
Desde la Pascua, el Obispo Steiner y yo hemos pensado mucho en las celebraciones de Confirmación que hemos celebrado en toda nuestra Arquidiócesis.
El 6 de junio guardé el Santo Crisma, que no voy a usar durante un tiempo. Siempre me da mucha alegría visitar las parroquias y orar por la venida del Espíritu Santo sobre nuestros jóvenes que han terminado la iniciación en nuestra familia católica.
Para los feligreses que los conocen y han ayudado a los neófitos con la preparación para recibir el don del Espíritu Santo también es un deleite verlos en este momento especial y da mucha esperanza.
Esta semana estaré en St. Petersburg, Florida, participando en una asamblea especial de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. El tema de la asamblea de 2010 es: “El obispo como agente de esperanza para sus sacerdotes”.
Cada día de la asamblea será dedicado a un asunto específico relacionado con este tema, por ejemplo, el obispo como padre, hermano y amigo de sus sacerdotes y el renacimiento de la vida espiritual de los obispos y sacerdotes.
Las prioridades de la Conferencia durante los próximos dos años son claras. Pero, con respecto a esta Arquidiócesis, hay muchas personas que tienen sugerencias en términos de las prioridades que debo adoptar en mi intento de profundizar en la fe, alimentar la esperanza y celebrar el milagro de la vida. Hace poco, alguien me dio una sugerencia específica sobre qué debería hacer en los dos años venideros.
Me dijo que debía visitar todas las parroquias de la Arquidiócesis durante los próximos dos años y alimentar la esperanza del pueblo para recordar el gran amor de Dios.
Esta persona pensó que si todos somos conscientes del amor de Dios, tendríamos más esperanza y así, valorarían la fe y celebrarían el don de la vida con un entusiasmo renovado. El mayor beneficio sería que las personas estarían entusiasmadas y preparadas para dedicarse a la misión evangelizadora que nos pertenece como iglesia.
Este mensaje me gusta, pero la estrategia no me parece posible, aunque sí tendré la oportunidad de visitar muchas parroquias en los próximos años. Ciertamente, haré un esfuerzo más consciente por hablar con mayor frecuencia sobre el amor de Dios y su entrega a todos sus hijos.
Desde la asamblea pastoral del otoño pasado, he estado intentando ser más activo en la promoción de la comunión en nuestra familia de la iglesia en el oeste de Oregón.
Nunca seremos efectivos en nuestra misión evangelizadora si vivimos en una comunidad dividida por los conflictos. El amor sana muchos dolores. Por eso les pido orar conmigo para que el amor de Dios sane algunas de las tensiones y divisiones que plagan continuamente a las parroquias de nuestra Arquidiócesis.
En el foro nacional hay un asunto en particular que ya ha causado divisiones entre nuestra comunidad de fe: la reforma migratoria.
Mi vecino del este, el Obispo Robert Vasa de Baker, escribió con mucha elegancia sobre este tema el mes pasado. Él dijo: “Cruzar la frontera ilegalmente no quita el derecho de una persona de ser tratada como un hermano o hermana. Quedarse aquí en este país ilegalmente no quita la dignidad humana de una persona”.
Típicamente, y demasiado de prisa, estamos dispuestos a juzgar a las personas como “criminales”. La presencia de inmigrantes indocumentados en nuestro país es una realidad muy compleja y problemática. Necesitamos dejar de pensar en forma genérica y empezar a pensar en cada persona como individuo.
Hay buenas razones para proteger las fronteras de nuestro país, pero muy pocas razones para deshacer una familia. Todos necesitamos parar un momento y recordar que el amor de Dios es universal, y somos llamados a imitar ese amor. Cuando hagamos esto, sin importar nuestros problemas, “alimentar la esperanza” será parte de la solución a los ojos de Dios.
El final del Año Sacerdotal
El año pasado el Papa Benedicto XVI declaró el “Año Sacerdotal”, que se inició con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Este año especial para los sacerdotes terminó el pasado 11 de junio con una celebración especial en Roma.
El Santo Padre eligió la fecha para el inicio de este año porque era el 150° aniversario del “nacimiento en el cielo” de san Juan Bautista Vianney, el Cura De Ars. El Papa quería enfatizar la importancia de la santidad de la vida de los sacerdotes durante una época en que la “funcionalidad” parecía haberse puesto como el elemento crucial en determinar la efectividad del sacerdote. Nuestro Padre Santo los animó a mirar a san Juan Vianney como el modelo de la santidad pura del sacerdote.
