Archbishop Alexander Sample.
Archbishop Alexander Sample.

Actualmente, en la iglesia escuchamos con frecuencia sobre la evangelización. El Santo Papa Juan Pablo II introdujo inicialmente la idea de que necesitamos una “nueva evangelización” en nuestro tiempo, pero muchos no saben que el Santo Papa Pablo VI ya había hablado extensamente de la evangelización, especialmente en su Exhortación Apostólica, Evangelii Nuntiandi (1975). Y por supuesto, el Papa Francisco habla contundentemente acerca de la necesidad de la evangelización, enfatizando el llamado a que cada uno de nosotros se convierta en “discípulo misionero”.

Pero, ¿Qué es la evangelización? ¿Cómo podemos entenderla? ¿Qué significa para nosotros? Aquí, en la Arquidiócesis de Portland en el oeste de Oregón, estamos en la etapa inicial de prepararnos para un proceso de proyección pastoral que trazará un camino estratégico para continuar con el grandioso trabajo de la evangelización. Por lo tanto, debemos entender claramente lo que para nosotros significa la evangelización.

Aquí es necesario hablar sobre la etimología de la palabra. “Evangelización” viene del latín, evangelium, la cual a su vez procede del antiguo término griego, euangélion. Este antiguo vocablo griego se utiliza a través del Nuevo Testamento, y se traduce al inglés como “gospel” (evangelio). Es interesante destacar que la palabra en español (evangelio) para este término griego es más cercana al latín. Éste término griego, el cuál traducimos en inglés como “gospel” realmente significa “buenas nuevas”, o “buenas noticias”. De hecho,  la palabra “gospel” proviene de una antigua palabra inglesa que significa exactamente eso; buenas nuevas.

Todo esto está muy bien, pero, ¿qué significa esto para nosotros? Bueno, pues significa que para “evangelizar” hay que compartir el evangelio, las buenas nuevas, con el mundo que nos rodea. El trabajo de la Iglesia es la evangelización, difundiendo las buenas nuevas a las personas en todas partes, empezando con las que se encuentran más cerca de nosotros.

De hecho, este trabajo de evangelización (difundir el evangelio) es uno que nos encomendó Jesús Cristo mismo. Antes de ascender al Padre después de la resurrección, él le dijo a los Apóstoles,Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, será salvo; más el que no crea, será condenado”, (Marcos 16:15).  En los récords del evangelio de San Mateo las palabras de nuestro Señor son estas: “ Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”, (Mateo 28:18-20).

Debemos pensar en las palabras de nuestro Señor y en el momento en el que las dijo. Estas son las últimas palabras que les va a decir a los apóstoles antes de ascender de regreso al Padre. Ellas son, de alguna forma, las “órdenes de marcha” provenientes del mismísimo Jesús. Debemos prestarles atención especial, sabiendo que nuestro Señor hizo dicho énfasis en ellas justo al terminar su tiempo en la tierra.

Entonces, la pregunta importante es: “¿Qué es el evangelio, las “buenas nuevas”, que nos ordena Jesús predicar al mundo entero para convertirlo en discípulos?” De nuevo, tenemos un maravilloso resumen proveniente de los mismísimos labios de Jesús: “Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que envió a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”, (Juan 3:14-17).

La parte esencial del evangelio es que Dios envió a su Hijo, nuestro Señor Jesús Cristo, al mundo para salvarnos del pecado, de la muerte, del poder de El maligno, y abrir para nosotros el camino a la vida eterna. ¡Esas en realidad son buenas noticias! Este es el mensaje que proclamamos, como la gran misión que Jesús nos ha encomendado. La misión de la Iglesia es proclamar este mensaje de la salvación, para llevar a la gente a una nueva vida en Jesús Cristo, y a cultivarlos en el camino hacia la vida eterna en el Reino de Dios. Como recordé en una columna anterior, la misión esencial de la Iglesia es la salvación del pueblo.

La Iglesia realiza otros apostolados y ministerios de educación y misericordia maravillosos. Los colegios católicos, la educación religiosa, el ministerio de salud, los apostolados de justicia social, las obras de misericordia corporales y espirituales, y el cuidado de la creación entre muchos otros. Sin embargo, todos estos se llevan a cabo por católicos al servicio de una misión más grande, la cual es introducir a la gente a la persona de Jesús Cristo y ayudarlos a encontrar la salvación en su nombre.

En mi siguiente columna, profundizaré más a fondo en lo que significa para la Iglesia llevar a cabo esta grandiosa labor de evangelización.