Cuando el Papa Francisco estuvo en Filadelfia, durante la oración de la tarde, en el Encuentro Mundial de las Familias, sin discurso escrito y, hablando con el corazón, dijo cuán necesario es cuidar a los niños y los abuelos. Los niños "ya sean jóvenes o mayores, son el futuro, la fuerza que nos mueve hacia adelante. Ponemos nuestra esperanza en ellos. Los abuelos son la memoria viva de la familia. Pasaron la fe. Ellos transmiten la fe, para nosotros. Cuidar de los abuelos, cuidar de los niños, es la expresión del amor. Un pueblo que no protege a sus abuelos y no los trata bien es un pueblo que no tiene futuro. No tiene futuro porque pierde la memoria y se separa de sus raíces… Una de las cosas más bonitas en una familia es poder acariciar a un niño y dejarse acariciar por el abuelo o la abuela".

Unos meses antes, en la Comunidad de San Egidio en Roma, dio un mensaje similar. El Santo Padre habla con frecuencia de un tema importante en su enseñanza: la cultura "desechable" que vive ahora gran parte del mundo, especialmente en Occidente.

"Los niños, los jóvenes con justa razón, tienen su fuerza biológica. Los ancianos ofrecen su memoria. Pero cuando una comunidad pierde su memoria, se acabó, se acabó. Es horrible ver una comunidad, un pueblo, una cultura que ha perdido su memoria. La abuela de 90 años de edad, que exclamó, '¡Bravo!', nos dijo que hay una tendencia a desechar, es la cultura de 'usar y tirar'. Para mantener un equilibrio como éste, donde en el centro de la economía mundial no hay hombres y mujeres, sino que el dinero es un ídolo, es necesario deshacerse de cosas. No niños, sin hijos. Vamos a considerar sólo la tasa de natalidad en Europa: en Italia, España, Francia… Y abandonamos a los ancianos, detrás de lo cual están las actitudes de la eutanasia oculta, una forma de eutanasia. No son necesarios, y lo que no se necesita se tira. Lo que no produce se descarta".

Durante el mes de enero en que se conmemora con gran tristeza la trágica decisión Roe contra Wade de la Suprema Corte, estas palabras vuelven a nuestra mente y corazón. Desde aquella decisión que abrió el camino para pedir el aborto, se han producido casi 58 millones de niños nonatos, que perdieron la vida en el vientre de sus madres. Esa cantidad es casi 14 veces la población total de Oregón. Piénsalo. Eso es como "tirar" a toda la población de Oregon 14 veces.

Una de las cosas que he aprendido sobre el estado maravilloso en el que vivimos es que el medio ambiente, nuestra casa común, es muy importante y valioso para la gente de Oregón. ¡Eso es maravilloso! Me encanta el aire libre, y el medio ambiente limpio de gran parte de nuestro estado: ¡es una alegría para contemplar y celebrar! Pero al lado de todo eso va una cultura muy pro-aborto, la aceptación del suicidio médicamente asistido y la pena de muerte. Parece que la ética de vida es incongruente.

En el 2014, en la época del primer rally y caminata "Roe vs. Wade Memorial Rally y Walk", uno de los programas de noticias locales emitió en directo un acontecimiento que promocionaba la adopción de perros y gatos, para que así pudiéramos reducir la falta de vivienda de los animales . Ahora: no me malinterpreten. Soy un amante de los perros (aficionados a los gatos, discúlpenme). Se dio extensa cobertura a este evento, y, sin embargo, el mismo canal de noticias dio cero cobertura a la caminata de más de 1,000 personas reunidas en la Plaza Pioneer Courthouse, quienes daban testimonio de la dignidad de los nonatos. Era como si nada estuviera sucediendo.

En nuestra sociedad debemos ser congruentes con la ética de la vida. Sí, el medio ambiente y todas las criaturas de Dios tienen valor y deben ser protegidos, pero ¿qué pasa con la persona humana, la obra maestra de la creación terrenal de Dios, los creados a su imagen y semejanza? ¿Vamos a tener la misma pasión por la protección de la vida humana, especialmente por los que no han nacido y por los ancianos? ¿O vamos a seguir desechándolos, tirándolos a la basura?

Francisco, en su carta encíclica Laudati sí (LS), emitió un llamado de atención para todos nosotros para despertar a los peligros que enfrenta la tierra, nuestro hogar común. Pero también, en la misma encíclica, dijo esto sobre el aborto:

"Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades: 'Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social'" (LS, n. 120)

¡Amén, Padre Santo, Amén!