Recientemente, tuve la increíble experiencia de dirigir una peregrinación a Fátima, Portugal. Los peregrinos eran de la Arquidiócesis de Portland, principalmente. También visitamos otros lugares de peregrinación, incluyendo Santiago de Compostela, España. Debo decir que, para mí, fue uno de esos momentos cruciales en mi propia vida de fe y en mi propio viaje espiritual.

Durante mucho tiempo he tenido una gran devoción a nuestra Santísima Madre, especialmente bajo sus títulos de Nuestra Señora de Czestochowa y Nuestra Señora de Guadalupe. De hecho, consagré mi vocación sacerdotal a Nuestra Señora hace 31 años, cuando estaba iniciando mis estudios de seminario. Con frecuencia, y al menos una vez al año, renuevo esa consagración.

La historia de Nuestra Señora de Fátima me ha fascinado desdeque yo era pequeño, aunque no recuerdo exactamente cuándo tuve conciencia de ella. Hace mucho tiempo que he querido visitar Fátima y, el viaje por fin se hizo realidad en ocasión del primer centenario de las apariciones de Nuestra Señora, quien se apareció en 1917.

¿Por qué debemos creer en la autenticidad de estas apariciones de Nuestra Señora de Fátima? ¿Por qué la Iglesia y, especialmente los Papas, han dado credibilidad a su veracidad? En gran parte y entre otras razones, por el milagro del sol.

El 13 de octubre de 1917 aproximadamente 70,000 personas se reunieron en la Cova de Iria para presenciar una señal, prometida a los pastores por nuestra Señora, que probaría que había aparecido y hablado con los niños. Ese signo fue dado y presenciado por todos los presentes.

Había estado lloviendo todo el día, y la gente y el suelo estaban empapados mientras la gente andaba por el lodo. El sol salió repentinamente detrás de las nubes y comenzó a palpitar y girar en el cielo, mostrando varios colores. Los testigos dicen que el sol “bailó” en el cielo mientras se movía. El sol empezó a crecer y pareció venir hacia la tierra, y la gente comenzó a entrar en pánico y exclamar oraciones de petición y contrición, pensando que esto podría ser el fin.

De repente, el sol volvió a su lugar en el cielo y todo estaba en calma. La gente inmediatamente se dio cuenta de que su ropa y el suelo estaban completamente secos, dejando poca evidencia de lo que había hecho la lluvia en un día miserable. Incluso los reporteros ateos que habían llegado a documentar que las apariciones eran falsas y simplemente la imaginación de niños impresionables tenían que admitir y documentar lo que había sucedido, como acabamos de describir. La promesa de Nuestra Señora a los niños se realizó con ese signo, y la gente y las autoridades de la Iglesia reconocieron la autenticidad de las apariciones.

Nuestro viaje a Fátima estuvo lleno de gracia. Tuve el privilegio de dirigir el Rosario y la procesión de velas y más tarde celebrar la Misa en el mismo lugar de las apariciones de Nuestra Señora. Podíamos sentir su presencia maternal. Quisiera que los fieles de la Arquidiócesis de Portland supieran que yo puse a los pies de nuestra Señora peticiones y oraciones especiales para nuestra Iglesia local. Éstas incluían oraciones para todos los fieles, para nuestros sacerdotes y para las vocaciones sacerdotales más santas.

¿Cómo respondemos a este acontecimiento y al reconocimiento de la Iglesia a las apariciones de Nuestra Señora de Fátima? ¿Puedo sugerir, e incluso insistir en dos cosas?

Insto a todos los hombres, mujeres y niños, a todos los sacerdotes, diáconos y religiosos a rezar diariamente el Rosario. Nunca debemos subestimar el poder de la oración, y especialmente el Rosario. Ciertamente, debemos ser activos y trabajar en la evangelización y las obras de misericordia, pero éstas deben ser apoyadas por nuestras oraciones. Si lo hacemos y oramos por nuestra Arquidiócesis, creo firmemente que ocurrirían cosas grandes e incluso milagrosas en nuestra Iglesia local.

En segundo lugar, insto a todos a practicar la devoción de los cinco primeros sábados, como pidió nuestra Señora. En cinco sábados consecutivos, e incluso más allá, vaya a confesarse, recibir la Sagrada Comunión, rezar el Rosario y meditar durante 15 minutos los misterios del Rosario, con la intención de hacer una reparación al Corazón Inmaculado de María y rogar por la conversión de pecadores, empezando por nosotros mismos.

He consagrado solemnemente la Arquidiócesis de Portland al Inmaculado Corazón de Nuestra Señora de Fátima. Pero esta consagración debe ser vivida en los corazones y mentes de los fieles para que tengan pleno efecto. Estoy profundamente convencido de que esto tendría un efecto increíble en nuestra misión como Iglesia en el Oeste de Oregón.