Elegí un tema difícil para este chat de capilla. Voy a hablar esta semana sobre el significado cristiano del sufrimiento. ¿Por qué elegir un tema así ahora mismo?

Bueno, echa un vistazo. Siempre hay sufrimiento en el mundo, lo sabemos, pero vivimos en una época en la que creo que hay un tipo particular de sufrimiento que ha ocurrido en la vida de tantos.

Hemos venido sufriendo a través de esta pandemia, estamos sufriendo con estas terribles divisiones en nuestro país y los remanentes de males como el racismo y el malestar social.

Aquí en Oregon hemos tenido estos pavorosos incendios forestales que han afectado terriblemente las vidas de tanta gente.

Así que supongo que a pesar de que sabemos que el sufrimiento siempre está ahí, en este momento está un poco “en nuestra cara”.

Más tal vez en el curso habitual de las cosas y por lo tanto es importante para un cristiano entender el significado del sufrimiento. Sé que suena un poco como un pretexto al decir que hay un cierto misterio en el sufrimiento y ciertamente lo hay.

No podemos comprender completamente el plan de Dios al permitir el sufrimiento en el mundo, pero hay mucho que podemos decir al respecto sin agotar completamente el misterio que ciertamente está allí.

Hay sufrimiento a nuestro alrededor. Vemos sufrimiento causado por causas naturales, eventos naturales que ocurren todos los días. Vemos cosas como incendios forestales, pero también vemos cosas como pandemias, huracanes, tornados y sequías para que sepamos que en el curso de la naturaleza hay muchas cosas que causan sufrimiento al ser humano.

Pero hay mucho sufrimiento causado por la acción humana. Sufrimiento causado por las acciones inmorales y malignas de las personas contra las personas. Así que eso también es una parte de la realidad del sufrimiento en nuestro mundo de hoy, el sufrimiento causado por los seres humanos.

Ahora, ¿por qué, esto que llamamos en teología y filosofía, por qué es tan importante que pensemos en este problema del sufrimiento?

Bueno, una de las razones es que el sufrimiento que tanto vemos en el mundo a lo largo de la historia, es un verdadero obstáculo en la convicción para muchas personas.

De hecho, para algunas personas es un obstáculo para creer en Dios. Decimos y sabemos ciertas cosas acerca de Dios.

Sabemos que es Dios es Omnisciente, Omnipotente, Todopoderso y sabemos que es la bondad perfecta, que todo es bueno.

Y así, el problema para muchas personas es, "si Dios Omnisciente, Todopodero y bueno, conoce la realidad del mal, tiene el poder de detenerlo y si es un buen Dios entonces ¿por qué no lo hace?”

Así que les lleva a decir, bueno muchas personas suelen decir "no hay Dios", o algunos podrían decir incluso, "bueno, Dios no es del todo bueno”, o "no es Todopoderoso. Tal vez no lo sabe todo y no puede verlo todo”. Pero sabemos que esas cosas son verdaderas acerca de Dios, así que ¿qué hacemos con esto? ¿Cómo lidiar y luchar con este problema del mal y el sufrimiento en el mundo de hoy?.

Bueno, un enfoque cristiano es éste; desde el primer punto de vista es darse cuenta de que todo sufrimiento es el resultado del pecado.

Ahora bien, esto podría parecer extraño para algunos de ustedes, porque cuando observamos el sufrimiento de personas inocentes, o cuando vemos sufrimiento que no es causado por la acción humana decimos “bueno, ¿cómo es ese pecado?”.

Tenemos que recordar que vivimos en un mundo caído.

Dios no creó el universo y la tierra con todas sus criaturas vivientes grandes y pequeñas y Su criatura más grande de ellos, el ser humano, creado a su imagen y semejanza, no los creó con el mal.

Dios no creó un mundo que incluyese el sufrimiento.

De hecho, hubo ciertos dones conferidos a nuestros primeros padres que los llamamos los “dones sobrenaturales”; no entraremos en detalles sobre esto, pero fueron regalos especiales dados a nuestros primeros padres que los preservaron del sufrimiento e incluso los hubieran preservado de la muerte tal como la conocemos a medida que la experimentamos. Esa muerte del cuerpo y la separación del cuerpo y el alma en la muerte.

Entonces, el pecado entró en el mundo a través de la caída de nuestros primeros padres y llamamos a ese pecado, por supuesto, el pecado original.

Creo que algunas personas hoy y tristemente algunos católicos piensan, “bueno, toda esa cosa del pecado original es sólo parte de un mito antiguo”. Pero no lo es, es un elemento esencial de nuestra fe.

