El Arzobispo Alexander Sample inciensa el altar antes de iniciar la Misa de celebración de la Vigilia Pascual, transmitida en vivo desde la Catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción, en Portland, el 11 de abril del 2020. (Ed Langlois / The Catholic Sentinel)
El Arzobispo Alexander Sample inciensa el altar antes de iniciar la Misa de celebración de la Vigilia Pascual, transmitida en vivo desde la Catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción, en Portland, el 11 de abril del 2020. (Ed Langlois / The Catholic Sentinel)
"

"No temas, ten fe, ten confianza, cree y todo se te dará en abundancia desbordante”

" Rvdmo. Sr. Alexander Sample Arzobispo Arquidiócesis de Portland

El arzobispo Alexander Sample transmitió la misa de Pascua, el Domingo de Resurrección, en directo, vía Facebook live, desde la Catedral Santa María de la Inmaculada Concepción sin feligreses, debido a las restricciones por la pandemia del coronavirus Covid-19.

En la homilía pronunciada en la Misa de la Pascua de Resurrección, el arzobispo Sample destacó que la “Resurrección de Jesucristo es el corazón y el alma de nuestra fe” y “Nosotros somos iluminados por Cristo Resucitado”.

Unas pocas personas acompañaron al arzobispo debido a las medidas decretadas por la gobernadora de Oregon para evitar el contagio del virus.

A continuación, la transcripción de la homilía que el arzobispo Sample pronunció en la misa del Domingo de Pascua.

Hermanos y hermanas, “¡Gloriosas y jubilosas Pascuas para todos!”, exclamó el arzobispo al comenzar su homilía, pasamos la Semana Santa y hemos llegado al día de la gran celebración de la Resurrección de Nuestro Señor.

Destacando las circunstancias inusuales de la Semana Santa y el Domingo de Pascua, desde la Catedral vacía, el arzobispo dijo extrañar “ver los bancos literalmente llenos a reventar con los fieles que vienen a celebrar la Resurrección de Jesús, pero aquí estamos en este tiempo”. 

“Aunque no podemos estar juntos y cantar unidos Aleluya en la iglesia, nada de esto nos puede impedir nuestro gozo de la Resurrección. ¡Jesucristo ha resucitado!”, dijo.

Hemos venido con Jesucristo de la oscuridad del Viernes Santo, del dolor y sufrimiento, de la realidad de ese día y ahora es la gloria de la Pascua y la Resurrección.

Hermanos y hermanas, La Resurrección de Jesucristo es el corazón y alma de nuestra fe.

El hecho que Jesucristo resucitó de entre los muertos es la parte central de nuestra fe. Es lo que completa nuestra fe. la Resurrección de Jesucristo es un hecho histórico.

No es una fábula o un pensamiento piadoso. Es cierto y podemos creerlo con toda firmeza a pesar de que en los últimos tiempos algunos teólogos han especulado sobre la llamada “resurrección espiritual”.

Que Jesús no se levantó realmente en el cuerpo, sino que se levantó, por así decirlo, en la mente y en el corazón de los apóstoles y los primeros cristianos y que El vivió de una manera espiritual y no de una manera física y corporal.

Esto, hermanos y hermanas, es simplemente una herejía.

Cristo verdaderamente Resucitó. En el cuerpo, en el mismo cuerpo que Jesús tomó del vientre de su Madre Virgen por el poder del Espíritu Santo. El mismo cuerpo con el que caminó sobre esta tierra. En el mismo cuerpo colgado en la cruz, el mismo cuerpo que fue puesto una vez más en los brazos de su madre al pie de la cruz, el mismo cuerpo envuelto en el sudario y puesto en la tumba, es el mismo cuerpo en el que Cristo Resucitó de entre los muertos y podemos creerlo con todo nuestro corazón.

Pero, tal vez a veces dudemos…

Realmente la única razón por la que soy cristiano, la única razón por la que soy católico, sacerdote y obispo, es porque realmente creo que Jesús Resucitó de entre los muertos. Y los apóstoles son sus testigos. Ellos son testigos, testigos de su Resurrección como lo dijo Pedro, ellos lo vieron y dan testimonio de que El está vivo.

Este Cirio Pascual es un recordatorio para nosotros de la Luz de Cristo Resucitado. Encendimos este Cirio anoche en la Vigilia Pascual. No de la manera habitual debido a estas circunstancias cambiadas; no obstante, el Cirio Pascual es la luz que representa la Luz de Cristo Resucitado, esa Luz que vino al mundo y atravesó las tinieblas del pecado y la muerte y atravesó la oscuridad dondequiera que se encuentre en nuestro mundo, incluso hoy.

Esta luz es para nosotros, el símbolo de que Cristo, la Luz del Mundo ha resucitado verdaderamente. Compartimos esta luz; me encanta el verso del Exsultet: El Pregón Pascual, que se cantó tan bellamente anoche, que dice: "Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, que arde en llama viva para la gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla”.

