El arzobispo Alexander Sample hace la unción del altar durante la ceremonia de bendición y consagración del nuevo altar y ambón en la iglesia San Antonio de Padua, en Forest Grove, el 4 de octubre de 2020. (Cortesía Iglesia San Antonio de Padua)
El arzobispo Alexander Sample hace la unción del altar durante la ceremonia de bendición y consagración del nuevo altar y ambón en la iglesia San Antonio de Padua, en Forest Grove, el 4 de octubre de 2020. (Cortesía Iglesia San Antonio de Padua)
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"El altar es Cristo, porque con El y en El se realiza el sacrificio redentor. El lugar donde el misterio de nuestra redención se celebra todos los días,

" Rvdmo. Sr. Alexander Sample, arzobispo de la arquidiócesis de Portland

El arzobispo de la arquidiócesis de Portland, Rvdmo. Sr. Alexander Sample consagró el nuevo altar y bendijo el ambón de la Palabra en la iglesia de San Antonio de Padua, en Forest Grove, en ceremonia oficiada el 04 de octubre del 2020.

 

Durante el acto religioso estuvieron también presentes Mons. Gerard O’Connor, director de Culto Divino de la arquidiócesis, el Rev. Ben Tapia, pastor de la iglesia, el diácono John Krebsbach y la asistencia de no más de 50 feligreses del pueblo fiel y devoto de la comunidad, todos con mascarillas tapabocas y distanciadas apropiadamente de acuerdo con las normas vigentes por la pandemia.

La celebración Eucarística fue amenizada por el coro de la iglesia y en ella se acogieron las reliquias de primer grado de San Antonio de Padua, las cuales fueron donadas por el padre Cary Reneva, pastor de la iglesia Santa Cecilia, informó el padre Ben.

 

La solemne celebración religiosa también se hizo en memoria del Rev. Padre Moisés Sergio Gordián, de la arquidiócesis de Tijuana, quien “ayudó a obtener la piedra de mármol para el altar”, dijo el padre Ben, en lo que calificó como un esfuerzo internacional. El presbítero falleció el 29 de septiembre del 2020. 

 

“El nuevo altar y ambón constituyen la piedra angular para nuestra fe y comunidad” dijo el padre Ben al iniciar la celebración y dar la bienvenida a los asistentes. 

 

El arzobispo Sample ofició la misa. “Nos reunimos aquí en júbilo para consagrar el nuevo altar y celebrar el sacrificio del Señor”, dijo al iniciar la celebración eucarística. 

 

“Este altar es impresionantemente hermoso y muy apropiado para el lugar que tiene en esta iglesia y su función durante la liturgia sagrada”, dijo.

 

En su homilía, el líder religioso explicó la importancia y el significado especial de un altar. 

 

"Altar significa lugar de sacrificio”, dijo el arzobispo. “Esa es la esencia de un altar”.

 

“La celebración eucarística que tendrá lugar en este altar y en cada altar de cada católico es ante todo la ofrenda de un sacrificio”. 

 

"¿Cuál es el sacrificio que se ofrece en este altar?", expresó.

 

"Hay una razón por la que la iglesia insiste en que en cada altar haya un crucifijo; precisamente porque lo que sucede en el altar es una representación, el mismo sacrificio que Jesús ofreció en un altar diferente, en el altar de la cruz”, señaló el arzobispo. 

 

Tras destacar que el sacrificio en el altar es el centro de la teología eucarística; “el fondo de nuestro entendimiento de la celebración de la santa Eucaristía en la santa Misa”, el arzobispo explicó que en el altar anunciamos la muerte y proclamamos la resurrección de Cristo.

 

El religioso profundizo en la relación intrínseca que existe entre el altar (la mesa del sacrificio) y la cruz porque en ellos está la víctima, constituyendo de esta forma una unidad entre Jesús y el altar, Jesús y la cruz.

 

“Lo que pasa aquí es lo mismo que pasó allí, dijo.

 

“Por nuestra salvación Dios envió a su Hijo al mundo, para reconciliarnos con el Padre, para traernos el don de la redención, la salvación, el perdón de nuestros pecados, la libertad de la muerte y el don de la vida eterna”, resaltó el arzobispo. 