Si no entendemos la realidad del pecado original entonces nada más tiene sentido realmente. En las Escrituras, y ciertamente en la vida de Jesucristo, nuestro Salvador.

Así que tenemos que reconocer que vivimos en un mundo caído.

Este mundo caído ha dado lugar a la alienación de la persona humana por la naturaleza, incluso y con seguridad la alienación entre las personas.

Así que cosas como estos desastres naturales y enfermedades, ese tipo de cosas que no son el resultado de la acción humana son parte de un mundo caído, una creación caída.

La creación misma está herida por ese pecado original y eso podría ser un poco difícil de comprender, pero no fueron sólo los seres humanos los que se vieron afectados por ese pecado, sino esta perfecta armonía, belleza y bondad que Dios puso en Su creación original. 

Todo ha sido lastimado por el gran pecado de desobediencia de nuestros primeros padres el cual destruyó la armonía, la unidad perfecta y la tranquilidad de la creación, lo que llamamos el paraíso.

El ser humano ya no podría simplemente comer de los árboles que Dios proporcionó, ahora tendría que trabajar duro. Y están los pecados personales, todos heredamos el pecado personal.

Y aunque eso se aleje de nosotros en la consagración del Bautismo, las consecuencias del pecado original, los efectos de ese pecado original todavía están con nosotros. Y aún vemos que la gente utiliza la libre voluntad que Dios les ha dado para hacer el mal. Y hacer el mal a otras personas.

Todo esto es la realidad en la que vivimos, del mundo en el que vivimos.

El universo, la creación en la que vivimos que ha caído, que ha sido herido por ese pecado original que luego nos lleva debido a nuestra tendencia al pecado ahora (concupiscencia) conduce a pecados humanos que causan gran sufrimiento, ese sufrimiento causado por los seres humanos y su crueldad hacia los seres humanos semejantes.

Entonces, vivimos en un mundo desfallecido que ha caído debido al enemigo, el enemigo de Dios. Satanás y los otros ángeles caídos. Y de nuevo, esto no es una especie de mito antiguo que debemos descartar, esta es la realidad en la que vivimos.

San Pablo nos recuerda que nuestra batalla no es con los poderes y ejércitos terrenales; nuestra batalla, la guerra espiritual es con realidades espirituales.

Y así el enemigo de Dios, el ángel caído y todos sus secuaces entraron en la escena y corrompieron a nuestros primeros padres y a través de esa tentación en el huerto del Edén, los condujo al pecado, los llevó lejos de Dios, los llevó a creer que podían estar sin Dios, que podían ellos mismos ser dioses.

¿No es esa la gran tentación de la raza humana de querer ser Dios? Querer tener todo el poder, todo el control, todo. Y no necesitar a Dios, no tener que confiar en un Creador que es la fuente de todo ser en el universo.

Así que, ese es el estado en el que estamos.

Por todo esto necesitábamos un redentor. Por eso el mundo necesitaba un redentor para levantar un mundo caído y redimirlo.

Esa es la razón por la que Jesús vino, el Hijo eterno de Dios vino para redimir al mundo. Para arreglarlo por así decir, para arreglar el desorden. Aunque vamos a hablar de eso, los efectos de la misma están tristemente todavía con nosotros. Tiene un significado diferente en Cristo.

El sufrimiento, el mal que vemos en el mundo adquiere un nuevo significado.

Porque con el misterio de la palabra se hizo carne, el misterio del Hijo Eterno de Dios y lo que hizo en Su carne. transformó el significado del sufrimiento en el mundo.

¿Y cómo vemos esto, cómo sabemos ésto? ¿Qué significa eso?

Dios vino a nuestro rescate. Estábamos perdidos sin esperanza y en el peor estado de todos los tiempos.

No sólo teníamos el sufrimiento que vemos en el mundo a nuestro alrededor, sino que no había esperanza. No había esperanza más allá de este mundo, esto era todo. Porque fuimos alienados de Dios en este mundo caído. Y así Dios vino a nuestro rescate. El Nos quiere mucho.

¿Qué leemos en Juan 3:16, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. “Porque Dios amaba tanto a Su mundo. Amaba Su creación, amaba a Sus hijos e hijas hechos a Su semejanza que vino a nuestro rescate. Y esa es toda la historia de la historia de la salvación que leemos en la Biblia.

Pero, ¿cómo nos salvó Dios? ¿Cómo nos levantó Dios? ¿Cómo nos redimió Dios? A través del sufrimiento.

