Para este momento muchos de ustedes ya habrán visto los resultados de la reciente encuesta realizada por el Pew Research Center sobre los católicos y su creencia en la Santa Eucaristía. Para mí, los resultados son alarmantes y perturbadores. Antes de discutir los resultados de la encuesta, vale la pena explicar claramente lo que la Iglesia siempre ha creído sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía.

El Catequismo de la Iglesia Católica (#1374) declara que  ”en el santísimo sacramento de la Eucaristía “el cuerpo y la sangre, junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesús Cristo y, por lo tanto, Cristo entero esta verdadera, real y substancialmente presente. La presencia es denominada “real”… porque es la presencia en el sentido más completo de la palabra: esto significa que es una presencia substancial a través de la cual Cristo, Dios y hombre, se hace a si mismo completa y enteramente presente”.

Después de la consagración en la Misa (“Este es mi Cuerpo”/“Esta es mi Sangre), solo la apariencia del pan y el vino permanecen, mientras la substancia del pan y el vino han sido completamente cambiadas por la substancia del Cuerpo y la Sangre de Cristo nuestro Señor. Después de la consagración, el pan y el vino ya no están presentes, sólo Cristo está presente.

Los resultados de la encuesta del Pew asombrosamente revelan que sólo el 31% de los Católicos encuestados creen en las enseñanzas de la Iglesia acerca de la Presencia Real de Cristo en la Santa Eucaristía. El 69% de los encuestados dijeron creer que la Eucaristía es solo un “símbolo” del cuerpo y la sangre de Cristo. Esto debe preocuparnos a todos. El Segundo Concilio Vaticano firmemente nos enseñó que la Santa Eucaristía es la “fuente y la cumbre de la vida Cristiana”. (Lumen Gentium, 11). Si no entendemos la Santa Eucaristía correctamente, nada más podrá estar bien.

Es justo decir que en general, los resultados de la encuesta del Pew incluyó Católicos de varios grados de participación en la vida sacramental de la Iglesia, desde los que asisten a Misa semanalmente hasta los que van una vez o no van nunca. Sin embargo, cuando examinamos a fondo los detalles de la encuesta, las cifras no son consoladoras. Se esperaría que quienes participan una vez en Misa o quienes nunca lo hacen, tengan un nivel más bajo de creencias correctas sobre la Santa Eucaristía, y tal es el caso (sólo 13% de ellos cree en la Presencia Real).

No obstante, aún entre quienes participan semanalmente en la Misa, solo el 63% cree en la Presencia Real, mientras que el 37% cree que la Santa Eucaristía es sólo un símbolo. Lo que es aún más preocupante es que el 14% de este 37% sabe lo que la Iglesia enseña sobre la Santa Eucaristía y aún así no lo cree. El resto de ese 37% no sabe lo que la Iglesia enseña. Otro resultado, no muy sorprendente, es que entre más joven es una persona, menos probable es que él o ella crea en la enseñanza de la Presencia Real.

Estos resultados tienen que ser alarmantes para todos nosotros. Simplemente resignarnos ante estas sorprendentes noticias y seguir con nuestra rutina diaria no es una opción. Debemos hacer todo en nuestro poder para invertir esta tendencia. Si las personas no entienden y creen en el misterio que celebramos en la Santa Eucaristía y cómo esta creencia impulsa todas las otras cosas que hacemos en el ministerio de la Iglesia, serán más laxas en la práctica de su fe, o la abandonarán por completo. 

Este es un problema que afecta ambas prácticas, la de catequesis y la sacramental. Estamos cosechando los frutos de décadas de catequesis errada e inadecuada en la Iglesia. Debemos enfrentar el hecho de que nosotros (la Iglesia) hemos hecho un trabajo deficiente catequizando sobre la fe, especialmente cuando se trata de los sacramentos. Yo he sido miembro del Subcomité de Catequesis USCCB (por sus siglas en inglés) por más de 7 años, y puedo decirles que esta es una constante preocupación pastoral.

Desafío a todos a tomar con mucha más seriedad lo que enseñamos, incluyendo a las escuelas católicas, a los programas de educación religiosa de las parroquias y a nuestros programas de formación de fe para adultos. Debemos presentar la fe verdadera de la Iglesia en toda su belleza y esplendor. Me refiero a todas las áreas de creencia (incluyendo las enseñanzas morales católicas), pero en este contexto, especialmente a lo que tiene que ver con los sacramentos. Obviamente, se necesita poner énfasis especial a las enseñanzas de la Iglesia sobre la Misa y la Santa Eucaristía.

Sin embargo, este también es un problema de práctica litúrgica. Para decirlo claramente, hemos perdido gran parte de la reverencia,  admiración y respeto por la Santa Eucaristía que una vez tuvimos en la Iglesia. Cómo celebramos la Santa Misa y tratamos el Bendito Sacramento son los elementos esenciales.  El Arzobispo Fulton J. Sheen, próximo a ser beatificado, dijo alguna vez, “Si no te comportas de acuerdo con lo que crees, terminarás creyendo de acuerdo como te comportas”.

Recuerdo que cuando yo era un joven monaguillo, tocar la Santa Eucaristía con la mano era impensable. ¡Era Jesús Cristo y le dábamos la mayor reverencia! ¡Sólo las manos consagradas de un sacerdote podían tomar el Santo Sacramento!. En ese tiempo, recibíamos la Santa Eucaristía de rodillas.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces, y muchos de nosotros nos acercamos a la Santa Eucaristía con una actitud casual y a veces irreverente. Les pido que examinen su consciencia con referencia a este tema. Con frecuencia escuchamos Ministros Extraordinarios de la Santa Comunión (¡a veces hasta sacerdotes y diáconos!) decir, “Yo reparto la comunión hoy” o “yo reparto el vino”. Ya no existe el pan y el vino. Es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesús Cristo. Lo que decimos expresa y tiene influencia sobre nuestra creencia.

Restaurar la reverencia, la admiración y la belleza de la sagrada liturgia ha sido una pasión y una preocupación para mí desde que me ordené como sacerdote hace 29 años. Para aquellos que no entienden mis esfuerzos, o quienes cuestionan su importancia, por favor lean el estudio presentado por Pew.