 

“Esa era la misión del Hijo en el mundo", prosiguió. "Nos enseñó muchas cosas hermosas de cómo vivir como discípulos, realizó muchas señales y prodigios, sanó a mucha gente, expulsó a muchos demonios".

 

"Pero la verdadera razón por la que vino fue por el momento en la cruz para destruir la muerte para siempre y darnos la salvación y la vida eterna".

 

"En la cruz, El ofreció el sacrificio de Su propia vida”, dijo. 

 

El arzobispo explicó que en el sacrificio intervienen cuatro aspectos; una víctima que se ofrece, un sacerdote que hace la ofrenda, un altar, que evoca el lugar donde el sacerdote ofrece el sacrificio de la víctima y un pueblo para el cual se ofrece el sacrificio.

 

"En la cruz Jesús es tanto la víctima que se ofrece como el sacerdote del sacrificio”, agregó. 

 

“El hijo eterno de Dios en carne se ofrece como sacrificio. Jesús es sacerdote porque entregó su vida en la cruz. Jesús es víctima del sacrificio de nuestra redención. 

 

¿Cómo es esto?, preguntó retóricamente el arzobispo.

 

“Sabemos que, a través de las palabras de consagración, el pan y el vino se transforman en el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo. 

 

“La Eucaristía es el cuerpo y la sangre del Señor, realmente presente en la ofrenda del sacrificio eucarístico”. 

 

“Por eso hacemos la genuflexión ante a Eucaristía, no ante el pan y el vino, sino ante “mi Señor y mi Dios”, como dijo Santo Tomás cuando Jesús se le apareció después de la resurrección”, señaló.

 

“Así que es el mismo Cristo que una vez se ofreció en el altar de la cruz que ahora está presente en nuestro altar".

 

"Y es el mismo sacerdote; no vemos a Jesús, sino vemos a su representante. Vemos al sacerdote, en este caso su pastor padre Ben de pie en el altar, no sólo como el Padre Ben Tapia sino como persona de Cristo; como lo decimos en latín: “im-persona Christi Capitis” En la persona de Cristo Cabeza (de la iglesia)”, explicó. 

 

De esta manera, cuando el sacerdote dice “este es mi cuerpo que será entregado por vosotros, esta es mi sangre, es Jesús en el sacerdote que dice esas palabras como lo hizo en la última cena”. 

 

“Este es el profundo misterio de nuestra fe”, indicó el arzobispo. “El altar es Cristo, porque con El y en El se realiza el sacrificio redentor. El lugar donde el misterio de nuestra redención se celebra todos los días”, concluyó.

 

Fe, naturaleza y arte 

 

El padre Ben explicó que la realización del altar fue una experiencia hermosa de renovación completa que también significó una combinación de naturaleza y arte en la que “la gracia de Dios se manifestó grandemente”.

 

El presbítero manifestó que la fe, el compromiso y la motivación de la comunidad se reflejó con las tantas contribuciones recibidas; un piano nuevo, la pintura y la mano de obra, un cáliz nuevo entre otras.

 

La piedra de mármol con la talla en relieve del cordero se hizo en un taller de escultura en Puebla y el sacerdote Sergio Gordián (q.e.p.d.), de la arquidiócesis de Tijuana la recogió. El padre Ben dijo haber manejado hasta Tijuana para traerla. 

 

Felipe Montoya, diseñador del altar, expresó sentirse orgulloso de haber puesto su talento al servicio de la iglesia de la cual es feligrés hace 14 años.

 

Felipe contó a El Centinela que mientras trabajaba silenciosamente tallando las columnas hechas en Roble blanco para el altar, detectó figuras de ángeles en las vetas de la madera.

 

“Pienso que fue una bendición”, dijo.

 

Gracias a los dones que Dios le concedió, Felipe dijo haber trabajado paciente y cuidadosamente para asegurarse de mantener las vetas en la dirección correcta y mantener las imágenes recibidas por “por inspiración divina”.

El sacerdote Ben expresó sentirse orgulloso por el esfuerzo y entusiasmo en el aporte invaluable de los feligreses.

 

“Fue un testimonio de sentido de pertenencia a la iglesia y un legado para las futuras generaciones”, afirmó el padre Ben.

 

“Lo más admirable es que provenga de una comunidad de inmigrantes que se apersona de una iglesia en Estados Unidos”, concluyó.

patriciam@ocp.org