Si usted es como yo, en las últimas semanas - quizás desde el día de Acción de Gracias – se ha excedido en el consumo de alimentos y postres de la temporada navideña. Esto pudo haber provocado ganar unas libritas de más y sentir la ropa un poco ajustada sobre todo en la cintura. Esta situación nos lleva a tomar resoluciones en el nuevo año. "Voy a volver al gimnasio". "Me voy a poner a dieta". "Voy a reducir el alcohol.” "Voy a dejar de fumar." "Voy a caminar todos los días".

Estas suelen ser las grandes resoluciones para mejorar la salud física y para ponerse en forma. Sin embargo, ¿qué hago con mi salud espiritual? Si yo tuviera que hacerme un chequeo espiritual, ¿me encontraría en buena forma? Aprovecho estas letras para sugerir algunas resoluciones en el nuevo año. La verdad es que al final de nuestra vida, a Jesús no le va a importar cuál es la medida de nuestra cintura, pero si la medida de nuestra fe, la esperanza y el amor que guardamos en nuestro corazón!

Paso a formular algunas sugerencias que no son nuevas o radicales, pero que están profundamente arraigadas en nuestra tradición espiritual católica. Cuando buscamos soluciones novedosas y rápidas para perder peso, la gente siempre nos dice que se logra adoptando el hábito de "comer menos y más saludable y hacer más ejercicio." Lo mismo aplica en la vida espiritual. Debemos acudir a los métodos probados y verdaderos que nos brinda la Sagrada Escritura y el testimonio de los santos durante los últimos 2,000 años.

Orar mucho más. Estamos prestos a dedicar tiempo extra para hacer ejercicio o llevar a cabo actividades recreativas o de ocio favoritas, pero, ¿cuánto tiempo dedicamos cada día a la oración? ¿Nos tomamos el tiempo necesario para establecer una relación con Dios? ¡Quince minutos, 20 minutos, 30 minutos o incluso una hora al día en oración, hace maravillas para el alma! La oración del Rosario, la Coronilla de la Divina Misericordia, y otros rezos devocionales son oraciones maravillosas, pero también me gustaría animar a la oración íntima y conversación personal con Dios. ¡Abre tu corazón, deténte y escucha! Además, la oración de adoración ante el Santísimo Sacramento, es especialmente fructífera, ya que disfrutamos de la luz de la presencia real del Señor.

Haz un poco de lectura espiritual. Cuando en la universidad, luchaba con mi clase de programación de computadoras, el profesor solía decir: "Si le metes basura, sale basura". En la actualidad, hay mucho desorden y distracciones con las que llenamos nuestras mentes. La verdad es que hay un montón de basura en la televisión. Es mejor llenar nuestra mente con la lectura de la Biblia, con buenos libros espirituales, o la vida y escritos de los santos. Quizás debes tomar el Catecismo de la Iglesia Católica y empezar a repasarlo.

Ayuno y sacrificio.  ¿Cuántos son conscientes de que TODOS los viernes del año (a menos que se celebre una solemnidad litúrgica) es un día obligatorio de penitencia para los católicos? Es importante hacer algún tipo de sacrificio con regularidad para que se produzca el crecimiento espiritual. Se dice que el ayuno es el "alma" de nuestra oración y le da fuerza. Jesús nos dijo que si queremos ser sus discípulos, debemos negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguirle. ¡Él no nos prometió un camino cómodo "fácil" a la santidad! El ayuno es una práctica profundamente arraigada en la Biblia y en la vida de Jesús mismo. Te exhorto a comenzar o aumentar en tu vida la práctica regular de la penitencia.

Hacer obras de misericordia y caridad. Y no se trata sólo de nosotros. A veces nos centramos en nuestras oraciones o piedad personal y nos olvidamos de que es intrínsecamente esencial y no opcional para la vida cristiana atender el prójimo. De hecho, Jesús dijo en el Evangelio que en el juicio final se nos juzgará en gran medida por el amor y la misericordia que tuvimos con los pobres y los necesitados. Así que, vamos a dedicarnos a realizar una obra concreta en favor del prójimo. Podemos dar de nuestros recursos económicos para ayudar a los pobres, mejor aún, podemos dar el regalo de nuestro tiempo. Este acto nos ayudará a crecer en el amor de Dios y el prójimo. Y de nuevo, esto no es opcional para verdaderamente, crecer espiritualmente.

Recepción regular y frecuente de los sacramentos. ¿Con qué frecuencia voy a la confesión? ¿Con qué frecuencia asisto a Misa y recibo la Sagrada Comunión? La gracia abundante nos espera en estos sacramentos. Somos una Iglesia sacramental. La Sagrada Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir Jesucristo. Cuanto más participemos en el santo sacrificio de la Misa, incluso a diario si es posible, Dios derrama sobre nosotros gracias abundantes de santificación. Además, recomiendo acudir al menos una vez por mes, al Sacramento de la Penitencia y Reconciliación. Nos confesamos cuando sea necesario, pero particularmente si hemos cometido un pecado mortal. Les exhorto a que quizás puedan comenzar a asistir a Misa diaria y a incrementar la frecuencia en la confesión. El Papa Benedicto XVI expresó en una ocasión que el camino para crecer en santidad es rezar y confesarse regularmente.

Espero y rezo para que el Año Jubilar de la Misericordia del 2016 sea para cada uno de ustedes, un año de gran renovación y crecimiento espiritual. Pero eso no sucederá a menos que nos esforcemos, mucho más que el esfuezo que conlleva el rebajar esas libras de más.

 ¡Dios los bendiga en el nuevo Año!