Mi hermana, quien vive en Portland y ve EWTN regularmente, me vio durante la Misa que celebré en la Basílica de la Capilla Nacional de la Inmaculada Concepción, el 28 de abril. Después de hacer bromas sobre mí, ella comentó sobre la forma de distribuir la Sagrada Comunión, pues, recordaba con cierta nostalgia que, cuando éramos niños, siempre recibíamos la Sagrada Comunión en la lengua, arrodillados en el comulgatorio, situado ante el altar. Nadie se atrevía a tocar la Sagrada Eucaristía, excepto el sacerdote celebrante.

No sé que piensen los lectores de la práctica actual, pero la antigua práctica de recibir la Comunión en la lengua y arrodillados, era mostrar profundo respeto reverencial ante la presencia de nuestro Señor Sacramentado. No es solamente un símbolo o signo. Jesucristo está verdaderamente presente, Cuerpo, Sangre, alma y divinidad en la Sagrada Eucaristía.

Ésa es la creencia católica. Pero nuestras prácticas litúrgicas y sacramentales a menudo no reflejan un profundo respeto reverencial ante la Presencia Real. Se dice que una vez, un ministro protestante fue invitado a la Misa. Después de la Misa le pidieron su opinión, y dijo que, ciertamente, él no creía en la Eucaristía de la misma manera que los católicos, pero, si creyera, él se acercaría a tomar la Comunión caminando de rodillas. Él percibió en esa parroquia, una actitud informal e irreverente a la hora de recibir la Comunión, que le parecía poco convincente.

El próximo 3 de junio, en la Solemnidad de Corpus Christi saldrá a la luz la “Guía Litúrgica” de la Arquidiócesis de Portland. Después de un período de consulta, se implementarán dos cambios relacionados con nuestra comprensión sobre el respeto reverencial ante la Sagrada Eucaristía. Por favor, consideren esto “la oportunidad de aprender” que todos tenemos. Como su pastor y maestro en la fe, y como la persona responsable de la vida litúrgica de la Arquidiócesis, mi intención es fomentar una devoción más respetuosa y reverente hacia nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía y en la Santa Misa.

Volveremos a la antigua práctica de arrodillarnos después del Agnus Dei (Cordero de Dios). Actualmente, seguimos de pie, lo cual ha sido una excepción a la norma universal legítima y permitida por las normas litúrgicas. Sin embargo, al volver a la antigua práctica de arrodillarse en este momento durante la Misa nos permitirá mostrar profundo respeto reverencial por nuestro Señor.

El sacerdote celebrante en ese momento está a punto de elevar ante la asamblea a nuestro Señor Sacramentado en la Sagrada Eucaristía, y proclama: “Éste es el Cordero de Dios”. Parece muy apropiado que estemos de rodillas ante el Señor al oír tal proclamación de fe. En el libro del Apocalipsis, cuando el Cordero de Dios (Cristo) es presentado ante la multitud del cielo, todos caen postrados ante Él. La Misa es una participación en esta liturgia del cielo.

El segundo cambio es que, en la ausencia de sacerdote para ofrecer la Misa no se permitirá la distribución de la Sagrada Comunión en los días entre semana, durante un servicio de Comunión. Esto no afecta los servicios de Comunión en los asilos, prisiones, etc, donde la gente no pueda asistir a la Misa dominical en su parroquia.

Hay un lazo íntimo e intrínsico entre tres realidades que es esencial en este contexto. Estas realidades son: el ofrecimiento del Santo Sacrificio de la Misa, el sacerdote, que oficia su ministerio en la persona de Cristo, y la distribución de la Sagrada Comunión.

Estas realidades no se deben separar, excepto por razones urgentes y por necesidades pastorales. Mientras los fieles tengan la oportunidad de participar en la Misa y reciban la Sagrada Comunión el domingo, no hay razones pastorales para recibir la Sagrada Comunión fuera de la Misa.

Cuando vamos a la Misa, estamos allí para hacer algo más que recibir la Sagrada Comunión. Estamos participando activa y conscientemente en la ofrenda de Cristo, la Víctima Pascual, por medio de las manos del sacerdote, quien, en el altar, ministra en la persona del propio Cristo. Desde esta ofrenda sacramental, nosotros recibimos el Cuerpo y la Sangre del Señor, culminando así nuestra participación en el misterio pascual que se celebra. Este es el modo en que la Iglesia lo ha contemplado siempre. La Iglesia nunca contempló dividir estas acciones al distribuir la Comunión fuera de la Misa. Eso sólo se hace para los enfermos y las personas que, por razones de salud, no pueden participar en la Sagrada Eucaristía los domingos. Una práctica distinta no sería una sana teología sacramental y eucarística.

Cuando la Misa no se puede ofrecer durante el fin de semana en una iglesia en particular, los feligreses están invitados a vivir la Eucaristía durante la la Misa diaria en una parroquia vecina. Los feligreses pueden reunirse para otra forma de oración. La Oficina del Culto Divino ha preparado un servicio de oración para ocasiones que incluyen partes de la Liturgia de las Horas, con las lecturas de la Misa diaria. Así, se puede vivir otra forma de oración litúrgica de la Iglesia.

Estos cambios pueden tomar un poco de tiempo de ajuste, pero estoy seguro de que nos llevarán a vivir con profundo respeto reverencial el don más preciado de la Sagrada Eucaristía, y a estar mejor informados sobre lo que es participar plena, consciente y activamente en la Santa Misa. Y, recalco, tener un amor más profundo por nuestro Señor en la Misa y en el Sacro Sacramento nos llevará a sentir más amor por nuestro próximo y por el pobre.