Encontré un poema que me parece algo depresivo. Se llama “El Hombre Indispensable” (The Indispensable Man). Una parte del poema dice así: 

“Toma un balde y llénalo de agua, 

Sumerge en él tu mano hasta la muñeca, 

Sácala y el espacio que quede, 

Es una forma de medir cuánto te extrañarán”.

Personalmente pienso que esta es una forma muy pesimista de contemplar nuestro tiempo en este mundo. Me gustaría creer que nuestro tiempo en el planeta, tiene un efecto más grande en las vidas de aquellos con quienes compartimos. También creo que el “efecto dominó” de cómo impactamos las vidas de los demás perdura más allá de nuestra breve existencia.

En otras palabras, todos tenemos la oportunidad de dejar atrás un legado cuando partimos de este mundo. Piensa en algunas de las personas que has conocido y en cómo te han impactado a ti y a tus seres queridos. Te apuesto que puedes dar fe de los efectos duraderos que su vida tuvo en ti y en los demás.

Una vez me encontré a un hombre joven con su esposa e hijos en el almacén de herramientas. Él me dijo que yo probablemente no lo recordaba, pero que durante mi primer año de pastor pasé algún tiempo hablando con él. En ese momento, el tenía problemas con su fe Católica y lo que le dije en ese momento tuvo un gran impacto.  Él regresó a su fe, la mujer con la que después se casó, se volvió Católica por su testimonio, y ahora, están educando a sus hijos en la fe. ¿Cuál será el efecto dominó en las generaciones por venir? Aquel hombre, estaba dejando un legado de fe basado en un encuentro con un joven e inexperimentado sacerdote.

Además de las interacciones que tenemos y del servicio que le prestamos a los demás y que puede tener un efecto duradero, existe otra forma de dejar un “legado de fe” para las generaciones futuras. Esto se hace a través de los arreglos preestablecidos de donación. Bien sea en nuestro testamento, fiducia o de otras formas, tenemos la oportunidad de ayudar a las generaciones futuras a través de las bendiciones materiales que hemos recibido en esta vida.

Hay muchas causas valiosas que podemos recordar en nuestra herencia, pero lo que he observado durante los últimos años es que los Católicos no siempre piensan en la Iglesia cuando llega el momento de planear su legado. No sé exactamente porque es esto. Tal vez, algunos piensan que la Iglesia tiene muchos recursos financieros para cuidar de ella y de su futuro. Sin embargo, hablando con toda seriedad, esto no es así.

Mientras contemplamos el futuro, me preocupa que la Iglesia del Oeste de Oregón tal vez no tenga los recursos financieros suficientes para cumplir con la misión que nos encargó Jesucristo. La generación que realmente ahorró y acumuló suficiente riqueza como para heredarla, puede dejar una recompensa eterna y muchas de las generaciones más jóvenes no disfrutan de los mismos recursos como para dejarlos como legado.

Hay tantas cosas que me gustaría que pasaran en nuestra Iglesia local, en esta Arquidiócesis,  en términos del ministerio, de la evangelización, los programas de divulgación pero no tengo los recursos financieros para hacer que esto suceda. Actualmente sólo hemos alcanzado el 85% de nuestra meta para el programa Archbishop’s Catholic Appeal (ACA por sus siglas en inglés), y eso pone una fuerte carga sobre nuestro presupuesto.

Planear dejarle una donación a la Iglesia sería una magnífica forma de darle las gracias a Dios por todas las bendiciones que Él ha derramado en tu vida y por el enriquecimiento de tu fe a través de la vida pastoral y sacramental de la Iglesia. Este legado para la Iglesia puede ser para tu parroquia, para los ministerios de la Arquidiócesis, para nuestras escuelas católicas, para apoyar a nuestros seminaristas y jóvenes sacerdotes, o de muchas otras formas en las que puedes ayudar por generaciones venideras a unir a los demás en el amor a Cristo.

 Por favor, considera durante tu oración, cómo puedes ayudar a asegurar la misión futura de la Iglesia a través de una donación planeada. De todas las causas dignas a las que uno puede contribuir, ¿qué puede ser más importante que la de unir a los demás con Cristo y finalmente con nuestro destino eterno en el cielo?

Yo ya he hecho mi propio plan de donación para cuando abandone este mundo. Mi herencia no será mucha, pero cada centavo que quede cuando fallezca será para la Iglesia y para varios ministerios directamente conectados con su misión. Espero que ustedes me acompañen.

Cuando saques tu mano de ese balde de agua, puedes estar seguro que tu impacto, amor y cariño por la Iglesia nunca será olvidado.