Las parejas se entrelazan con el lazo de bodas, un símbolo para representar su unión, el amor y el vínculo inquebrantable como pareja unida en el amor de Dios. (El Centinela/ Juan Pablo Navarro).
Las parejas se entrelazan con el lazo de bodas, un símbolo para representar su unión, el amor y el vínculo inquebrantable como pareja unida en el amor de Dios. (El Centinela/ Juan Pablo Navarro).

Tras superarse en gran medida las restricciones por la pandemia de Covid-19, seis parejas bendijeron su unión mediante el sacramento del Matrimonio en una boda colectiva que se llevó a cabo el siete de mayo de 2022, en la iglesia San Lucas, en Woodburn.  

 

El sacerdote Moisés Leal, párroco, impartió el agua bendita a las parejas y padrinos quienes ingresaron a la iglesia en procesión y ofició la ceremonia eucarística para bendecir su boda, uno de los momentos más memorables en la historia de amor de las parejas de feligreses, tres parejas oriundas de Guatemala y tres de México.

 

Unas 200 personas entre familiares y amigos se hicieron presentes para acompañar y orar con los contrayentes. La celebración se destacó por el colorido de los trajes típicos de Guatemala, que se caracterizan generalmente por simbolizar las bellezas naturales del país.

 

Algunas mujeres vistieron orgullosamente el huipil; una blusa de origen maya tejida a mano en telar con hermosos y complejos bordados.

El corte, una falda hasta la rodilla, que consta de dos paneles y se envuelve alrededor de la cintura, también con brocados y la faja, prenda de tela que se utiliza para sostener el corte a manera de cinturón.

 

También se observaron hombres luciendo un tzut o tzute en los hombros, que es un pañuelo bordado que las mujeres llevan en la cabeza y los hombres lo llevan en los hombros. De igual forma, algunos lucieron un sobre pantalón a media pierna.

 

El padre Leal centró su homilía en la indisolubilidad del matrimonio destacando que el Matrimonio es un Sacramento que “nos une muy íntimamente a Dios”, dijo.

 

El presbítero hizo referencia a la promesa de esposos, profundizando en el sentido del matrimonio donde no se habla de matrimonio sino de un Dios que es amor, que es justicia, que nos escucha, nos comprende, un Dios que lo da y hace todo por amor, explicó.

 

El sacerdote dijo que el amor entre el hombre y la mujer será siempre uno de los signos más bellos del amor con el que Dios nos ama. 

 

Reflexionó en el Evangelio según San Mateo, 19, que narra el hecho cuando se acercaron a Jesús algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”.

 

Él respondió: “¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, ‘los hizo varón y mujer’; y que dijo: ‘Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, ¿y los dos no serán sino una sola carne’?.

 

"De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.

 

“Ustedes podrán estar pensando como dice la frase”, dijo el sacerdote “ya tengo mi media naranja”, la expresión popular utilizada para referirse a la pareja ideal con la que te sientes totalmente completo.

 

Sin embargo, el sacerdote señaló que en el sacramento del Matrimonio no existe la ‘media naranja’.

 

El prelado dijo que el matrimonio está formado por dos seres humanos completos que forman una unión. “A Dios no le gustan las cosas a medias y el amor que El nos da es completo” dijo.

 

El sacerdote se dirigió a cada uno de los contrayentes, llamándolos por su nombre para preguntarles si querían a su esposo o esposa completa o media. “Completa”, fue la respuesta de todos.

 

Explicó que el amor del matrimonio es un amor completo y no a medias, un amor que se construye y fortalece día a día y para toda la vida.

 

El padre Moisés concluyó exhortando a los contrayentes a apoyarse mutuamente, en trabajar cada día con un amor puro y sincero, usar los talentos que Dios les ha dado para afrontar con responsabilidad en superar juntos todas las circunstancias.

 

Néstor Jiménez, oriundo de San Sebastián Huehuetenango, Guatemala y uno de los contrayentes, dijo sentirse muy feliz de dar un paso más adelante para estar más cerca de Dios.

 

“Primero que nada, en nuestra cultura aprendimos por la enseñanza de nuestros padres y del Evangelio que la vida en pareja solo es agradable a Dios mediante la unión matrimonial”, dijo. “Quiero ser ejemplo vivo de Jesucristo”, agregó.

 

El rostro de felicidad y la sonrisa de oreja a oreja de Isabela, su esposa, evidenció su inmensa alegría.  

 

Para Rogelio Ordoñez, tener la bendición de Dios es lo mejor que le ha pasado desde que vino a Estados Unidos. Rogelio, ayudó como intérprete a su esposa María Ordoñez, quien expresó en Mam, su dialecto, que estar unida a Cristo es su mayor felicidad.  

 

Las hermanas Manuela y Angélica, de la congregación hermanas misioneras del Rosario de Fátima, apoyaron el proceso de formación y preparación prematrimonial de las parejas en talleres que brindaron en ocho sesiones.

 

La hermana Manuela expresó su deseo de orar por las parejas para “que perseveren en su vida cristiana que apenas comienza. Que ellos mismos sientan y comprendan el amor inmenso de Dios”, dijo.

 

La hermana Angélica exhortó a las parejas a comprender que el matrimonio es un compromiso con Dios para toda la vida. “El motor para continuar y mantener el matrimonio vivo es tener a Dios presente en sus vidas y la comunicación”, dijo.  

 

“Si nosotros no arreglamos lo que se descompone, viene el resentimiento, el rencor, el aislamiento, pero si se arreglan las cosas en el momento adecuado y se mantiene la comunicación constante es lo que les va a ayudar a mantener sus hogares”, afirmó.

 

Tras la celebración del matrimonio, la comunidad guatemalteca se reunió en un salón reservado y decorado especialmente con flores y bombas de colores para el evento en donde llevaron a cabo una fiesta espiritual carismática multicolor plena de alegría y emoción con aplausos, cantos animados, manos hacia arriba, predicación y mucha oración.

 

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