Una fuerte devoción por la Eucaristía mantiene a una profesora de inglés en su fe católica aún cuando espera que la iglesia profundice en la práctica de sus valores fundamentales. 

ASHLAND- Como todos los Católicos, Alma Rosa Álvarez está abatida por los abusos sexuales del clero y los encubrimientos que siguieron. Pero esta profesora veterana de inglés, ha permanecido firmemente católica por tres razones principales: Tradición familiar, la receptividad de la iglesia a los cuestionamientos, pero más que nada, por la Eucaristía.

Álvarez, de 51 años, creció en el Sur de California, hija de Inmigrantes Mexicanos. Su hogar espiritual fue la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario en Paramount. Algunas de las principales historias contadas en su familia incluyen las proezas del padrastro de su abuelo materno. El hombre era Cristero, parte de un movimiento que se tomó las armas en los años 1920’s en contra del ateísmo impuesto por el estado en México.

“Nos tomamos nuestra fe seriamente y conservamos la habilidad de practicarla”, dijo Álvarez. “Nunca le prohibiría a nadie que practique su fe”.

Su abuela rezaba el rosario durante los viajes en carro y cada noche desde su casa, mandaba bendiciones hacia la dirección donde vivían sus hijos.

A la vez que eran fervientemente católicos, los abuelos de la joven Alma Rosa y sus padres creían en la libertad de la mente y cultivaban el pensamiento crítico. Para ellos, hacer preguntas era un acto que beneficiaba el bien común.

Una estudiante apasionada, proveniente de una familia de ávidos lectores, obtuvo su título profesional de la Universidad California State Dominguez Hills y luego maestría y doctorado de la Universidad de California, Santa Bárbara. Fue durante sus estudios de especialización que Álvarez profundizó en su fe como adulta. Era una asistente regular a la Antigua Misión de Santa Bárbara, fundada en 1780 y era voluntaria para llevar la comunión a los pacientes de hospital.

Su tesis de graduación se trato sobre la teoría de la liberación, la cual enmarcó la lucha contra los regímenes opresivos en términos bíblicos. Se trataba de cómo la fe puede hacer la diferencia aquí y ahora.

Álvarez, miembro de la Parroquia Nuestra Señora de la Montaña, ha enseñado inglés durante 23 años en la Universidad del Sur de Oregon. Sirvió un término en el Concilio Pastoral de la Arquidiócesis de Portland y ha sido miembro de la Comisión para la Justicia y la Paz de la Arquidiócesis. Sirvió en el consejo pastoral de su parroquia y ayudó a iniciar la misa en español en Ashland. Ella es consejera de la facultad para la Universidad Southern Oregon Newman Center.

Alvares se auto-denomina feminista católica y desafía a quienes persiguen a los homosexuales o las personas transgénero.

Ella entiende la desilusión y la rabia sobre el abuso sexual y el encubrimiento de la iglesia, aún cuando haya sucedido décadas atrás. Sin embargo, no se va para ninguna parte.

“Si no creyera en lo que pasa en el Altar y en la Verdadera Presencia del Señor, y no tuviera la historia familiar que tengo, dónde las personas entregaron sus vidas por poder practicar su fe, no sé si me quedaría”, dijo.

Sin embargo, es una asistente regular a la adoración de la Eucaristía en la iglesia Nuestra Señora de la Montaña. “Creo que Dios está aquí”, dijo.

Su deseo para su amada Iglesia Católica, es que profundice más en la práctica de sus valores fundamentales, incluyendo darle la bienvenida al forastero y defender la vida, incluyendo la de quienes aún no nacen, los enfermos, los condenados a la pena de muerte y las familias de bajos recursos.

Álvarez está casada con John Almaguer, un abogado de inmigración que trabajó durante años para Catholic Charities (Caridades Católicas). La pareja tiene un hijo de 20 años.

edl@catholicsentinel.org