El padre John Henderson en su homilía del 28 de marzo, “Tenemos que alejarnos de este tipo de vida paralizada y convertirnos en discípulos dinámicos de Jesucristo”, dijo refiriéndose al plan pos-pandemia de la parroquia. (Ed Langlois/Catholic Sentinel).
El padre John Henderson en su homilía del 28 de marzo, “Tenemos que alejarnos de este tipo de vida paralizada y convertirnos en discípulos dinámicos de Jesucristo”, dijo refiriéndose al plan pos-pandemia de la parroquia. (Ed Langlois/Catholic Sentinel).
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“Realmente se siente más la presencia de Jesucristo aquí que al estar sentados frente al computador”, 

 

" — Leilani Arellano, feligresa de la iglesia San Antonio en Tigard acerca de superar el miedo de regresar a misa en persona.

Mientras la pandemia muestra señales de finalizar, una de las parroquias más grandes de Oregon recuerda a los fieles que la iglesia es el lugar de su mayor alegría y plenitud.

 

TIGARD — Leilani Arellano necesitó ser valiente para volver a misa. Ahora no hay nada más placentero.

 

Durante el verano, Arellano contrajo COVID-19 en casa de su esposo quien se desempeña como bombero.

 

Todavía no puede respirar bien y no tiene sentido del gusto ni olfato. Como deportista, está luchando para volver a correr de nuevo. Así que la perspectiva de acudir a rezar en un recinto lleno de gente, incluso debidamente distanciada y con tapabocas desató el miedo.

 

Pero el Padre John Henderson y el resto del personal de la Parroquia de San Antonio se han mantenido tan consistentes y con el corazón abierto para llegar a la comunidad durante la pandemia al igual de firmes y exigentes en el cumplimiento de las reglas para regresar a la misa que Arellano se sintió bienvenida y confiada.

 

“Los correos electrónicos han sido geniales”, dijo. “El Facebook, las redes sociales, lo mantienen todo actualizado. La transmisión en vivo funcionó. Así que no me he sentido fuera de contacto con nada”.

 

Durante cada misa en San Antonio — tanto en español como en vietnamita— el Padre Henderson y otros sacerdotes explican minuciosamente los procedimientos de seguridad. El Padre Henderson incluso hace la demostración de la técnica más segura para recibir la Comunión.

 

Hasta ahora no se han identificado brotes de coronavirus en ninguna iglesia católica en Oregon.

 

“Fue difícil para mí entrar a misa”, dijo Arellano. “Pero han hecho un muy buen trabajo para quienes están alarmados y tienen miedo como yo. Honestamente, se siente bien estar en persona. Se siente la presencia real de Jesucristo aquí que al estar sentados frente al computador”.

 

‘Un toque de frescura’

 

El padre Henderson optó por aceptar la pandemia, por todos sus horrores, como una oportunidad para la conversión. Comenzó consigo mismo, preguntándose cómo podría acercarse más al Señor durante este tiempo de miedo y aislamiento.

 

Luego oró sobre toda la parroquia de 3.600 familias y sus tres grandes grupos lingüísticos: inglés, español y vietnamita.

 

“Siento que tenemos que salir de esto con una especie de novedad, con un toque de frescura”, dijo el Padre Henderson. La temporada de Pascua, reflexionó, es justo un nuevo comienzo.

 

“No se trata sólo de sentarse y preguntar: '¿Dónde está todo el mundo?'", dijo el sacerdote. “Mi objetivo es en realidad evangelizar, llevar realmente al Señor a la gente. Tenemos que alejarnos de este tipo de vida paralizada y convertirnos en discípulos dinámicos de Jesucristo”.

 

El Padre Henderson quiere que los feligreses crezcan en tres áreas: oración, servicio y formación de fe.

 

Para unir a toda la parroquia y construir un nuevo celo por el culto, cambió el horario de misa para que las diferentes comunidades lingüísticas tengan un breve encuentro. Una misa el domingo por la noche incluirá varios idiomas. Está trabajando para construir relaciones interculturales que fomenten tanto la oración como el discipulado.

 

“Volver a la iglesia no es sólo por un día, es un camino más largo”, dijo el Padre Henderson.

 

Mientras que los feligreses estaban en confinamiento, comenzó a pensar en sus necesidades en el hogar durante todo el año. La liturgia retransmitida en vivo continuará con un sistema multicámara permanente.

 

Pero el Padre Henderson deja claro que las personas sanas deben asistir a misa en persona tan pronto como puedan.

 

“Los católicos tenemos el poder de la Eucaristía”, dijo. “Necesitamos el cuerpo y la sangre de Cristo para alimentarnos y darnos fuerza. No es un asunto de entretención como ver algún programa de televisión. Se trata de tu participación, tu compromiso, tu conexión. La eucaristía es un esfuerzo comunitario”.

 

No voluntarios sino discípulos

 

El padre Henderson explicó que nada como la misa en persona puede revelar la realidad de que los feligreses se necesitan unos a otros y deben servirse unos a otros y a la comunidad en general. En San Antonio la palabra “voluntario” es una palabra desagradable.

 

“No estoy aquí como capitán de cubierta en un crucero de Carnaval", dijo el sacerdote Henderson. "Soy párroco de una comunidad y no estoy buscando voluntarios que me ayuden con algo; estoy buscando discípulos activos, dinámicos y hermanos que se comprometan y lo tomen como parte de su responsabilidad familiar. Esta no es mi iglesia; esta es nuestra iglesia”.

