"En su búsqueda, Joel y Marina encontraron un sentido a la vida en el servicio. Se interesaron en los programas de catequesis para adultos y completaron los sacramentos que necesitaban y ahora viven en relación muy cercana con Dios y los demás, especialmente sus hijos", dijo el padre Agustín Rodríguez. (Cortesía Joel y Marina Solano).
"En su búsqueda, Joel y Marina encontraron un sentido a la vida en el servicio. Se interesaron en los programas de catequesis para adultos y completaron los sacramentos que necesitaban y ahora viven en relación muy cercana con Dios y los demás, especialmente sus hijos", dijo el padre Agustín Rodríguez. (Cortesía Joel y Marina Solano).

“Dios ha hecho tantos cambios en mi vida que a veces no sé como explicarlo”, dijo Joel Solano, feligrés de la parroquia San Mateo en Hillsboro, al narrar para El Centinela su experiencia de conversión y “nueva vida en Cristo”, tal como la describieron él y su esposa Marina.

“Dios ha traído tanto amor y paz a nuestras vidas y es una experiencia muy bonita. Siento una paz muy profunda conmigo mismo”, dijo Joel, con voz entrecortada y sus ojos llenos de lágrimas.

Joel, oriundo de México proviene de una familia católica pero su reencuentro con Dios ocurrió al llevar a su hijo a las clases de preparación para la Primera Comunión.

“Antes no venía a la iglesia o cuando asistíamos a misa era de entrada por salida. No nos involucrábamos en nada, pero todas las cosas llegan en el tiempo de Dios”, añadió Joel.

“Sé que mis padres me bautizaron cuando niño, en mi natal Tula, en el municipio de Tepexi de Rodríguez, en Puebla; pero, una vez que vine a vivir aquí en los Estados Unidos, me alejé de Dios y no me preocupé por ningún sacramento”, dijo.

La reflexión sobre el comportamiento con su hijo

Joel, al igual que muchos inmigrantes, se enfocaba en cumplir sus obligaciones del trabajo y proveer para ayudar con los gastos de la casa.

"Cuando mi hijo empezó sus clases de preparación para los sacramentos, a veces veníamos a las clases para padres con mi esposa Marina y fue a partir de entonces, cuando empecé a reflexionar acerca de mi comportamiento”, dijo.

Los padres de familia deben asistir a clases de preparación sacramental como un requisito para que los niños puedan recibir los sacramentos.

“Las explicaciones del hermano Esteban, continúo Joel, me ayudaron a darme cuenta lo mal que trataba a mi hijo, a quien incluso algunas veces le di chanclazos y le dije malas palabras”.

A medida que las clases de preparación fueron avanzando, Joel comenzó a experimentar un proceso de reflexión y arrepentimiento.

“Empecé a preguntarme por qué si nuestro Padre que nos da todo y nos acepta como somos, nos ama y nos perdona siempre, ¿por qué tenemos que tratar mal a nuestros hijos? ¿Por qué hacer eso si nuestro Padre no lo hace con nosotros?, explicó.

“Ese fue un momento muy duro y sentí mucho dolor, entonces, le pedí perdón muchas veces a mi hijo, no se imagina cuantas veces”, confesó.

Marina explicó que el castigo físico era algo común en Joel porque así lo aprendió de sus padres. "Mi esposo quería criar a nuestro hijo de la forma que a él lo criaron”, añade Marina.

Joel, sin poder controlar sus lágrimas de dolor y arrepentimiento dijo, “reconocí lo equivocado que estaba, pensé que para corregir a mi hijo era necesario maltratarlo". "Amo mucho a mi hijo y le he explicado de muchas formas mi error”, afirmó.

Joel llegó a ese momento en que sintió el amor de Dios en su corazón que lo llevó a transformar su vida. “A partir de entonces y gracias a mi esposa y a nuestro Padre que lo ha permitido, sentí más la necesidad de acercarme a Dios”, explicó Solano.

El amor de Dios que comenzaron a experimentar Joel y Marina, los guió también a la decisión de arreglar sus asuntos para bendecir su unión.

“Llevamos viviendo juntos en unión libre bastante tiempo”, dijo Marina, y “continuamente él me pedía que nos casáramos”, agregó.

Marina dijo que además del llamado de Dios en su corazón , también “nuestro hijo nos preguntaba con frecuencia ¿cuándo se van a casar?, dijo. “Eso nos ayudó a tomar la decisión”.

Hacer los trámites a la distancia significaba un gran reto. “No fue fácil, porque tuvimos que resolver varias situaciones, explicó Joel. "Ella se había casado en México y necesitábamos hacer el proceso de nulidad de su matrimonio”, contó. “Por mi parte, yo no había recibido ningún sacramento además del Bautismo, así que tuve que empezar por eso”, añadió.