El Año Sacerdotal nos dio la oportunidad de reconocer la influencia poderosa del Espíritu Santo que todavía está presente en la iglesia, por medio de los sacerdotes y seminaristas.
El Espíritu Santo todavía está trabajando para hacer su llamado al sacerdocio y muchos feligreses, religiosos, laicos y miembros del clero han apoyado generosamente la formación sacerdotal de nuestros seminaristas.
Después de todo, el ministerio de nuestros sacerdotes no se refiere a ellos sino a Cristo. Él eligió a los sacerdotes como su instrumento, para ser enviados a proclamar la Buena Nueva, celebrar los sacramentos y ejercer el liderazgo de la iglesia. ¿Y por qué hacen esto los sacerdotes? San Pablo respondió de parte de ellos cuando dijo: “El amor que Cristo nos tiene es lo que nos compromete”. Que Dios bueno y su gracia bendiga a todos los sacerdotes, tanto los vivos y los difuntos.
El Tiempo Ordinario
El 24 de mayo, empezó de nuevo el Tiempo Ordinario en la Iglesia Católica. Aunque no es una temporada como la Navidad ni la Pascua, durante el Tiempo Ordinario habrá celebraciones importantes, incluyendo las solemnidades de la Santísima Trinidad, el Sagrado Corazón de Jesús, la Asunción de la Santísima Virgen María y Todos los Santos.
El Tiempo Ordinario es una temporada de profundo significado, porque nos lleva a ver la presencia espiritual de nuestra relación con Dios.
Claro que la Pascua y la celebración del misterio pascual, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo son el momento central del año litúrgico. Por eso tenemos en cuenta que Jesucristo sigue morando en nosotros y nos ha enviado el Espíritu Santo para ser nuestra guía en nuestro camino de fe.
Desde los inicios del cristianismo, los amigos de Jesús celebraban su resurrección cada domingo. Se reunían para escuchar las historias que les habían transmitido por medio de los apóstoles y participaban en la cena eucarística. Así daban gracias por el don de la salvación y lo hacían porque Jesús los había enviado con estas palabras: “Haced esto en memoría mía”.
Si vamos a ser fieles a nuestro llamado como creyentes bautizados, Jesucristo debe ocupar el lugar más importante en nuestras vidas.
Aunque durante estos meses del Tiempo Ordinario no hay un enfoque en un aspecto específico del misterio pascual, también es importante enfocarnos en la vida de Cristo cuando vivía aquí en la tierra, sus milagros, sus enseñanzas y actividades y especialmente su misión.
Feliz cumpleaños a la Iglesia
El 23 de mayo celebramos el último día de la Cincuentena Pascual con la solemnidad de Pentecostés. Ese día hace casi 2.000 años, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles y así nació la iglesia.
Cristo estableció esta iglesia para seguir adelante con la misión de su Padre, proclamar la Buena Nueva y llamar a las personas de todas las edades y lugares a la conversión.
A veces me parece que la vida del cristiano en el mundo de hoy, va en contra de la cultura. Una lectura que se lee cada año durante el tiempo pascual tomada de la Liturgia de las Horas es una carta a Diogneto que señala que el mundo siempre ha sido así. Aquí incluyo un extracto de esta carta:
“[Los cristianos] aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. […] Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria. Sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio devuelven honor. […] El mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres”.
A pesar de lo que muchas personas hacen para marginar la influencia de la iglesia, Jesús nos recordó que nosotros somos “la sal de la tierra” y “la luz del mundo”. Es decir, Jesús nos invita mostrar nuestra fe en la forma en que vivimos todos y cada uno de nuestros días.
El Diario de un Peregrino
Recientemente un grupo de peregrinos de nuestra Arquidiócesis viajó a Italia en un peregrinaje especial organizado con motivo del Año Sacerdotal. Era un viaje bendito, festivo y, a menudo, emocional.
Durante once días espléndidos yo fui el pastor de una comunidad en misión y no simplemente un obispo que hacía una visita pastoral. Fueron días muy especiales para cada uno de los peregrinos y especialmente para mí.
Regresamos aquí con una devoción renovada a la misión que todos compartimos y que es la de edificar el reino de Dios aquí en la tierra —y empezamos aquí en el oeste de Oregón.
*Texto traducido por Katy Haerling.