Durante los últimos meses, el flujo constante de malas noticias relacionadas con la actual crisis de abusos sexuales en la Iglesia, especialmente en lo que se refiere a las fallas que cometieron algunos Obispos, me ha hecho reflexionar acerca de mi propio ministerio. Como a muchos de ustedes, estas revelaciones y eventos me han afectado profundamente, y he considerado este asunto a fondo en mis oraciones y reflexiones.

Uno de los puntos más fructíferos de mi propia meditación y reflexión ha sido recordar lo que quería mi corazón el día de mi ordenación sacerdotal, hace casi 29 años. ¿Qué pensaba y esperaba ese joven el día de su ordenación como sacerdote?

Yo puedo decirles lo que pensaba ese joven. Yo quería ser pastor, sacerdote y padre espiritual al servicio de Jesucristo y el santo pueblo de su Iglesia. Quería estar disponible para ayudar a enseñar y catequizar al pueblo de Dios. Quería celebrar los sacramentos, especialmente el Santo Sacrificio de la Misa y el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación.

Quería estar con las personas en los buenos y los malos momentos, en los éxitos y fracasos de sus vidas, y en las dichas y las tristezas que experimentarían. Simplemente, quería acompañar a las personas confiadas a mi cuidado pastoral en su camino espiritual, llevándolos a una vida más profunda en Jesucristo y finalmente al Reino de Dios.

También puedo contarles lo que NO estaba en mi corazón el día de mi ordenamiento como sacerdote. Lo que menos pasaba por mi mente era la idea de que un día yo sería llamado al ministerio del Obispo. En todos mis años de vida sacerdotal y de ministerio, nunca tuve ninguna ambición o deseo de ser Obispo. Lo que realmente quería ser era pastor de almas.

No obstante, el llamado de Cristo llegó a mí a través de su Iglesia y me pidió que aceptara esta responsabilidad. Siendo Obispo de una diócesis muy pequeña y rural de la zona norte del medio oeste, nunca esperé ser llamado a convertirme en Arzobispo aquí, en el hermoso Noroeste. Habiendo dicho esto, he asumido este llamado con gran satisfacción y he tratado de hacer lo mejor para ser Obispo y pastor del corazón de Jesucristo.

Sin embargo, uno de los peligros de mi posición, especialmente como Arzobispo de una arquidiócesis muy diversa y compleja, es caer en la tentación de dejarse absorber por los detalles administrativos y las cargas del oficio. Esto puede distanciar al Obispo de sus sacerdotes y su pueblo. Esto es particularmente cierto en esta arquidiócesis del oeste de Oregón que es tan extensa geográficamente. Muchas de las buenas personas confiadas a mi cuidado pastoral viven a una gran distancia de las oficinas centrales aquí en Portland.   

Lo que realmente importa es yo no quiero que me vean como un arzobispo “Gerente”. Quiero recobrar, hasta donde pueda, ese deseo presente en mi corazón el día que me ordené como sacerdote. Quiero estar más cerca de mis sacerdotes y mi pueblo, conocerlos mejor, y permitirles que me conozcan mejor como pastor. Ese siempre ha sido el deseo de mi corazón.

Por este motivo he diseñado un nuevo plan. Es una nueva forma de ejercer mi ministerio como su Arzobispo. Es un camino que espero me permita acercarme a ustedes y que ustedes también se acerquen a mí.

Comenzando en febrero de este año, planeo empezar a pasar más tiempo fuera del área metropolitana de Portland visitando las otras regiones de la arquidiócesis. Mi meta es pasar una semana al mes en otra región del oeste de Oregón. Mi primer intento de poner en práctica esta nueva forma de hacer presencia, fue a principios de febrero, cuando pasé casi una semana en el Sur de Oregón, visitando a la gente, a los sacerdotes y a los empleados de nuestras maravillosas parroquias. Mientras escribo esta columna, me estoy preparando para ir de visita a la región de la costa norte a hacer lo mismo.

Estas visitas incluirán varios elementos. Literalmente, viviré en estas regiones durante varios días. Celebraré Misa diariamente en las distintas parroquias de la región. Pasaré una hora de adoración eucarística con mis sacerdotes, seguida de una cena informal con ellos, simplemente para tener tiempo de fraternizar con ellos y de conocernos mejor. También intentaré estar disponible para reunirme con cada uno de los sacerdotes del área, siempre y cuando me lo permita el calendario. Visitaré las escuelas católicas del área y también conoceré a los sacerdotes y empleados de nuestras parroquias. Durante el fin de semana oficiaré algunas Misas, espero que en cuatro parroquias diferentes, si el tiempo lo permite.

Dentro de estos eventos se destacará una “reunión pública” abierta a todas las personas de esta región de la arquidiócesis. Esta será la oportunidad para que yo pueda interactuar con las personas como su pastor. El formato será el de una sesión de preguntas y respuestas donde trataré de responder a las necesidades pastorales, preguntas y preocupaciones de la gente. Esto cumplirá el doble propósito de hacer que el pastor conozca mejor a su pueblo y que la gente conozca la mente y el corazón de su pastor.

Mi primera experiencia poniendo en práctica este plan en el sur de Oregón fue sin duda alguna, una de las mejores cosas que he hecho en mis seis años como su Arzobispo. Estoy seguro de que seguiré comprobando el éxito del programa al extender mis visitas a otras áreas. Por ahora, mi plan es visitar el Sur de Oregón, la costa sur, la costa media, la costa norte, el área de Salem y el área de Eugene. También planeo realizar algunos eventos en el área metropolitana de Portland.

Como lo dije antes, mi meta es hacer esto una vez al mes, pero sé que no siempre será posible. Por ejemplo, durante la temporada de confirmación será prácticamente imposible hacerlo. No obstante, daré lo mejor de mí para tratar de mantenerme fiel a mis intenciones. Una vez haya visitado todas las áreas, volveré al principio de la lista y empezaré de nuevo. No pretendo que este sea un esfuerzo momentáneo sino una práctica permanente.

Les pido el favor de que recen por mí como su pastor, y espero muy pronto pasar tiempo con todos ustedes. ¡Que Dios los bendiga!