Como muchos de nuestros lectores ya saben, el 7 de octubre de 2016 (el día de la Memoria de Nuestra Señora del Rosario), fue promulgada mi primera carta pastoral de la Arquidiócesis de Portland. La carta se trata de cómo leeremos y utilizaremos la Exhortación Apostólica Postsinodal del Papa Francisco, Amoris Laetitia (La alegría del amor), en nuestra Iglesia aquí en el oeste de Oregón. Mi carta pastoral se llama "Un Símbolo Verdadero y Viviente" y se puede encontrar en www.archpdx.org.

Quizás está pensando, ¿"qué es una carta pastoral"? Como dice el nombre, es una carta del "pastor" de la diócesis, al pueblo (el rebaño) encomendado a su cuidado. Mi carta se dirige al clero, religiosos y fieles laicos de toda la Arquidiócesis. Es un ejercicio desde el oficio del obispo de enseñar, animar, exhortar, consolar, corregir, etc. Los obispos han estado escribiendo a sus rebaños desde la época de los Apóstoles (e.g. las cartas de San Pablo y las "epístolas pastorales" del Nuevo Testamento).

Mi primera carta pastoral se trata de cómo solamente se puede entender Amoris Laetitia (AL) en el contexto del conjunto de la doctrina y práctica católica. Como dije cuando Amoris Laetitia fue promulgada:

"...la exhortación no puede ser leída de forma aislada. Esto es un peligro que veo que sucede con frecuencia cuando la Iglesia publica un documento nuevo, incluso del Papa. Algunas personas se aferran a lo nuevo, pensando que esto es lo que necesitamos saber o leer. Amoris Laetitia, como cualquier otro documento de la Iglesia, debe ser leído dentro de un conjunto amplio de las enseñanzas que la Iglesia ha elaborado en los últimos 2,000 años, que comienzan con las palabras de Jesucristo.

"De este modo, Amoris Laetitia debe leerse, entenderse e interpretarse dentro de este amplio contexto del magisterio. Recomiendo, en particular, que se lea en el marco de la profunda enseñanza de san Juan Pablo II sobre el matrimonio, la familia y la sexualidad humana. El Papa Benedicto XVI también ofreció unas enseñanzas relevantes al respecto" (El Centinela, 4 de mayo de 2016).

Yo, junto con muchos otros obispos, estoy preocupado de que algunos se vayan a equivocar en el uso y entendimiento de Amoris Laetitia que quizás van a utilizarla de una manera que no sea consistente con este amplio contexto de la enseñanza católica sobre la fe, la moral y las prácticas sacramentales. Es esto lo que quiero abordar en "Un Símbolo Verdadero y Viviente". Permítame dar una breve resumen de mi carta, que no debe reemplazar la lectura completa de ella.

Primero enfatizo que la alianza del matrimonio es un símbolo verdadero y viviente, capaz de revelarnos el Dios trino a quien amamos, servimos y alabamos. Esta es la imagen del Papa Francisco en el Amoris Laetitia. La alianza permanente e indisoluble del matrimonio refleja la vida interior de la Santa Trinidad y la alianza eterna de Dios con nosotros por medio de su Hijo, Jesucristo.

Luego, hablo de cómo la Iglesia siempre enseña en consonancia con las Sagradas Escrituras y la Sagrada Tradición, la cual es la plenitud de la revelación divina. La Iglesia siempre enseña en consonancia y nunca rompe con lo que ha pasado antes. Cumple esto bajo la guía del Espíritu Santo. La doctrina se puede desarrollar pero nunca puede ser alterada. La indisolubilidad del lazo del matrimonio es parte de la enseñanza perenne de la Iglesia, que se remonta hasta las palabras de Jesús.

Lo que sigue es una discusión seria de las tres desviaciones principales del Amoris Laetitia que han surgido desde su publicación. Estas desviaciones constituyen una violación del mismo principio susodicho, es decir, que la Iglesia siempre debe enseñar y vivir prácticamente en consonancia con la tradición viviente de lo que ha pasado antes.

La primera desviación de algunas partes de Amoris Laetitia es que la conciencia individual puede hacer algo que va en contra de un mandato divino. Aunque reconocer la dignidad e importancia de la conciencia de un individuo, el juicio de la conciencia no es una ley en si, ni puede menospreciar o sustituír los mandatos de Dios que enseñan la Iglesia. Una persona puede obedecer la voz de la conciencia, pero la conciencia puede fallar, y por eso debe ser apropiadamente formada.

La segunda desviación de algunas partes de Amoris Laetitia es la implicación de que, bajo ciertas circunstancias o condiciones, los mandatos de Dios no se aplican. La Iglesia ha rechazado enteramente esta posición moral. Cuando Dios manda una prohibición ("No matarás", "No cometerás adulterio", etc.), no puede haber excepciones. Aunque la culpabilidad de una persona por una acción pecaminosa puede ser disminuida o aún eliminada debido, por ejemplo, a la ignorancia o la falta de libertad, la prohibición divina permanece.

La tercera desviación que es problemática es la implicación de que algunas personas son demasiado débiles para cumplir los mandatos divinos, y son, por eso, exentas de ellos. Esto es una posición muy alarmante porque niega en sí el poder de la gracia de Dios y quita el poder de la cruz de transformar las vidas.

La Iglesia tiene que ser lista y dispuesta, como nos exhorta el Papa Francisco, a acompañar a las personas en su camino espiritual. Tiene que ser como una enfermera, ayudando a los frágiles y dañados. Tiene que reconocer que las personas se esfuerzan para estar a la altura del llamado a ser santo, pero no llegan. Todos fallamos. Incluso yo. Pero la Iglesia tiene que ser fiel a su misión y a su Salvador al proponer el camino que nos guía a la felicidad, la santidad, la paz y la alegría.

Les pido que lean mi carta pastoral entera. No es la última palabra de la Arquidiócesis de Portland sobre Amoris Laetitia, pero provee una base y contexto con que Amoris Laetitia será entendida y aplicada. ¡Permanezca atento!