La obra teatral escenifica la historia de María y por qué fue elegida por Dios para ser la madre de su hijo. Recrea también escenas como la Anunciación, la visita a su prima Isabel y hace énfasis en la historia de los pastores y los Reyes Magos, caminantes quienes guiados por la estrella van en la búsqueda del hijo de Dios nacido en Belén.  (Patricia Montana/El Centinela).
La obra teatral escenifica la historia de María y por qué fue elegida por Dios para ser la madre de su hijo. Recrea también escenas como la Anunciación, la visita a su prima Isabel y hace énfasis en la historia de los pastores y los Reyes Magos, caminantes quienes guiados por la estrella van en la búsqueda del hijo de Dios nacido en Belén. (Patricia Montana/El Centinela).

Quince años haciendo teatro de evangelización ha sido una verdadera hazaña para Rosa Cristóbal y su grupo teatral Huellas Migrantes, especialmente cuando el trabajo ha sido hecho a fuerza de puro amor, persistencia y fe.

En el marco de la celebración de la Epifanía ante los Reyes Magos, “Huellas Migrantes terminó su temporada navideña del 2019 con la presentación de la Pastorela La Estrella de Belén… Un camino de esperanza, en la iglesia San Antonio de Padua, en Forest Grove”, dijo Rosa Cristóbal a El Centinela.

“El balance al final de esta temporada del 2019 es altamente positivo, nos sentimos muy contentos porque cada vez estamos teniendo más espectadores. Esperamos continuar en esta misión evangelizadora, utilizando nuestros talentos. Nuestra meta es atender más invitaciones y seguir caminando hacia más lugares, llevando nuestro teatro evangelizador a un público mucho más amplio”, dijo.

La Pastorela La Estrella de Belén…Un camino de esperanza

La representación teatral mediante la combinación de la actuación, el diálogo, la música, la narración y la declamación, escenifica la historia de María y por qué fue elegida por Dios para ser la madre de su hijo. Recrea también escenas como la Anunciación, la visita a su prima Isabel y hace énfasis en la historia de los pastores y los Reyes Magos, caminantes quienes guiados por la estrella van en la búsqueda del hijo de Dios nacido en Belén.

La representación teatral ofrece también la perspectiva de quienes por diferentes circunstancias se han visto obligados a dejar sus tierras y familias para ir en la búsqueda de una ilusión, llevando consigo su fe, su capacidad de trabajo, sus talentos, sus aspiraciones y su tesoro más grande, su cultura.

Con una variedad de elementos, La Pastorela mantiene la característica particular de este género con la presencia de ángeles y diablos, los cuales encarnan los valores fundamentales para el ser humano: el bien y el mal y la lucha constante entre ellos, la cual se evidencia a lo largo de la dramatización.

Con una buena dosis de humor, La Pastorela presenta las peripecias de Diamenso, Diablego y Diablodio, tres divertidos juegos de palabras para tres personajes malévolos, que acuden a diferentes estrategias en su intento por tentar a los inocentes pastores y desviarlos del camino.

La Estrella de Belen...un camino de esperanza, ofrece una reflexión acerca del peregrinar por la vida en la búsqueda de Dios, venciendo las dificultades, tentaciones y obstáculos, los cuales, en ocasiones, te extravían del camino o te conducen por uno equivocado, especialmente cuando se obedece a quienes intentan apartarte de la verdad.

Es una reflexión acerca de persistencia en la fe, de vencer el mal, de creer y saber que Dios, la Virgen y el Niño Jesús están contigo, acompañándote en tu camino… en tu camino por la vida. 

Las huellas de los migrantes detrás de escena

El elenco del grupo teatral esta integrado por 12 adultos, algunos de ellos parejas de esposos, 3 jóvenes, cinco niñas y un niño. En esta oportunidad, el niño Jesús fue interpretado por una bebé, hija de una familia feligresa de la parroquia de San Antonio.

Los miembros del grupo son inmigrantes procedentes de diferentes lugares de México, Colombia y Perú y en la Pastorela se observa la incorporación de elementos de estas culturas como por ejemplo la música y el vestuario. 

Aunque sus orígenes son diferentes, los migrantes entrevistados, citaron historias marcadas por las huellas de la migración, frecuentemente huellas de dolor e injusticia. Seres humanos con sueños y esperanzas, con sentimientos y vivencias compartidas, con historias de lucha, esfuerzo, años de trabajo honrado respetando las leyes, pero por encima de todo, con una fe y espiritualidad a toda prueba que los ayuda a mantenerse en pie para continuar el camino…

La Pastorela exhibe y da a conocer las costumbres, tradiciones y cultura con la representación teatral religiosa, al tiempo que permite la transmisión de la cultura a los más pequeños.  También es una exhibición de creatividad, talento y gran capacidad histriónica y artística de sus integrantes. Algunos interpretan diferentes personajes en la obra.

