En la Catedral Santa María de la Inmaculada Concepción, el 29 de marzo, el arzobispo Alexander Sample vierte bálsamo en aceite de oliva para preparar el bálsamo sagrado que se utilizará durante los sacramentos del próximo año en el oeste de Oregon. (Ed Langlois/Catholic Sentinel).
En la Catedral Santa María de la Inmaculada Concepción, el 29 de marzo, el arzobispo Alexander Sample vierte bálsamo en aceite de oliva para preparar el bálsamo sagrado que se utilizará durante los sacramentos del próximo año en el oeste de Oregon. (Ed Langlois/Catholic Sentinel).

Fue una celebración solemne, emotiva e inusual. Alrededor de 100 sacerdotes se sentaron en los bancos de la Catedral Santa María de la Inmaculada Concepción, en Portland, el 29 de marzo, con sus vestiduras litúrgicas, distanciados y con cubrebocas, pero claramente en unión estrecha.

 

La Misa Crismal anual generalmente atrae a muchos fieles laicos, pero debido a las limitaciones del espacio debido a la pandemia, el presbiterio reunido llenó toda la catedral.

  

Los hombres celebraron el encuentro conversando felizmente antes y después de la misa y recogieron frascos de los santos óleos que utilizarán a lo largo del año, en gran parte para bautismos y unción de los enfermos — los dos extremos de la vida que los sacerdotes ven con frecuencia.

 

Durante la liturgia, oraron profundamente y recibieron gracias de su líder por servir durante una época desafiante.

 

"Hermanos, sé que este ha sido un año muy difícil", dijo el arzobispo Alexander Sample durante su homilía.

 

“Conozco el estrés, la ansiedad, la preocupación y la incertidumbre".

 

"Quiero expresarles desde lo más hondo de mi corazón lo profundamente orgulloso que estoy de todos ustedes y cuan agradecido me siento por su liderazgo, el amoroso cuidado pastoral de su pueblo y su personal. Es asombroso”.

 

El arzobispo dijo que sus ojos se llenaron de lágrimas cuando volvió a ver a los sacerdotes juntos de nuevo tras un año de reuniones virtuales.

 

“Nos reunimos durante el último año”, dijo el arzobispo, explicando que, en medio de las tribulaciones, él y muchos sacerdotes sienten un enriquecimiento espiritual.

 

“Siento algo nuevo”, dijo el arzobispo.



La Misa Crismal anual, que se celebra en o cerca del Jueves Santo, es un momento en el que los sacerdotes renuevan las promesas que hicieron el día de su ordenación y renuevan la perspectiva de su vocación.

 

El arzobispo instó a los hombres a dejar de lado el abatimiento, el cinismo, las dudas, la ira y las decepciones y en su lugar abrazar la alegría del sacerdocio.

Citando los documentos del Concilio Vaticano II, preguntó a los sacerdotes:

 

"¿Están decididos a estar más unidos con el Señor Jesús y más estrechamente conforme a El? Este debe ser el objetivo de nuestra vida sacerdotal siempre”.

 

 



 

Traducido por Patricia Montana/ El Centinela