Recientemente, la Iglesia local del Oeste de Oregón se reunió y vivió la maravillosa experiencia de lo que significa ser el Cuerpo de Cristo en misión por el bien del Evangelio. Cuando usamos el término “Iglesia local”, estamos hablando de la Iglesia diocesana dirigida por el obispo, incluyendo a todos los miembros unidos como uno solo (sacerdotes, diáconos, laicos y religiosos consagrados). La experiencia a la que me refiero fue nuestra Asamblea Pastoral Arquidiocesana.

A la Asamblea asistieron 110 parroquias y más de 300 personas, las cuales ofrecieron sus ideas para las necesidades de nuestra Iglesia. Esto representó un gran porcentaje de las 124 parroquias de nuestra Arquidiócesis. Si su parroquia no participó en la Asamblea, lo lamento, pues necesitamos la presencia de todas nuestras comunidades de fe para ser plenamente “Iglesia local”. También lo siento porque su parroquia se perdió una ocasión maravillosa para estar con sus hermanos y hermanas de todo el Oeste de Oregón.

Entre los participantes de la Asamblea había párrocos y sacerdotes que prestan servicios en la Arquidiócesis, junto con representantes de los consejos pastorales de cada parroquia presente. Además, los miembros del personal del Centro Pastoral Arquidiocesano estuvieron presentes para ayudar y dialogar con los participantes de las parroquias. Celebramos esta Asamblea cada tres años, para enfocarnos en las prioridades y planes para la Arquidiócesis de Portland durante los próximos tres años.

Mi mensaje a la Asamblea Pastoral fue un llamado a la unidad en la misión por el bien del Evangelio y la vida de nuestra Arquidiócesis. Debemos estar unidos unos con otros y con nuestro Arzobispo para avanzar con la misión que nos confió Jesucristo, quien constituyó la Iglesia para continuar su presencia salvífica en el mundo. La mayor parte del tiempo de la Asamblea se dedicó a reflexionar y ofrecer ideas en torno a seis prioridades pastorales que se han establecido para los próximos tres años.

Estas seis prioridades pastorales fueron establecidas por mí después de una extensa consulta a varios niveles en nuestra Iglesia local. Dichas prioridades fueron examinadas por el Consejo Pastoral de la Arquidiócesis y por el Consejo Presbiteral. Posteriormente, se examinaron y agregaron aportes a nivel local, durante las reuniones de los vicariatos, que tuvieron lugar a principios de este año con los consejos pastorales de las áreas locales.

Las seis prioridades pastorales en las que centraremos nuestros esfuerzos en los próximos tres años son las siguientes:

1. Catequesis y Formación de Fe para todas las edades (adultos, jóvenes y niños): En nuestras escuelas y nuestros programas de formación religiosa parroquial)

2. Adoración y culto divino: La necesidad de renovar y reformar nuestras celebraciones litúrgicas de acuerdo con la disciplina litúrgica de la Iglesia, infundiéndoles la belleza y reverencia que exige la propia naturaleza de la sagrada liturgia

3. El Ministerio Joven de Adultos Católicos: La necesidad de conectar a los jóvenes adultos católicos y acercarlos más a la Iglesia, ayudándoles a encontrar su lugar en la misión de la Iglesia en este momento de sus vidas

4. El Matrimonio y la Vida Familiar: La necesidad de ayudar a los matrimonios y familias a realizar su vocación como “Iglesia doméstica” y proveer auxilio particularmente a los matrimonios y familias heridos que enfrentan desafíos.

5. Vocaciones: La necesidad de crear una “cultura de vocaciones” para ayudar a los jóvenes a descubrir y responder al llamado del Señor en su vida, con énfasis en la promoción y el fomento de las vocaciones locales al sacerdocio y a la vida consagrada

6. Obras de Misericordia: para continuar el espíritu que hemos experimentado durante este Año Jubilar de la Misericordia y para promover nuestro testimonio católico mediante el ejercicio de las obras de misericordia corporal y espiritual

Los participantes en la Asamblea Pastoral tuvieron la oportunidad de examinar estas prioridades dentro de sus grupos de vicariatos y de ofrecer ideas y sugerencias concretas para el desarrollo de objetivos alcanzables, en los que podamos trabajar juntos durante estos tres años, como una Iglesia unida. El nuevo Consejo Pastoral Arquidiocesano, que fue elegido al final de la Asamblea, ahora tomará esas ideas y sugerencias y me ayudará a formular un plan estratégico concreto para avanzar en estas prioridades. El plan incluirá una lista de lo que será responsabilidad del personal del Centro Pastoral, de la parroquia y del vicariato.

Me despedí de la Asamblea lleno de energía, alentado y esperanzado por lo que podemos lograr, con la gracia de Dios, durante los próximos tres años, para fortalecer y renovar nuestra Iglesia local en el Oeste de Oregón. Pero debemos trabajar juntos como una Iglesia unida. Ya no podemos permitir entre nosotros la división, ni podemos tener un espíritu centrado en juicios individuales en nuestras parroquias; tampoco puede faltar la voluntad para trabajar juntos con nuestro obispo en prioridades y objetivos comunes. El precio es muy alto. Y debemos tener siempre en mente el objetivo supremo y la misión de la Iglesia: la salvación de las almas. Así que ¡vamos! ¡Todos nos remangamos las mangas, oramos por la ayuda de Dios y nos ponemos en marcha!