Siguiendo las recomendaciones de distanciamiento físico, mascarillas cubrebocas y desinfectante de manos, cinco parejas sellaron su unión con el sacramento del Matrimonio en la iglesia de San Vicente de Paúl. (Cortesía Jacqueline Nájera)
Siguiendo las recomendaciones de distanciamiento físico, mascarillas cubrebocas y desinfectante de manos, cinco parejas sellaron su unión con el sacramento del Matrimonio en la iglesia de San Vicente de Paúl. (Cortesía Jacqueline Nájera)
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“Los sacramentos son las vías que tiene la iglesia para llegar al cielo y el matrimonio es una de ellas. Es un llamado a la santidad,

 

" Rev. Sr. Manuel Becerra, Iglesia San Vicente de Paúl, pastor.

La idea de que ‘el amor todo lo puede’ de la cita bíblica 1ª de Corintios 13 quedó demostrada cuando en medio de la pandemia de Covid-19 y a pesar del temor por el contagio y las restricciones vigentes, el tres de octubre se llevó a cabo la ceremonia de boda colectiva en la iglesia de San Vicente de Paúl, en Salem.

Las limitaciones impuestas por la pandemia de Covid-19 todo lo ha puesto ha prueba. La aflicción y la desesperanza han sido un común denominador en el amor en los tiempos de Covid-19.

 

Muchas parejas se aman a distancia, otras han tenido que posponer la celebración de su matrimonio, mientras que otras han formalizado sus uniones en bodas telemáticas. Sin embargo, para las cinco parejas feligreses de San Vicente de Paúl, en Salem, celebrar la boda resultó más sencillo de lo que imaginaron, dijeron algunas.

 

Siguiendo las recomendaciones de distanciamiento físico, mascarillas cubrebocas y desinfectante de manos, cinco parejas sellaron su unión con el sacramento del Matrimonio en la iglesia de San Vicente de Paúl. 

 

La celebración fue presidida por el sacerdote Manuel Becerra, pastor de la iglesia.

 

Largas esperas, aplazamientos y el virus de COVID-19 fueron algunos de los retos superados por las cinco parejas que llegaron al altar para darse el tan anhelado “si quiero”.

 

Cada año, la arquidiócesis y las iglesias en su misión evangelizadora del Matrimonio, invitan a las parejas casadas civilmente o en unión libre a prepararse y bendecir su unión con el sacramento del Matrimonio. 

 

Silvia Gaona dijo a El Centinela sentirse como ‘alma en el purgatorio’, durante el tiempo de espera.

 

“Fueron cuatro años aguardando por una decisión de nulidad del anterior matrimonio de mi esposo”. Silvia, oriunda de Michoacán, dijo que antes de la pandemia, acostumbraba a ir a la iglesia todos los días a rezar el Rosario.

“En un día de esos, hice una visita al Santísimo”, y finalmente, la comunicación de la arquidiócesis llegó.

 

Silvia y Gabriel han convivido por cerca de diecisiete años. “Realmente no quería fiesta, sino la bendición de mi matrimonio”, expresó Gaona.

Con la llegada de la pandemia, Silvia pensó que su plan de matrimonio seguiría dilatándose ya que siempre había incluido la presencia de los miembros de las dos familias. Sin embargo, COVID-19 logró el efecto contrario cuando Pastor Gabriel se contagió con el virus.

 

Silvia expresó que el temor ante la mortal enfermedad y el remordimiento por “tener que rendir cuentas a Dios”, aceleró la boda.

 

“Lo organicé todo en una semana”, contó Silvia, sorprendida con la lluvia de ayudas que de repente vio venir de parte de amistades y feligreses ante el anuncio de su boda.

“Fue mucho más sencillo de lo que me había imaginado. Doy gracias por las maravillas que Dios ha hecho en nuestras vidas”, manifestó Silvia, quien es madre de tres jóvenes que ayudan como monaguillos en la iglesia. 

 

“La fe es la única herencia que quiero dejar a mis hijos”, dijo. “Si tenemos fe, aunque caigamos, vamos a seguir adelante”, agregó. 

 Para Teresa Mariano y Leopoldo, padres de cinco hijos y unidos civilmente por más de 20 años, el sueño era realizar un matrimonio con muchos invitados; sin embargo, con la pandemia tuvieron que repensar el plan.

 

“La pandemia nos ayudó a reflexionar que lo esencial era nuestra relación con Dios”, dijo Teresa.

“Poder comulgar se convirtió en una urgencia para nosotros”, agregó. “Hemos sido un matrimonio estable pero ahora con la bendición de nuestra unión, “me siento completa y absolutamente feliz de poder recibir la Eucaristía”, expresó Teresa. 

 

Rosa Díaz y Manuel dijeron que la pandemia los llevó a reflexionar que lo primordial para ellos era recibir el sacramento. “Nuestras creencias y la cultura son valores muy importantes.

Rosa y Manuel expresaron sentirse más unidos, convencidos de que con el sacramento del Matrimonio “Dios tiene un plan para nosotros y nos va a guiar por el buen camino”, dijo Rosa.

 

El matrimonio, un camino a la santidad 

“Los sacramentos son las vías que tiene la iglesia para llegar al cielo”, manifestó el Rev. Padre Manuel Becerra y “el matrimonio es una de ellas. Es un llamado a la santidad”.

 

El religioso dijo que con la pandemia y el confinamiento la violencia intrafamiliar se ha incrementado y explicó que el número de parejas que solicita su consejería espiritual se ha aumentado. 

 

El matrimonio enfrenta muchos retos, manifestó el religioso, por lo cual “el trabajo debe ser continuo, un esfuerzo mutuo que ayude en el enriquecimiento espiritual y personal”.

El religioso declaró que en el matrimonio es esencial que “Dios sea el centro de la relación”.

 

“Es importante reconocer, que, en el matrimonio cristiano cada persona tiene una experiencia personal con Dios”, dijo. “Al casarse, cada uno aporta a la espiritualidad de la pareja sin perder la individualidad”. 

 

El padre Manuel señaló que el matrimonio es una vocación, un llamado al sacrificio y cada contrayente adquiere el compromiso de ayudar a la santidad de su pareja y desarrollar la espiritualidad de la familia.

 

En este mismo sentido, el presbítero indicó que la santidad requiere de sacrificio para desarrollar la capacidad de aceptar y amar incondicionalmente.

 

“El amor incondicional puede traducirse en aceptación y está basado en el respeto, en la admiración mutua; es una manifestación del amor de Dios”, dijo el prelado.

 

“La manifestación de este amor a Dios constituye la base de la espiritualidad de la familia y de entender el llamado de ser maestros de la fe de los hijos”, dijo. 

 

“La familia, tal y como Dios la quiere, es el mejor lugar para que, con el amor y el buen ejemplo de los padres, los hermanos y todos los miembros de la familia, se convierta en una verdadera escuela de hijos de Dios”, concluyó el padre Becerra.

 

patriciam@ocp.org