¡Ahora tengo su atención! La respuesta a la pregunta anterior, por supuesto, es: ¡Sí! Pero, ¿cómo sabemos que es cierto que Jesús resucitó? En nuestra celebración de la Pascua (por siete semanas), es buena idea meditar sobre el misterio central de nuestra fe. San Pablo nos dice: “Y si Cristo no resucitó, nuestra predicación no tiene contenido, como tampoco la fe de ustedes” (1 Corintios 15, 14).

El gran autor cristiano, C.S. Lewis es citado con frecuencia por proponer tres posibilidades sobre Jesucristo. Básicamente, Lewis decía que Jesús era un mentiroso, un lunático (o algo peor) o que, de verdad era quien decía ser: el Señor. Lewis hablaba sobre la declaración que Jesús hacía de sí mismo: Él decía ser el Hijo divino de Dios; y esa afirmación era un engaño que le decía al pueblo, simplemente estaba loco o, en verdad, Jesús era quien decía ser.

Los “signos” que Jesús realizó en el Evangelio son testimonio de su divinidad. Estos signos son los muchos milagros que realizó: cambiar el agua por vino (el primer signo), devolver la vista a los ciegos, hacer que los mudos hablaran y que los sordos oyeran, curar al leproso, al paralítico, e incluso, resucitar a los muertos. Pero algunos escépticos dicen que éstas son sólo historias contadas por gente falsa y que no hay pruebas reales de su existencia.

Pero, luego nos encontramos con la propia resurrección de Jesús de entre los muertos. No hay salida. Aquí declaro, rotundamente, que la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, en cuerpo resucitado, es un hecho histórico. ¿Cómo podemos decir esto? Veamos lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

“El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento” (CCC 639) “…es imposible interpretar la Resurrección de Cristo fuera del orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico”.

El Catecismo basa esta conclusión en tres cosas esenciales. Primero, la tumba vacía. El cuerpo de Cristo había desaparecido en la mañana del tercer día, en el cual María Magdalena da testimonio. Nadie dijo haber encontrado el cuerpo muerto de Jesús. Segundo, las apariciones de Jesús a los apóstoles y, más tarde, a otros discípulos. Tercero, el cuerpo con el que se les apareció era un cuerpo verdadero, no era una realidad espiritual como fantasma. De hecho, Jesús le dice a los apóstoles que él no era un fantasma y les permitió tocar su carne resucitada; incluso, comió alimentos con ellos.

Pero, una vez más, los escépticos pueden decir que el cuerpo estuvo oculto permanentemente, y que los apóstoles inventaron las historias sobre las apariciones. Sin embargo, eso queda descartado por el testimonio que dieron los apóstoles sobre la resurrección del Señor. Recuerden que ellos estaban totalmente desmoralizados después de Su crucifixión y muerte, y temían por su vida. Incluso los Evangelios cuentan que, al principio, los apóstoles tenían dudas sobre la aparición de Jesús. Tuvieron que ser convencidos de que en verdad era Jesús el que estaba de pie ante ellos, que era el Señor en la carne después de Su resurrección.

Pero, una vez convencidos de que en verdad habían visto a Jesús vivo en su cuerpo humano glorificado, después de su resurrección y muerte y, especialmente, después de que el Espíritu Santo descendiera sobre ellos, comenzaron a proclamar valientemente la resurrección. Lo hicieron enfrentando terribles amenazas y maltrato, hasta llegar al martirio. Los apóstoles no se retractaron de haber visto al Señor resucitado.

Estos sucesos son la evidencia admirable y poderosa de que la resurrección de Jesús es un hecho histórico. En realidad, no hay una explicación humana por la que la Iglesia haya sobrevivido los primeros cien años, dado que los apóstoles y primeros mártires fueron asesinados por profesar que Jesús había resucitado de entre los muertos. Y, sin embargo, aquí estamos, ¡2000 años más tarde!

Yo lo veo de esta manera. Ninguna persona, mucho menos, muchas personas, aceptan voluntariamente la tortura y la muerte, por algo que saben es mentira. Si los apóstoles hubieran inventado la historia de la resurrección y, especialmente, después de ver cómo otros eran torturados y asesinados ante ellos, los apóstoles se habrían retractado inmediatamente. Recuerden que, después de la crucifixión, ellos mismos temían por lo que pudiera pasarles. Sin embargo, ahora, ellos estaban dispuestos a ser torturados y a morir por lo que ellos no podían negar y sabían era verdad. ¡Cristo había resucitado!

Entonces, en las palabras de C.S. Lewis, Jesucristo, en verdad, es quien dijo ser. Él es el Hijo eterno de Dios, encarnado de la Virgen María, verdadero Dios y verdadero hombre, resucitado en gloria. Y, puesto que podemos creer en Quien es, podemos creer en todo lo demás que Él nos ha revelado en las Sagradas Escrituras y en la sacra Tradición de la Iglesia.

Cristo resucitó. ¡Aleluya! ¡En verdad, resucitó, aleluya! ¡Feliz Pascua de Resurrección!