Edición Impresa: 02/18/2010

Muerte y desolación en Haití

Después de un mes del terremoto devastador, Puerto Príncipe muestra las secuelas de la muerte que dejó a su paso.

Los heridos se cuentan en millares, mientras los organismos de socorro trabajan sin descanso.
Foto del Servicio Católico de Noticias.

PUERTO PRINCIPE- Desde el gran terremoto de magnitud 7,0 que asoló Haití el pasado 12 de enero, cientos de réplicas se han registrado en la capital llenando de pánico a los sobrevivientes.
Al cierre de esta edición, se había estimado el número de muertos en 212.000 pero los últimos datos muestran un total de 230.000, número que es el mismo dejado por el devastador tsunami del Océano Indico en el 2004, según dio a conocer esta semana el gobierno de Haití, que sigue trabajando porque aún faltan cadáveres por contar.
A cinco semanas del devastador terremoto que acabara con miles de vidas en Haití se siguen presentando movimientos telúricos.
Según las cifras oficiales de la ONU hasta el momento hay más de 235.000 damnificados que han salido de Puerto Príncipe a causa de la tragedia del pasado 12 de enero en busca de refugio, tanto en las zonas rurales como en República Dominicana y los Estados Unidos.
Las cifras oficiales muestran que hay entre 800 mil y un millón de personas en los campamentos de socorro improvisados por las organizaciones internacionales que trabajan sin descanso para ayudar a los damnificados.
A pesar de los esfuerzos se vé que hay mucho por hacer. En estos momentos uno de los peligros es el brote de enfermedades como el cólera, el sarampión y la rubeola, según dio a conocer la Organización Mundial de la Salud.
Los organismos de salud internacional trabajan para evitar una epidemia que sería fatal en estos momentos. Se ha dado a conocer que las actividades aéreas en el aeropuerto de Puerto Príncipe siguen registrando más de 150 vuelos por día, mostrando el interés de llevar toda la ayuda posible a través de los delegados de todos los países que se han hecho presentes en la zona del desastre.
Según proyecciones dadas a conocer por los medios de comunicación, se espera que la reconstrucción se realice en un plazo largo que será durante los próximos 10 añospor las graves condiciones de devastación en que ha quedado la zona. “Un país no muere. Un pueblo no muere”, proclamó el mandatario de Haití.
Ante la tragedia, el Papa Benedicto XVI hizo llegar una carta personal al presidente de la Conferencia Episcopal de Haití, monseñor Louis Kébreau, arzobispo de Cabo Haitiano, en la que muestra su dolor y cercanía a las víctimas del terremoto.
En su carta, fechada el pasado 16 de enero y hecha pública el pasado sábado 23 de enero, el Papa expresa su “gran tristeza” por lo ocurrido, así como su “cercanía espiritual y ferviente oración por todas las personas afectadas por este desastre”.
Especialmente, se refirió a la muerte del Arzobispo de Puerto Príncipe, monseñor Serge Miot, que “compartió el destino de muchos de sus fieles, incluyendo sacerdotes, personas consagradas y seminaristas”.
Por otro lado, Benedicto XVI celebró la “rápida movilización de la comunidad internacional, unánimemente conmovida por la difícil situación de los haitianos”, y aseguró que “toda la iglesia, a través de sus instituciones, no dejará de ayudar en el servicio de emergencia y de reconstrucción de las zonas devastadas del país”.
El mensaje se hizo público coincidiendo con el emotivo funeral por Monseñor Miot, el cual se celebró en una carpa improvisada en la plaza de la catedral, ya que ésta ha quedado completamente derruida.
La emotiva ceremonia se hizo también en memoria de los más de docientos mil muertos en el terremoto, muchos de los cuales no podrán recibir una sepultura digna, y en ella estuvieron presentes el presidente René Preval, las autoridades civiles del país, y el arzobispo de Nueva York, monseñor Thimoty Dolan, entre otros.
Huérfanos en Haití
El arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, y presidente de Cáritas Internationalis, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga ha hecho un llamado a la atención ética de la propuesta de adoptar niños que han quedado huérfanos en Haití tras el terremoto.
Al intervenir en el Primer Congreso Nacional Mexicano de Sacerdotes “Fidelidad y fraternidad sacerdotal”, consideró que esta iniciativa buscaría darles una oportunidad para que estos menores “puedan encontrar un futuro” en medio de la tragedia que están viviendo.
El fondo de las Naciones Unidas para la infancia, Unicef, ha denunciado el rapto de al menos 15 niños no acompañados en hospitales de Haití.
El cardenal Rodríguez Maradiaga reconoció que de proceder la propuesta de adopción se deben vigilar cuidadosamente los mecanismos, debido a que en ocasiones “entran negocios turbios” e intereses diversos en lo trámites de protección a los menores.
En su intervención inicial, el presidente de Cáritas Internacional dijo que una de las prioridades a las que se enfrenta el pueblo de Haití es la falta de agua y alimentos, así como las condiciones insalubres para atender a los enfermos e incinerar los cientos de cadáveres que se encuentran en toda la capital.
Desmintió que exista un monopolio por parte de los Estados Unidos para tomar el control de aquel país y que la misión fundamental en estos momentos es dar prioridad a la ayuda, que llega por parte de las diversas naciones.
Dijo que a pesar de las condiciones adversas a las que se enfrentan los pilotos que llegan al aeropuerto de Puerto Príncipe, se busca tener un control del tráfico aéreo para coadyuvar a las tareas de apoyo y poder dar prioridad a los vuelos de carga que llevan ayuda.
“La situación es dramática, faltan agua, alimentos, después no se sabe qué hacer con tantos cadáveres, algunos incinerados. Hay hospitales muy dañados, hay pacientes que necesitan cirugías urgentes, esperamos que se puedan salvar el mayor número de vidas”.

*Información tomada de Zenit, Aciprensa y Redacción Local.

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