo y en la enseñanza social católica, es el cuidado de los extranjeros y recién llegados.
Durante este año que tenemos delante de nosotros, espero que abramos más eficaz y generosamente nuestro corazón, mente, casa y vecindad a los recién llegados alrededor de nosotros. Así, damos la bienvenida de una manera muy concreta al Señor, que venga entre nosotros.
Otras reflexiones
El Cardenal Avery Dulles, un sacerdote jesuita que murió en el 2008, era uno de los mejores teólogos que he conocido en el curso de mi vida.
Él llegó a Portland cuando le honró la Universidad de Portland, poco después de recibir su capa roja.
En el momento de su muerte, él era el mayor de los cardenales estadounidenses vivos, un hombre sabio y un sacerdote santo.
Será recordado por su manera de dar ánimo a todos nosotros de permanecer fieles a nuestro Señor y nuestra misión evangelizadora como sus discípulos.
Al hablar de la fiesta de Navidad que acabamos de celebrar, el Cardenal Dulles escribió: “la Encarnación no nos provee una escalera de mano por la que podemos escapar de las ambigüedades de la vida y escalar al cielo. Más bien, nos da la oportunidad de ahondarnos en el corazón de la Tierra y descubrir que brilla con divinidad”.
Ese es el milagro que celebramos en la Navidad. Nuestro Dios se hizo humano y cambió el mundo y nosotros para siempre. Espero que la Navidad pasada les ayudara a encontrar la presencia de Dios en todo lo que experimentamos como hermanas y hermanos de Jesucristo.

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