El orgullo es el origen y la raíz de todos los pecados y ha sido un problema crónico desde los orígenes de la humanidad. La excesiva autoestima y la autosuficiencia han aumentado en la cultura moderna, dijo el arzobispo Alexander Sample en la predicación de su homilía del 5 de julio, en la misa transmitida desde la Catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción en el noroeste de Portland.

"Esta parece ser la era del narcisismo", dijo el arzobispo, contándose entre aquellos que luchan por pensar demasiado en sí mismos. "El orgullo y el narcisismo traen el mal, el sufrimiento, el pecado y la muerte al mundo. No dan vida. Sólo destruyen."

Cuando Jesús dijo a sus seguidores que se hicieran como niños pequeños para que pudieran entrar en el Reino de Dios, fue un llamamiento a la receptividad, no un llamado a la aceptación ignorante, dijo, agregando que aquellos de la cultura inclinada al orgullo tienden a criticar a las personas religiosas por ingenuas. El arzobispo argumentó que los creyentes no rechazan la razón humana.

"Tenemos todas las razones lógicas para creer en todo lo que Dios nos ha dado", dijo el arzobispo, explicando que una vez que conocemos a Dios por la razón, naturalmente aceptamos las verdades que El revela. Algunas revelaciones no pueden ser comprendidas por la razón humana, pero no contradicen la razón humana, dijo el arzobispo.

Compartiendo con los espectadores que fue entrenado como ingeniero, el arzobispo dijo que la ciencia, la razón y la fe se relacionan e hizo referencia a grandes mentes de la iglesia como San Agustín, Santa Catalina de Siena, Santo Tomás de Aquino y Santa Teresa de Ávila.

“Estas personas no eran ignorantes”, dijo. “Ellos fueron increíblemente dotados con una gran inteligencia. Ellos pudieron sostener la fe y la razón juntas. Esto es lo que todos tenemos que hacer”.

En la misa transmitida en línea el 28 de junio, el arzobispo Sample llamó difícil pero esencial poner a Dios por encima de todas las cosas, incluso por encima de nuestras relaciones humanas más preciadas.

"Estamos llamados a imitar a Jesús y a tomar nuestra cruz", dijo, explicando que el resultado inesperado de entregarse a los demás es la verdadera felicidad y paz. Citó al místico español del siglo XVI, San Juan de la Cruz, quien escribió que el único camino hacia el matorral del amor y la misericordia de Dios es a través de la espesura del sufrimiento.

“La gente quiere a Cristo sin la cruz”, dijo el arzobispo. “Eso no es posible”.