En los Evangelios, Jesús hace hincapié en la “verdad”. El Evangelio según San Juan, dice: “Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra; entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8, 32). Y, cuando Pilato le pregunta a Jesús: “Entonces, ‘¿tú eres rey?’ Jesús respondió: ‘Tú lo has dicho: yo soy Rey. Yo doy testimonio de la verdad, y para esto he nacido y he venido al mundo. Todo el que está del lado de la verdad escucha mi voz’” (Juan 18, 37). Y Pilato le preguntó: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18, 38). A lo que Jesús contestó: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14, 6). Por eso, no debemos temer a la verdad.

Mientras se desarrolla la triste crisis de abuso sexual, actos inaceptables y los intentos por ocultar los hechos ocurridos en la iglesia, he pensado mucho en la verdad. Necesitamos la verdad, por muy doloroso que sea escucharla. En cierto modo, nosotros debemos contestar la pregunta que hizo Pilatos: “¿Qué es la verdad?” Sólo la verdad sobre estos hechos puede hacernos libres.

Por esta razón, yo sigo y seguiré abogando por una investigación exhaustiva, profunda y objetiva, para llegar al fondo de esas cosas que se alegan. Necesitamos que todo salga a la luz ahora. Las cartas y correos que sigo recibiendo confirman que el pueblo de Dios lo exige; y, yo creo que tienen el derecho de exigirlo. La transparencia y la aceptación de la responsabilidad con sus consecuencias es el único camino hacia delante. Las cosas tienen que cambiar; la reforma se necesita desesperadamente. Si Dios quiere, yo ejerceré 17 años más como su arzobispo, y no quiero pasar estos años viendo cómo estos horribles casos se desarrollan con la lentitud de un gotero, “gota por gota”. Necesitamos eliminar el problema de raíz. Sólo así podremos sanar verdaderamente las heridas del Cuerpo de Cristo.

El ex Nuncio Apostólico de los Estados Unidos, Arzobispo Carlo María Viganó, hizo unas declaraciones contundentes, en medio de esta tragedia. Conozco al Arzobispo Viganó desde hace bastante tiempo, y sé que es una persona de gran honestidad e integridad. Sus declaraciones no pueden ser ignoradas. Estoy completamente de acuerdo con el Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, Cardenal Daniel DiNardo, quien afirmó: “La reciente carta del arzobispo Carlo María Viganó aporta especial atención y urgencia a este examen [el caso del Arzobispo McCarrick]. Las preguntas planteadas merecen respuestas que sean concluyentes y basadas en pruebas. Sin esas respuestas, los hombres inocentes pueden estar contaminados por acusaciones falsas y los culpables pueden quedar a expensas de repetir los pecados del pasado…” [Traducción de Infovaticana.com, Agosto 18, 2018]

No debemos temerle a la verdad, a dondequiera que nos lleve.

Lo que digo puede parecerle extraño a muchas personas, pero he orado durante mucho tiempo, incesantemente, durante largas horas, y he llegado a la conclusión de que Dios está trabajando en su Iglesia ahora mismo, en medio de esta horrible situación. Dios no causa el mal, y por supuesto que Dios no ha causado el mal que tenemos entre nosotros. Creo que estamos en medio de un tiempo de profunda purificación, un momento para extirpar de raíz, el mal en la Iglesia. Será difícil pasar por este crisol de limpieza y purificación del templo de Dios, pero creo sinceramente que como resultado de esto seremos una Iglesia más fuerte, más fiel y más ferviente.

Mientras tanto, no debemos permitir que Satanás nos divida. Eso es lo que temo que esté pasando en medio de esta trágica etapa de la Iglesia. Satanás quiere aprovechar esta crisis para ponernos unos contra otros y conquistar su meta. El único campo de batalla que debemos reconocer es el que busca la verdad. Debemos unirnos más a Cristo y su promesa de estar con la Iglesia y con nosotros siempre. Como también prometió, las puertas del infierno no tendrán victoria sobre la Iglesia, pero eso no significa que esas puertas no lo intenten.

Estas reflexiones me traen hacia la Eucaristía. No importa lo que haya pasado o pueda pasar todavía, Cristo está con nosotros en su Cuerpo y Sangre durante la Misa. Todavía tenemos muchos maravillosos y fieles sacerdotes que nos guían hacia Jesús todos los días. No perdamos la esperanza. Por muy enojado y desanimado que me encuentre durante esta dolorosa crisis, cada vez que me acerco al altar, me siento profundamente consolado al saber que Jesús todavía camina con nosotros y nunca nos abandonará. ¡Jesús, confío en ti!