Los inmigrantes y la búsqueda del sentido de pertenencia

“Coordinar La Pastorela es una misión que Dios nos puso a mi esposo y mí”, explicó Rosa Cristóbal a El Centinela“. Juntos trabajamos en este proyecto y queremos que el sentimiento y la emoción del reencuentro que yo sentí con mi identidad y cultura, lo sientan otras personas inmigrantes que, como nosotros, cuando vivimos lejos de nuestro país de origen, caminamos en la búsqueda de encontrar ese espacio con el cual podamos identificarnos, un lugar donde podamos sentir que pertenecemos, que somos de allí”, dijo.

Rosa Cristóbal encontró ese lugar de pertenencia en la iglesia de San Pedro, en Portland, cuando asistió a misa por primera vez, según dijo a El Centinela.

“Siempre fui muy apegada a mi familia y nunca pensé dejar a mis padres y hermanos. No concebía estar lejos de ellos, especialmente de mi mamá. Vengo de una familia de once hermanos y soy la penúltima. Pero, mi esposo emigró a Estados Unidos y un año más tarde, tuve que venirme con mi pequeña hija para poder estar juntos como familia”, explica.

“El alejarme de mi familia me afectó mucho, sufrí tanto y entré en una terrible depresión sin siquiera saberlo, describió Rosa.

“Un día, estando en una sesión de terapia, la psicóloga me preguntó si yo asistía a alguna iglesia. Resultó que vivíamos muy cerca de la iglesia San Pedro, en Portland, donde ofrecían misa en español, pero como no conocía el vecindario y no salía mucho de mi casa, no sabía lo cerca que estaba”, narró Cristóbal.

“Era un 12 de diciembre de 1999 y esa era la primera vez que pisaba una iglesia católica aquí en los Estados Unidos, después de tres años de vivir acá. Era el día de la Virgen de Guadalupe. Cuando entré a la iglesia me sentí en México". dijo.

"Ese día volví a vivir, sentí encontrar un lugar al que yo pertenecía, escuchar la misa en español, encontrarme con mi gente, mi cultura, estar rodeada de gente hablando mi idioma, fue como llegar a mi casa, fue una experiencia inolvidable. Allí lloré con todas las canciones; las mañanitas, las canciones del mariachi, la danza Azteca”, describió emocionada.

“Ese 12 de diciembre dejó una huella marcada en mi corazón y nunca lo olvidaré”, dijo. “Ese día, agrega, me sentí tan feliz y eso fue realmente lo que me ayudó a restablecer mi salud emocional”, confesó Rosa.

“A partir de ese momento, comenzamos a involucrarnos en diferentes actividades de la iglesia y una de ellas fue la representación de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Después, surgió la idea de la pastorela”, manifestó.

“Hemos encontrado en este trabajo, una forma de mantenernos cerca de nuestra cultura, de mantener nuestra identidad, crecí viendo las pastorelas desde niña. Todos aquí somos una familia, nos mantenemos unidos. A pesar de las dificultades económicas para el proyecto, Dios nos provee siempre con todo lo que ocupamos para la Pastorela; personas, recursos, talentos, es increíble, todo es obra de Dios”, dijo Rosa.

La migración nos marca y nos deja huellas muy profundas, nos transforma la vida”, explica Rosa.

“Como inmigrantes, enfrentamos situaciones muy tristes y dolorosas, especialmente cuando el regresar a nuestro país se hace cada vez más lejano. Personalmente, he enfrentado situaciones muy difíciles como la muerte de mis padres y dos de mis hermanos. Mi madre fue la primera que se fue, a los seis meses mi padre, después un hermano y luego otro hermano. Eso es lo más duro que he vivido, no haber podido estar con ellos para despedirlos”, afirmó Rosa.

“Mi experiencia no es ajena a otras personas de aquí del grupo, quienes también han sufrido situaciones similares tristes o peores aún, pero Dios es nuestra fortaleza y nos mantiene en pie para seguir caminando” concluyó.

El evento cultural y religioso ofreció también una oportunidad de encuentro y socialización comunitaria para los cerca de 200 asistentes, quienes al final compartieron la tradicional rosca de Reyes acompañada de atole para calentar el ánimo en la fría noche de invierno.