A muchos de ustedes les parecerá extraño que diga lo siguiente: a veces me gustaría que no se leyera la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo el Domingo de Ramos. ¿Por qué digo tal cosa? Es una larga tradición de la Iglesia leer La Pasión, entonces, ¿por qué iba yo a cuestionar la sabiduría y práctica de la Iglesia al respecto?

He sido sacerdote durante casi 28 años. Debo admitir que, año tras año, cada Domingo de Ramos, he predicado casi el mismo mensaje. El mensaje es que el Domingo de Ramos “prepara el escenario” para los eventos que siguen, en la Semana Santa. Específicamente, ha sido una invitación surgida del fondo de mi corazón, casi con urgencia, para que los fieles participen activamente en las liturgias que forman el Triduo Pascual: La Misa de la Cena del Señor, el Jueves; la celebración de la Pasión, el Viernes Santo, y la Vigilia Pascual. La experiencia me muestra que el mensaje predicado no ha dado fruto en su mayoría. De la gran cantidad de gente que asiste a la Misa del Domingo de Ramos, sólo un pequeño porcentaje asiste a las liturgias del Jueves y Viernes Santo.

No entendía la razón por la que el pueblo no venía a participar en estas liturgias. ¿Por qué saltarse el Jueves y el Viernes Santo para ir directamente del Domingo de Ramos al Domingo de Pascua? Vean ustedes, yo pensaba, en el Domingo de Ramos celebramos la entrada triunfal del Señor en Jerusalén. Luego, si sólo vamos a celebrar el Domingo de Pascual, nos saltamos todos los acontecimientos que pasan en medio de la historia: los grandes eventos de nuestra redención.

Pero, al ponerme en el lugar de los feligreses que viene el Domingo de Ramos, me di cuenta de que ellos escuchan la historia de la Pasión del Señor; o sea, Su pasión, muerte y sepultura. Los fieles escuchan los eventos que suceden ‘en medio’… y se puede pensar con razón que puedan celebrar la Resurrección en el Domingo de Pascua. Con el profundo amor que le tengo a las liturgias del Jueves Santo y Viernes Santo, y con el deseo de que las vivamos juntos, ustedes podrían ver por qué a veces deseo que no ‘aceleremos’ leyendo esos eventos en el Domingo de Ramos. Estamos muy lejos de sugerir cambios en la tradición litúrgica, pero a veces quisiera que el Domingo de Ramos, la entrada del Señor en Jerusalén, quedara en los gritos de “Hosanna”.

La celebración de la Cena del Señor y de su Pasión, el Jueves,y el Viernes Santo de la Semana Santa, significan más que un simple recuerdo de los eventos sucedidos y de los cuales no podemos prescindir. En el Jueves Santo, todos nosotros subimos a la habitación con nuestro Señor y los Apóstoles. Es allí donde Él instituye la “cumbre y fuente” de nuestra vida cristiana, la Sagrada Eucaristía. Estamos allí cuando Él nos da el don del sacerdocio real, por medio del cual nos entrega su presencia real para siemrpe, especialmente, por medio de los sacramentos. Vivimos y celebramos su mandato a servir y amarnos los unos a los otros, simbolizado por del lavatorio de los pies, como lo hizo Él con los Apóstoles durante la Última Cena.

El Viernes Santo, en verdad estamos allí. Lo seguimos durante los acontecimientos de Su Pasión. Caminamos con Él hacia la Cruz. Estamos, al pie de la Cruz, con su Santa Madre, María, y el discípulo amado y con las mujeres. Estamos allí cuando entrega su vida por el perdón de los pecados, destruyendo el poder de la muerte y abriendo el camino hacia la vida eterna. Somos testigos del sacrificio que Él ofreció en el altar de la Cruz, el cual se renueva sacramentalmente para nosotros en cada celebración del Sacrificio Sagrado de la Misa en los altares de nuestras iglesias.

Y sólo entonces, en la Vigilia Pascual y en el Domingo de Pascua, podemos llegar ante la tumba vacía y acompañar a María Magdalena y, después, a los Apóstoles, y ver que Él no está allí. Resucitó, como lo prometió, y nos ofrece la vida eterna. Volvemos a cantar “aleluya”, la palabra que habíamos ayunado durante nuestro peregrinaje cuaresmal hacia los misterios pascuales.

Estos son los eventos más importantes acontecidos en la historia humana, desde la fundación del mundo, en el gran acto de la creación, realizado por Dios. Como dije antes, no recordamos estos hechos como recordamos un cumpleaños, una boda o cualquier otro evento importante de nuestras vidas. Los vivimos de nuevo, los hacemos presentes y nosotros nos hacemos presentes en aquellos eventos.

En nuestras parroquias, en cada Misa, durante todo el año, también recordamos y hacemos estos eventos presentes de un modo sacramental. Por eso, la participación en la Sagrada Eucaristía dominical y días de obligación es de importancia crucial para la vida de todos los cristianos, como discípulos verdaderos del Señor.

No me daré por vencido. Por favor, miren dentro de su corazón y pregúntense, ¿por qué no querrían entrar plenamente dentro de los eventos de nuestra salvación en Cristo? ¿Por qué no querríamos mostrar nuestro amor y gratitud for el gran acto de misericordia que Dios nos mostró en la pasión, muerte y resurrección de su amado Hijo? ¿Qué es lo más importante?

Espero verlos a todos ustedes en el Jueves Santo y el Viernes Santo. Tengan ustedes una bendita Semana Santa y una gloriosa Pascua de Resurrección. ¡Dios los bendiga!