Supongo que tengo que hacer una pequeña confesión. Recientemente, fui a la Convocatoria de Líderes Católicos celebrada en Orlando, Florida; y llevaba muy bajas expectativas. Yo no sabía qué esperar y estaba algo escéptico sobre la intención y el resultado esperado del evento. Pero, al igual que nuestra delegación local, fui gratamente sorprendido.

La Convocatoria reunió a obispos, líderes eclesiales laicos, religiosos y diversos movimientos eclesiales y promotores de diversos apostolados e iniciativas católicas. En general, resultó ser una reunión maravillosa de la Iglesia de los Estados Unidos, dirigida a la promoción de la nueva evangelización, de la que hemos estado hablando por décadas. La delegación local de la Arquidiócesis de Portland estaba integrada por nueve líderes católicos locales.

El tema de la Convocatoria fue “La Alegría del Evangelio”, tomado de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, Evangelii Gaudium. Y, realmente vivimos una gran alegría, mientras reflexionamos juntos sobre el desafío de llevar el Evangelio al mundo en nuestro tiempo, que es nuestro llamado como discípulos de Jesucristo.

Debemos recordar que las palabras finales de Jesús antes de regresar al Padre nos dieron la misión de la Iglesia hasta que Cristo venga en gloria. Estas palabras son la orden que nos pone en marcha, como Cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios que somos: “Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia” (Mateo 28, 18–20).

Como Iglesia local en el oeste de Oregon, es nuestra responsabilidad llevar la verdad salvadora de Jesucristo a la gente de nuestro tiempo y en este lugar. Como dice una expresión común: “Si no ahora, ¿cuándo? Si no es aquí, ¿dónde? Si no lo hacemos nosotros, ¿quién?”

Me gustaría compartir con todos ustedes tres aspectos clave de la Convocatoria:

En primer lugar, el Santo Padre nos ha llamado a ser “discípulos misioneros” de nuestro Señor y de nuestra fe católica. No basta con sentirse satisfecho y feliz en nuestra vida cómoda, en nuestras comunidades parroquiales. Somos llamados a “salir” al mundo con una nueva evangelización, compartiendo la Buena Nueva de nuestra redención en Cristo. Debemos ser conscientes de que mucha gente fuera de la Iglesia piensa que nosotros somos como un club cerrado, privado y exclusivo. Ciertamente no lo somos, pero ¿por qué existe esta percepción común? Necesitamos cambiarla.

Segundo, el Santo Padre nos ha llamado a salir a las “periferias” con esta verdad salvadora. Nos comprometemos con la gente en las periferias, no para dejarlos allí donde están, sino para trabajar arduamente para llevarlos a la plenitud de vida en Cristo, en el corazón de la Iglesia. Las periferias pueden ser sociales, económicas y geográficas, por supuesto. Pero también hay las “periferias existenciales” donde nos encontramos con personas que están lejos de la vida de la Iglesia por varias razones.

Esto puede incluir a católicos alejados, y me atrevo a decir que incluye a algunas de las personas que están sentadas a nuestro lado durante la misa dominical. Puede incluir personas que se autoidentifican como católicos, pero que no abrazan completamente la verdad de nuestra fe y pueden estar al borde de alejarse. Necesitamos ayudarlos a llegar a la plenitud de vida en Cristo, haciendo que sus corazones ardan por el Evangelio.

Pero primero tenemos que encender el fuego en nosotros. Esto me lleva al tercer aspecto clave de la Convocatoria. Necesitamos confianza para saber que poseemos un mensaje de salvación para el mundo entero. Lo que todo ser humano anhela está en la profundidad de nuestra alma, aunque puede que ellos no lo comprendan plenamente. Incluso puede ser que ellos se muestren un poco hostiles con nosotros en este momento. Con amor, fe y confianza nacidos del Espíritu Santo, debemos llevarles a Cristo y luego, debemos llevarlos a ellos a Cristo en la Iglesia.

Nuestra delegación continuará reflexionando sobre nuestras vivencias de la Convocatoria y seguirá trabajando en la estrategia para ser instrumentos dóciles del Espíritu Santo en esta gran obra evangelizadora: la misión de la Iglesia. Manténganse al tanto.