En esta catequesis sobre la naturaleza del matrimonio, hemos considerado lo que es el matrimonio, según lo ha revelado Dios y según está escrito en la naturaleza misma de la persona humana, creada como varón y mujer. Más recientemente, hablamos de cómo Jesucristo tomó la institución natural del matrimonio y la elevó a la dignidad de sacramento entre bautizados cónyuges. Vimos que este vínculo sacramental es un signo del vínculo matrimonial de Cristo con su Esposa, la Iglesia.

Ahora debemos explorar los efectos de este vínculo sacramental del matrimonio. ¿Cuál es el resultado de la entrega mutua de un hombre y una mujer en un matrimonio sacramental? Volviendo a la ley canónica, que refleja exactamente la doctrina de la Iglesia como se reiteró recientemente en el Concilio Vaticano II, leemos:

"Del matrimonio válido se origina entre los cónyuges un vínculo perpetuo y exclusivo por su misma naturaleza; además, en el matrimonio cristiano los cónyuges son fortalecidos y quedan como consagrados por un sacramento peculiar para los deberes y la dignidad de su estado" (C. 1134).

Lo primero a tener en cuenta sobre esta importante enseñanza es que el vínculo matrimonial entre un hombre y una mujer en un matrimonio válido es permanente y exclusivo por su misma naturaleza. En otras palabras, esto es cierto para todos los matrimonios, tanto sacramentales (entre dos cónyuges bautizados) como naturales (cuando al menos uno de los cónyuges no es bautizado). Esto es así por la naturaleza misma del matrimonio. Todos los matrimonios válidos son permanentes y exclusivos (sólo un hombre y una mujer). Vamos a volver a esta enseñanza en una columna futura.

La segunda cosa a tener en cuenta es que hay algo muy diferente y especial acerca de un vínculo sacramental del matrimonio entre los bautizados. Hay un fortalecimiento de los cónyuges por medio del sacramento, pues han sido "consagrados" para vivir como personas casadas, ése es su nuevo estado. Esto significa que ambos están dedicados al servicio de Dios en el matrimonio y, al mismo tiempo, que se hacen santos a través de la dignidad de este estado de vida.

Este es un punto muy importante. Una de las principales obligaciones del estado matrimonial es que, diariamente, cada cónyuge tiene que ayudar al otro a crecer en santidad. Uno al otro, se ayudan a hacerse más y más santos, precisamente, como personas casadas. ¿Cuántos de nosotros despertamos cada día pensando en lo cómo vamos a crecer en santidad hoy, o qué se supone que debo hacer para ser santo? Mejor aún, ¿cuántos despiertan cada día pensando que una de las funciones principales de hoy es ayudar a mi esposo(a) a crecer en santidad y convertirse en un santo(a), al mismo tiempo que yo me esfuerzo para hacer lo mismo?

Aunque algunos piensen que esto es idealista y teórico, y hasta pueda parecer lejos de la realidad, esto es precisamente lo que el matrimonio cristiano significa. Quizás parte del problema es que hemos dejado de ver y reflexionar sobre este entendimiento fundamental del sacramento del Matrimonio.

Esta ayuda mutua para crecer en santidad cada día sucede específicamente en su vida compartida juntos y en la crianza y formación de sus hijos. Escuchando el uno al otro, ayudándose mutuamente con las cargas, lavando platos, cambiando pañales, ayudando a los niños con la tarea, dando apoyo a los niños en los momentos difíciles, orarando juntos: estas son algunas formas en que los cónyuges están llamados a ser santos. No en lo extraordinario, pero en los momentos ordinarios de una vida, vivida en la dedicación y sacrificio para el otro.

Este es un llamado impresionante y bastante difícil. Pero las personas casadas no tienen que hacer esto por su cuenta. Ellos tienen a Dios a su lado para ayudarles en cada paso del camino. ¿En qué forma viene la ayuda de Dios? ¡Viene a través de la gracia del sacramento del matrimonio!

Recordemos lo que decíamos antes sobre todos los sacramentos. Estos son "signos externos, instituidos por Cristo para dar gracia". Es una gracia muy especial y poderosa que Dios da a la pareja a través del vínculo de un matrimonio sacramental. Esta es la gracia sacramental específica que se les da para vivir fielmente los deberes y dignidad de su estado civil. Es una gracia que se les da para vivir una vida de amor matrimonial y fidelidad a las responsabilidades familiares, en la semejanza de cómo Cristo ama y cuida de la Iglesia.

Esta gracia sacramental en el matrimonio no es dada a la pareja de forma sencilla y sólo en el día de su boda, cuando se celebró la creación del vínculo sacramental. ¡No! Esta gracia está a disposición de ellos todos los días de sus vidas juntos. El signo externo del sacramento del matrimonio es la unión en sí, y siempre y cuando ese pacto perdure, hay una fuente infinita de la gracia para la pareja que se inspire en cada día de su vida de casados. Dios da a los esposos la gracia precisamente a través del vínculo sacramental que comparten.

¿Cuántas parejas, especialmente en tiempos de dificultad y lucha, invocan conscientemente la gracia del sacramento para que acuda en su ayuda? Es una gracia que Dios da libremente, pero tenemos que estar dispuestos a recibirla, en especial cuando la invocamos. ¿Cómo estamos mejor dispuestos paraa recibir la gracia del sacramento? A través de la oración constante, tanto a nivel individual como en familia, a través de una celebración frecuente del Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación (Confesión) y, a través de una participación digna y llena de fe en la Santa Misa y recibiendo la Sagrada Comunión.

En las columnas siguientes, vamos a explorar los elementos esenciales y las propiedades que conforman el matrimonio. Mientras tanto, todas las parejas casadas y las que se preparan para el matrimonio están en mis oraciones.