La decisión de acercarse a Dios

“Marina me motivó para inscribirme en las clases de RICA y después de mucha insistencia me convencí”,

“Como adulto, tenía vergüenza de participar en la preparación con los niños pequeños”, dijo. Sin embargo, “después de hablar con varias personas de la iglesia, se convenció que las clases eran para adultos”, añade Marina, quien afirma haber estado un poco más activa en su fe.

“Por mi parte, fue un ir y venir de documentos y firmas, dijo Marina, pero Dios se encargó de facilitar todo y en menos del tiempo que imaginamos, los documentos de la nulidad estuvieron listos para celebrar nuestro matrimonio”, dijo Marina.

“Ha sido algo maravilloso. Llevaba más de 18 años sin comulgar y sentía un vacío muy grande en mi corazón”, manifestó Joel.

“Dios transformó mi vida que ahora ni yo mismo me reconozco", explicó Joel. "Antes mi vida era muy vacía, me levantaba como un animal, enojado, frustrado, era muy egoísta, no dedicaba ningún tiempo para agradecer a Dios”, expresó.

Ahora, continúa Joel, "doy gracias a Dios por un nuevo día de vida, por poder ver, caminar, le encomiendo mi familia, mi trabajo, mis hermanos de la iglesia, soy una persona muy diferente, siento mucha paz y una alegría que no puedo explicar”, dijo.

"Todo lo pongo en manos de Dios. Incluso, en mi trabajo en el aserradero, cuando hay cosas que no puedo hacer, de repente se aparece alguien para explicarme cómo hacerlo, es increíble”, dijo.

“Es igual para mí, explicó Marina, trabajo de noche y cada día me voy camino al trabajo en oración, le dejo a Dios en sus manos a mi familia”, dijo, “es increíble la paz y confianza que El me da de saber que todo va a estar bien.

Marina explicó que a veces sus compañeras de trabajo le preguntan ¿con quién andas hablando? ¿Estás loca? ¿Estás hablando sola?, entonces, les respondo que no estoy sola porque ¡Dios esta conmigo!

"Siento la presencia de Dios en mi vida y estoy en comunicación constante con El. Le canto, dialogo con El, le rezo por mi familia, por todas las personas que necesitan de El”, dijo Marina.

Llamado al servicio como ministros de hospitalidad

La transformación de Joel y Marina va más allá de su experiencia personal.  “Dios nos ha llamado a servir como ministros de hospitalidad en la iglesia de San Mateo y sentimos mucho amor y alegría de recibir a las personas y nos sentimos orgullosos de transmitir una sonrisa y dar la bienvenida a nuestros hermanos en Cristo”, afirmó Joel.

Al pedirle al padre Agustín Rodríguez, sacerdote de la iglesia de San Mateo, agregar algo sobre Joel y Marina, este fue su testimonio: 

La vida diaria de nuestros tiempos esta “diseñada” para volver loco a cualquiera que no tenga una esperanza o un amigo poderoso. Hay tantas situaciones en nuestra comunidad en las que las personas han perdido toda esperanza del gobierno, de las agencias de ayuda, de la iglesias, etc.

Las personas buscan esperanza y protección en el poder o el dinero, porque eso es lo que ven en casi todos los medios de comunicación y es lo primero que la gente busca para estar bien.

Cuando la gente descubre que nunca podrán estar bien económicamente, porque siempre habrá mucho en donde gastar el dinero, empiezan a buscar algo más que llene sus vidas.

Joel y Marina empezaron a buscar sentido a sus vidas en este país, y lo encontraron en Dios. Ellos empezaron a integrarse en nuestra comunidad parroquial buscando a Dios y se encontraron con una familia que los valora y los quiere.

En su búsqueda encontraron un sentido a la vida en el servicio. Se interesaron en los programas de catequesis para adultos y completaron los sacramentos que necesitaban y ahora viven en relación muy cercana con Dios y los demás, especialmente sus hijos.

Se integraron a la comunidad y sus hijos también encontraron unos padres amorosos que aun con los retos de la vida encuentran tiempo para ser los padres que siempre desearon ser. Joel y Marina están muy integrados en la comunidad, veo que asisten a Misa todos en familia.

Los niños reflejan en su semblante mucha paz y alegría. Tienen un hijo adolescente que aun con los retos de estos tiempos se le mira su cara radiante de paz y felicidad por ver a su familia unida.

A mí en lo personal me da mucha paz poder ver a nuestras familias donde se cultiva el amor.

Yo siempre les digo en mis homilías que una comunidad que vive en santidad santificarán a sus sacerdotes. Y lo mismo les digo de los sacerdotes, porque es mutuo el compromiso, si el sacerdote es santo, entonces la comunidad se santificará también.

No es que seamos santos los sacerdotes, sino que hemos aprendido a caminar todos juntos como una sola comunidad creciendo en Cristo”, concluyó el sacerdote.

patriciam@ocp.org