Alejandro Bautista/CCJPDX
Brenda Martínez y la pequeña Alexandra Machic elaboran el papel picado de colores.
Alejandro Bautista/CCJPDX
Brenda Martínez y la pequeña Alexandra Machic elaboran el papel picado de colores.

Día de Muertos y los altares cobran vida. Con las fotos, el pan dulce, el colorido del papel picado, las velas, las calacas, la Virgen de Guadalupe, las flores...todos los elementos que decoran el altar, nos llevan a recordar uno a uno a los seres queridos que han partido de este mundo.

En las iglesias con misa en español, en la sala de la casa, en los escritorios, en los salones de actividades comunitarias, esta tradición cobra vida en Portland. Año tras año, los altares son muestra de la tradición de fe de los hispanos. 

Y esa costumbre se mantiene en sitios como la Iglesia San Andrés de Portland, donde los niños del grupo Caminando con Jesús PDX, se unen para vestir el hermoso altar de la comunidad que reúne a los anglos e hispanos.

“San Andrés lo ha puesto desde hace muchos años, pero con la apertura de nuestro grupo de niños decidimos que ellos serían quienes se encargarían junto con mamás/papás de hacer esta actividad para seguir pasando nuestra tradición a esta nueva generación de católicos.

Este año los niños se unieron para cortar el papel, pintar las calaveritas, decorar con escarcha brillante las calacas, hacer las flores, y poco a poco fueron dando vida al hermoso altar que se encuentra en la Iglesia San Andrés.

Alejandro Bautista compartió que es vital. “Por la importancia de que las nuevas nuevas generaciones reconozcan el valor de nuestros ‘muertos’, como legado de nuestra cultura, de nuestro pasado”.

Al involucrar a los niños en la tradición del Día de Muertos, “considero que es fundamental mantener vivas nuestras tradiciones, este tipo de actividades que nos hace únicos como cultura y podemos disfrutarlas como familia. También enseñarle a nuestros hijos la relación que tenemos con quienes se nos han adelantado, una relación única, en la cual recordamos con alegría y emoción en lugar de tristeza y dolor”. 

Como padre de familia que lidera a los jóvenes, piensa que es hermoso que sus hijos aprendan esta tradición. “Me encanta que sean parte de este grupo y han adoptado mi cultura y aprendido a quererla cada vez más, gracias a actividades como ésta, el colorido, música y sabores son únicos y esperan estos días con emoción”, dijo en entrevista con El Centinela . 

Como líder de la comunidad de San Andrés reconoce esta fecha como parte de la vida de su parroquia.

“Es importante, une a las familias y nos convierte en una comunidad más cercana al compartir estas tradiciones, también compartimos nuestros recuerdos y cariño  por nuestros seres queridos que ya fallecieron”. 

Para él, padre de dos hijos es una hermosa tradición. “La recuerdo pues es una de las tradiciones más coloridas, donde mi familia se juntaba a preparar la comida favorita de mi abuelo y por eso aprendí a quererlo sin haberlo conocido, eran días de mucha unión y también travesuras, el querer ‘robarnos’ una fruta, un dulce o pan de la ofrenda era divertido. Así aprendí a recordar y a querer a mis seres queridos que se han ido, con alegría y a llevarnos las fotos de nuestras abuelitas (mi esposa y yo) pues son las personas que más recordamos”. 

 

*rocior@ocp.org