Por medio del sufrimiento de Su Hijo a quien envió para ser nuestro Salvador, nuestro Redentor. Ahora bien, cuando la Palabra eterna, el Hijo de Dios se hizo carne en el seno de la Virgen María, abrazó la realidad total de la persona humana.

El No se apareció en el mundo y vino de una manera en la que era inmune a todos los sufrimientos de la raza humana. No, entró directamente en la realidad humana abrazando todo excepto el pecado, incluyendo el sufrimiento, y no fue sólo Su sufrimiento en la cruz de lo que estamos hablando. Jesús vivió una vida humana plena con todo el sufrimiento que proviene de eso.

La gente ya no puede decir más es porque es Dios, Jesús es Dios, que ha venido en la carne que ha entrado en la escena humana, ha entrado en Su creación tomando una naturaleza humana.

No es trascendente sólo ahora, sino que es inminente.

Está presente en Su Hijo Jesús y la gente ya no puede decir, por ejemplo, que Dios no sabe lo que es estar sin hogar, porque no había lugar para ellos en la posada.

Nadie puede decir que Dios no sabe lo que es ser pobre, El nació en un pesebre, un comedero para el ganado. Y Jesús vivió una vida de pobreza.

La gente ya no puede decir que Dios no sabe lo que es estar en un albergue, huir de la persecución porque tuvo que huir con sus padres a Egipto para escapar de Herodes que lo perseguía para matarlo.

Nadie puede decir que Dios no sabe lo que es lamentar la pérdida de un ser querido, porque El lloró en la tumba de su amigo Lázaro.

Y así Jesús experimentó todo esto, experimentó el rechazo, las burlas, el odio de los demás, las persecuciones de los demás.

Ser expulsado de las ciudades. Vivió una vida difícil. Sabemos que lo pasó mal en la vida como un ser de este mundo. Y así tenemos un Dios que no sólo desde la distancia simpatiza con nuestro sufrimiento, sino que lo acepta.

Ha venido a abrazarnos a todos, incluyendo todo el sufrimiento de la condición humana.

Creo que esto hace parte del gran misterio del amor de Dios por nosotros.

Esto es inimaginable, Dios no nos necesitaba en primer lugar. Era perfecto en sí mismo. Fue creado por amor y por ese amor mostró Su bondad en Su creación. Y en la persona humana creada a Su imagen y semejanza.

Dios no necesitaba a ninguno de nosotros y ciertamente no nos necesitaba para rebelarnos contra El a través de nuestro pecado, el primer pecado de Adán y Eva y los pecados originales y nuestros propios pecados personales.

Pero aún nos ama y viene a nosotros. Entra en nuestra realidad en la creación en nuestra condición humana aceptándola totalmente.

Qué cosa tan increíble es conocer acerca de Dios. Qué increíble es Dios.

Y, por supuesto, en el acto de la redención Jesús incluye el sufrimiento supremo, Su pasión en la muerte y la crucifixión. Fue traicionado por un amigo. Fue negado por su amigo Pedro. Se sometió a los escupitajos y las burlas y la flagelación y la corona de espinas.

Llevando Su cruz y en esa cruz tomando todo el pecado del mundo sobre Sí mismo y lo clavó en la cruz. Este es el amor de Dios por nosotros.

Cuando miramos el crucifijo debemos ver el amor de Dios.

Este es el amor de Dios derramado por nosotros. Tomó todo nuestro pecado, todo el pecado que causa el sufrimiento del mundo sobre Sí mismo. Y allí en la cruz lo destruyó. Lo perdonó, lo aniquiló y destruyó la muerte misma. Muerte eterna para nosotros.

Y es esta cruz la que aporta el significado a nuestro sufrimiento ahora. El sufrimiento sigue con nosotros porque las consecuencias, los efectos del pecado original todavía están con nosotros, la concupiscencia en la creación caída.

Sólo cuando Cristo vuelva en gloria y haya un nuevo cielo y una nueva tierra; lo que oramos en la liturgia del funeral para que no haya más lágrimas, será borrado, no habrá más sufrimiento, sino sólo cuando Dios lleve Su plan a plenitud.

Pero mientras tanto todavía sufrimos los efectos, las consecuencias del pecado original en el mundo que es redimido.

El sufrimiento ha sido redimido y ese es el punto importante que este sufrimiento que ha sido redimido por Cristo y ahora tiene un valor redentor, el sufrimiento tiene valor.

Sé que eso suena loco para la gente, pero Cristo ha dado sentido al sufrimiento humano. Y

a no es sólo un mal que no tiene ningún propósito, no tiene relación con otra cosa, es pura miseria, sino que en Cristo adquiere un significado redentor. Porque participamos en el acto redentor de Cristo.