 

La parroquia ha contratado a un coordinador de justicia social para promover el bien común en el distrito, cooperando con las agencias de ayuda locales y aplicando el poderoso poder-persona de la parroquia. Al principio de la pandemia, la parroquia ofreció asistencia de alquiler a los feligreses con una pequeña cantidad de $500. 

 

Nuevas herramientas de formación

 

Si bien la asistencia en persona es esencial para la misa y es buena para otras reuniones, San Antonio conservará la opción Zoom para hacer más accesibles las sesiones de formación de fe, especialmente para aquellos que trabajan todo el día y tienen dificultades para llegar a la parroquia a una clase nocturna.

 

Los feligreses valoran la innovación y dicen que aumenta el sentido de pertenencia.

 

“Hemos estado en contacto, muchos programas se presentaron en línea, y me pareció realmente maravilloso”, dijo la feligresa Losia Radominski. “Había un montón de series de Zoom con películas y luego sesiones de conversación. De hecho, me acerqué a algunas personas gracias a las oportunidades de interactuar y conversar que tuvimos”.

 

Jeremy Seitz, quien tiene varios niños de la escuela parroquial, dijo que la parroquia contactó casi en todas las formas posibles. Encontró la formación de fe en línea especialmente fructífera durante los meses que terminó siendo un personaje monástico.

 

“Una bendición en el último año fue que muchas personas se alejaron del mundo un poco”, dijo Seitz. “Fue más fácil de muchas maneras para concentrarse”. 

 

Tanto Radominski como Seitz dicen que el período de formación durante la pandemia podría conducirá a frutos espirituales a medida que más feligreses regresen a misa.

 

Por su parte, Radominski está trabajando con algunos amigos que dicen que se están acostumbrando a la conveniencia de ver la liturgia desde casa. “Les dije: 'Sabes, tienes que salir al encuentro con la gente. Eso es parte de nuestro cristianismo”

 

Es vital la comunicación

 

El sacerdote Scott Baier, vicario parroquial, sirve a la gran comunidad hispana en el Valle de Tualatin. Dijo que uno de sus principales desafíos y oportunidades, es aumentar la comunicación durante la pandemia.

 

Una de sus primeras acciones fue ofrecer una misa transmitida en vivo desde la capilla de su casa. Luego comenzó a llamar a los hogares hispanos para conocer sus necesidades e informarles de las actividades parroquiales. 

 

"Mucha gente estaba agradecida de que los llamáramos”, dijo el Padre Baier.

 

En cuanto a las comunicaciones, ha aprendido que muchos hispanohablantes tienden a usar más los mensajes de texto que el correo electrónico.

 

Así que está creando una estrategia de teléfono móvil para dar a conocer los nuevos horarios de misa, la formación de la fe y horario de servicio de atención. También sabe que Facebook es una buena plataforma para la comunidad. Pero también usa el viejo sistema de pasar la voz.

 

"Le he dicho a la gente: dile a tus amigos, a todos quienes ustedes conocen y que es católico que la iglesia está celebrando la misa”, dijo el padre Baier.

 

“Creo que esta pandemia ha enfatizado que cuando estamos aislados y no tenemos comunicación entre nosotros, realmente sufrimos”.

 

Teme que algunos feligreses no regresen a misa porque están acostumbrados a hacer otras cosas los domingos. 

 

“Puedes empezar a olvidar la bendición que Dios está en tu vida”, dijo. “Puedes estar engañado pensando que las cosas del mundo te satisfarán”.

 

El Padre Baier celebró un funeral recientemente donde 60 o 70 personas pudieron asistir de manera segura. La liturgia le mostró el poder de acudir a rezar en persona. “Pude afirmar después de la misa que realmente se conectaron con Dios”, dijo. “Toda su ansiedad se había ido”.

 

Volviendo a casa

 

Miriam Marston, directora de formación de fe en la parroquia, dijo que una clave práctica para mantener a los feligreses comprometidos durante la pandemia ha sido fomentar pequeñas comunidades de fe que puedan reunirse y orar en línea.

 

Marston reconoce cómo los feligreses han sido abiertos, creativos y colaborativos durante el último año. Ahora quiere que se imaginen lo que toda esa innovación y energía podría hacer cuando se levanten las restricciones de la vida parroquial.

 

"En una época en la que se siente que hay tanto que no puedes hacer, le pedimos a la gente que confiara mucho más en el poder de la obra de Dios, dejando espacio para que esa obra llegara”, dijo Marston.

 

"Home" (hogar) es el tema de Marston, ya que ayuda a los feligreses a volver a la participación a tiempo completo y en persona.

 

Ella pide a los niños que traigan a la mente el tabernáculo en la iglesia con su vela siempre resplandeciente. Esa luz, ellos saben, es una señal de que Jesús está presente.

 

“Él está en casa aquí”, les dice. “Y esta es tu casa también. Queremos estar donde El está. Este es el hogar para nosotros”.

 

Cuando se trata de identificar quién sigue desaparecido de la misa, Marston y otros empleados de San Antonio planean confiar en los feligreses. Las personas en los bancos saben mejor quién ya no está sentado a su lado e incluso pueden contactarle de una manera informal.

 

“No usamos las palabras 'fuente y cumbre' a la ligera cuando hablamos de la Eucaristía”, dijo Marston. "Todo fluye hacia y desde la Eucaristía. Realmente necesitamos estar aquí si es posible. Es parte de la vida católica. No se puede esquivar”.

 

edl@catholicsentinel.org