Nosotros somos iluminados por Cristo Resucitado, pero no nos quita nada de la luz verdadera, aunque sea compartida y se difunda entre nosotros, la luz no mengua porque todos compartimos esa luz de Cristo Resucitado.

Ahora, si has dudado de la Resurrección, te has preguntado al respecto o a veces incluso te has cuestionado si es verdad, estás en buena compañía. Porque, incluso los apóstoles dudaron de la Resurrección y esto está claramente atestiguado en los Evangelios.

Pedro, hoy en la primera lectura proclama con valentía que este Cristo que fue colgado de un árbol, verdaderamente ha Resucitado y se ha convertido en la fuente de la Vida Eterna para todos los que crean en El al traernos el perdón de nuestros pecados. El es muy fuerte en la proclamación de la Resurrección de Jesús.

Eso fue sólo después de Pentecostés, después de recibir el don del Espíritu Santo con los otros apóstoles en la habitación de la casa donde estaban reunidos.

Cuando María Magdalena proclamó a los apóstoles que Jesús había Resucitado, ellos dudaron. Les resultó difícil de creer.

De hecho, en uno de los relatos del Evangelio donde María proclama que ha visto a Jesús resucitar de entre los muertos, da la sensación de que ellos se estuvieran riendo de ella. Creen que está un poco loca. "¿Quién puede creer esto? Esto es una historia loca, es absurdo".

Incluso cuando Jesús se aparece a los apóstoles en otro relato del Evangelio, se les aparece y el Evangelio dice que estaban muy contentos. Y, sin embargo, todavía dudaban. Lo vieron, estaban muy contentos, pero aún dudaban.

Tenemos esa hermosa historia de los dos discípulos en el camino a Emaús al salir de Jerusalén para irse a casa, después de la Crucifixión, pensando que Cristo había sido derrotado y que el que pensaban que era el Mesías no lo era.

Y Jesús se les aparece y camina con ellos, comparte con ellos las Escrituras y les explica cómo todo lo que los profetas habían dicho tenía que cumplirse, incluyendo la Pasión y la Muerte, pero también la Resurrección.

Por supuesto, tenemos esa hermosa escena donde lo reconocieron en la multiplicación de los panes y que los primeros cristianos nombran en la celebración de la Eucaristía.

Y por supuesto, tenemos a Tomás dudando, ¿verdad? Tomás no creyó ni siquiera después de que sus compañeros, los otros apóstoles, le dijeron: "Hemos visto al Señor, ha Resucitado". Tomás duda: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”.

Y, cuando Jesús viene una semana después, y Tomás está con ellos y El se aparece. Tomás lo ve y proclama: "Mi Señor y Mi Dios." Jesús dice algo poderoso y hermoso, le dice a Tomás, "Tomás, ¿has creído porque me has visto? Bienaventurados los que no han visto y aún creen." Mis hermanos y hermanas, eres tú, ese soy yo.

No hemos visto a Cristo Resucitado como lo hicieron los apóstoles y, sin embargo, creemos. Creemos a los que lo vieron y en su testimonio. Y aquí estamos dos mil años después. Seguimos creyendo y proclamando su Resurrección.Mis hermanos y hermanas, mucha gente todavía duda. Muchas personas no creen, los conocemos, son compañeros de trabajo, vecinos, son aquellos con los que socializamos, incluso son miembros de nuestras propias familias, aquellos que amamos tanto, muchos de ellos no creen. Viven sin el conocimiento de la Resurrección y eso es triste. Estoy seguro de que todos son buenas personas, gente maravillosa seguramente.

Pero que triste es incluso para las personas buenas ir por la vida sin saber quienes son, por qué existen, para qué existen o quién es Dios. Cuál es el significado de su vida, cuál es el propósito de su vida. Cuál es el final de su vida y no saber que Dios tiene preparado para ellos la Vida Eterna por medio de su Hijo Resucitado de entre los muertos. Es una gran tristeza que no lo sepan. 

Mis hermanos y hermanas es nuestra tarea llevar la luz de Cristo Resucitado. La Luz de Cristo no es para nuestra custodia sino para llevarla a los demás, para ser compartida. Debemos llevar la luz a los demás, así tal como se nos ha dado de Cristo. 

Sabes que esta pandemia del coronavirus ha hecho que las cosas se detengan. Muchas cosas están en pausa en estos días. Hemos tenido que pausar el trabajo de la iglesia en estos días. Estábamos listos en la Arquidiócesis de Portland en el Oeste de Oregón para lanzar una nueva campaña, por así decirlo, de Evangelización, para salir de nuevo con entusiasmo y fervor renovados, confianza renovada para evangelizar para compartir las buenas noticias.

Un buen resumen hace la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, lo que dice Pedro, para compartir esa buena noticia con los demás, lamentablemente se ha puesto en pausa, pero una vez que atravesemos esto, eso es lo que haremos en el futuro previsible, realmente por siempre.

Nuestra iglesia está aquí para anunciar la buena noticia. Eso es lo que significa la evangelización. La evangelización proviene de la palabra Evangelium. El Evangelio, la buena nueva y la buena noticia es que Cristo ha Resucitado de entre los muertos y se ha convertido en la fuente de la vida eterna para nosotros que creemos en El.