San Pablo dice que nosotros, el cuerpo de Cristo, formamos en nuestro propio cuerpo lo que faltaba en el sufrimiento de Cristo por la salvación del mundo. Participamos en el sufrimiento mismo de Cristo, pero nuestro sufrimiento se transforma en Cristo, se toma en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo y se eleva y adquiere ese valor redentor.

Hay una gran carta pastoral que escribió el Papa San Juan Pablo II. Es una carta increíble y por desgracia no es una de las obras de San Juan Pablo II tal vez más conocido se llama Salvifici Doloris, el significado cristiano del sufrimiento.

Quiero leerles unas breves citas de esta increíble carta pastoral, carta apostólica del Papa Juan San Pablo II. Dice esto:

“En la cruz de Cristo, no sólo se ha cumplido la redención mediante el sufrimiento, sino que que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido. Cristo sin culpa propia asumió la maldad total del pecado. La experiencia de este mal determinó la incomparable extensión del sufrimiento de Cristo, que se convirtió en el precio de la redención”.

Ustedes saben que pensamos que el mayor sufrimiento de Cristo fue el sufrimiento físico que sufrió en la pasión y la crucifixión. Pero el mayor sufrimiento es asumir sobre Sí mismo la realidad total del pecado, del mal y llevarlo a la cruz.

Creo que de eso se trataba su agonía en el huerto. Estaba tomando sobre Sí el sufrimiento, el mal, este pecado del mundo.

"Al llevar a cabo la redención a través del sufrimiento, Cristo también elevó el sufrimiento humano al nivel de la redención. Así, cada hombre en su sufrimiento también puede llegar a ser parte del sufrimiento redentor de Cristo.

Los que comparten el sufrimientos de Cristo tienen ante sus ojos el misterio pascual, la cruz y la resurrección en la que Cristo desciende en la primera fase hasta los límites finales de la debilidad y la impotencia humana. De hecho, muere clavado en la cruz. Pero al mismo tiempo en esta debilidad se logra Su elevación confirmada por el poder de la resurrección.

Entonces esto significa que las debilidades de todos los sufrimientos humanos son capaces de ser infundidas con el mismo poder de Dios manifestado en la cruz de Cristo.

En el concepto de sufrir significa venir particularmente susceptible, particularmente abierto a la obra de los poderes salvíficos de Dios ofrecidos a la humanidad en Cristo.

En El, Dios ha confirmado Su deseo de actuar especialmente a través del sufrimiento, que es la debilidad del hombre. Una entrega de sí mismo y desea dar a conocer Su poder precisamente en la debilidad de entregarse el mismo."

Esto es lo que Cristo hizo en la cruz. Se entregó totalmente y nosotros nos entregamos con nuestro sufrimiento ciñendo la cruz.

Recuerda que Jesús dijo: "Si quieres ser mi discípulo tienes que tomar tu cruz todos los días y seguirme”.

Pero El también nos dice que Su yugo es fácil y Su carga es ligera cuando está unida a Su sufrimiento en la cruz porque entonces es tomado en la redención.

El no quita el sufrimiento y todos hemos sufrido pero adquiere un significado completamente nuevo porque lo vemos a la luz del acto redentor de Cristo. Y nos damos cuenta de que estamos participando en la redención del mundo de Cristo a través de nuestro sufrimiento unido al de El y debemos recibir un gran consuelo en esto porque al final está la resurrección. Al final, todo sufrimiento termina.

Sabemos que el mundo está muriendo como dice Jesús, el mundo como sabemos está muriendo. Pero al final está la gloria de la resurrección. Y todo el sufrimiento, nuestro propio sufrimiento, el sufrimiento del mundo, el sufrimiento de los inocentes serán llevados a la gloria de una nueva vida, en una nueva creación en la resurrección.

Lo que me gustaría pedirles que hagan espiritualmente cuando vengan a misa, cuando puedan ir a misa; tristemente con estos días debido a este sufrimiento que estamos soportando, cuando el sacerdote esté ofreciendo el pan y el vino en el altar, durante el ofertorio, ofrezca su vida, entregue su sufrimiento en la copa del pan y el vino, ponga todo en el cáliz del vino.

Únase espiritualmente de esa forma en el ofertorio y ofrézcanse en unión con el pan y el vino. Nos ofrecemos en unión con el pan y el vino y nuestro sufrimiento es llevado a Cristo y transformado por nuestra redención y salvación.



Transcrito y traducido por Patricia Montana

De El Centinela