Muchos necesitan escuchar ese mensaje de esperanza en un mundo tan oscuro a veces. Proclamamos este mensaje de vida, libertad de vida eterna, paz, alegría a aquellos que aún viven en duda, que viven con miedo, ansiedad incluso desesperación. Y todas las tinieblas y sufrimientos de todo tipo que nos llegan.

Incluso en un tiempo como este, estamos viviendo la oscuridad de esta pandemia del coronavirus, es una oscuridad, pero al llegar a este Domingo de Pascua, se nos recuerda que siempre hay esperanza y que Cristo vencerá, Cristo ha vencido.

Jesús ya conquistó el coronavirus. Puede que todavía estemos viviendo a través de él, pero él ya lo venció. El mismo dijo: "He vencido al mundo y a toda su oscuridad”, incluso a esta oscuridad por la que estamos pasando.

Hermanos y hermanas, créanme que no quiero de ninguna manera disminuir el sufrimiento de este tiempo. La perturbación de nuestras vidas, la enfermedad que tantos han experimentado incluso la muerte de tantas personas, las consecuencias económicas que nos están afectando a muchos de nosotros. Todo es real, pero Jesús ya ha conquistado esto en su Resurrección.

No tenemos nada que temer porque vivimos en Cristo. Porque en última instancia, mis hermanos y hermanas, de esto es que se trata nuestra vida, de nuestra fe, de la Resurrección y de la promesa de la Vida Eterna en Jesús.Porque aún para aquellos que tristemente perderán sus vidas durante este tiempo, Jesús ya les ha dado la Vida Eterna, la promesa de la Vida Eterna.

Y, en última instancia, la vida no se trata de la economía, no se trata de nuestro sustento que también es importante. Ni siquiera se trata de nuestra salud física corporal. Se trata de la Vida Eterna. No estamos hechos para este mundo. Nuestro destino, nuestro hogar está en el Cielo. Y estamos solo de paso en nuestro camino hacia la Vida Eterna.

Esto fue traído muy vívidamente a casa para mí personalmente hace más de dos años, mientras vi a mi propia madre salir de este mundo en su propia muerte. Después de años de sufrimiento con todo tipo de enfermedad y en esas últimas semanas donde la vi disminuir casi día a día, tan triste como era, ella se estaba preparando para pasar de este mundo al siguiente.

Y recuerdo, a ella y a mi padre como estoy seguro de que muchos de ustedes recuerdan a sus seres queridos que han fallecido, mi esperanza y mi alegría es saber que ella creía, ella creía en la Resurrección y creía en la promesa que Dios le dio y da a cada uno de nosotros.

"No temas, ten fe, ten confianza, cree y todo se te dará, en abundancia desbordante”.

Mis hermanos y hermanas participamos por primera vez en esta nueva vida en Cristo a través de nuestro entierro con él y nuestro levantamiento con él en nuestro Bautismo.

La iglesia antigua, cuando el Bautismo se hacía por inmersión, los padres de la iglesia siempre reflexionaban que cuando bajamos a las aguas y estábamos sumergidos en el agua del Bautismo era un símbolo de nuestra muerte. 

Nuestra participación en la muerte de Cristo; morir a nuestro antiguo yo y salir del agua del Bautismo era un símbolo de nuestro ascenso a una nueva vida con Cristo Jesús. Es entonces cuando en nuestro primer Bautismo participamos en esta nueva vida que Cristo ganó por nosotros en la Cruz y en la Resurrección.

Fue nuestra primera degustación de la Vida Eterna misma cuando nos dio el don de la santificación, por Gracia nos llenó de su vida, fuimos hechos hijos e hijas adoptados de Cristo verdaderamente así. Fuimos liberados del pecado original y de todos nuestros pecados, cuando nos incorporamos a su cuerpo, la iglesia.

Fue en nuestro Bautismo; por eso el Bautismo y la Pascua están tan conectados y es una verdadera tristeza que nuestros pobres Electos y Candidatos no hubieran podido participar en la comunión completa anoche en la Vigilia Pascual porque ellos están tan conectados.

Mis queridos hermanos y hermanas que son Electos y Candidatos, su día está próximo a llegar, no tendremos que esperar un año más. Tan pronto como podamos, vamos a llevarlos a esta nueva vida en Cristo. 

Así que, en esta Pascua, como siempre lo hacemos, vamos a renovar las promesas de nuestro Bautismo. Hemos estado realmente preparándonos a lo largo de la Cuaresma para este momento, para el momento de la renovación de nuestras promesas bautismales en la Pascua.

Concédenos vivir estas promesas con nuevo fervor, con una nueva fuerza, una fe más profunda debido a lo que estamos pasando y a una mayor confianza en Dios. ¡Cristo ha Resucitado! ¡Aleluya! ¡Verdaderamente ha Resucitado! ¡Aleluya! 

Transcrito y traducido por Patricia Montana/El Centinela