Un voluntario intenta limpiar el petróleo derramado en el paseo marítimo de Mahebourg en Riviere des Creoles, Mauricio, el 12 de agosto de 2020. El derrame de petróleo se originó del buque de carga MV Wakashio, perteneciente a una empresa japonesa, pero con bandera panameña, que encalló en un arrecife. (CNS Foto/Sumeet Mudhoo, L'Express via Reuters).
Un voluntario intenta limpiar el petróleo derramado en el paseo marítimo de Mahebourg en Riviere des Creoles, Mauricio, el 12 de agosto de 2020. El derrame de petróleo se originó del buque de carga MV Wakashio, perteneciente a una empresa japonesa, pero con bandera panameña, que encalló en un arrecife. (CNS Foto/Sumeet Mudhoo, L'Express via Reuters).

¿Cómo afrontar las crisis que la pandemia ha puesto de relieve?

“Reflexionar y trabajar todos juntos, como seguidores de Jesús que sana, para construir un mundo mejor, lleno de esperanza para las generaciones futuras”, expresó el Papa Francisco al retomar las Audiencias Generales el miércoles cinco de agosto desde la Biblioteca del Palacio Apostólico.

Luego del receso del mes de julio, el Pontífice inició un nuevo ciclo de catequesis para afrontar las cuestiones apremiantes que la pandemia ha puesto de relieve, sobre todo las enfermedades sociales, con la esperanza que “a la luz del Evangelio, de las virtudes teologales y de los principios de la doctrina social de la Iglesia”, los líderes y gobernantes enfrenten el reto de la reconstrucción del mundo.

El pontífice esbozó, lo que será una serie de intervenciones semanales sobre el tema “curar el mundo”.

La crisis sanitaria

“La pandemia sigue causando heridas profundas, desenmascarando nuestras vulnerabilidades. Son muchos los difuntos, muchísimos los enfermos, en todos los continentes. Muchas personas y muchas familias viven un tiempo de incertidumbre, a causa de los problemas socioeconómicos, que afectan especialmente a los más pobres”, manifestó el papa.

Abrazar la esperanza del Reino

“Por eso debemos tener bien fija nuestra mirada en Jesús (Hb 12,1) y con esta fe abrazar la esperanza del Reino de Dios que Jesu´s mismo nos da (Mc 1,5; Mt 4,17; (CIC, 2816)

Un Reino de sanación y de salvación que está ya presente en medio de nosotros (Lc. 10,11).

Un Reino de justicia y de paz que se manifiesta con obras de caridad, que a su vez aumentan la esperanza y refuerzan la fe (1 Cor 13,13).

En la tradición cristiana, fe, esperanza y caridad son mucho más que sentimientos o actitudes. Son virtudes infundidas en nosotros por la gracia del Espíritu Santo (CIC, 1812-1813). Dones que nos sanan y que nos hacen sanadores, dones que nos abren a nuevos horizontes, mientras navegamos en las difíciles aguas de nuestro tiempo”.

“Un nuevo encuentro con el Evangelio de la fe, de la esperanza y del amor nos invita a asumir un espíritu creativo y renovado” explicó el Papa y así “de esta manera, seremos capaces de transformar las raíces de nuestras enfermedades físicas, espirituales y sociales, sanando las estructuras injustas y sus prácticas destructivas que nos separan los unos de los otros".

Curación del paralítico de Cafarnaúm

“El ministerio de Jesu´s ofrece muchos ejemplos de sanación. Cuando sana a aquellos que tienen fiebre (Mc 1: 29-34), lepra (Mc 1: 40-45), parálisis (Mc 2: 1-12); cuando devuelve la vista (Mc 8:22-26; Jn 9: 1-7), el habla o el oído (Mc 7: 31-37), en realidad sana no solo un mal físico, sino toda la persona. De tal manera la lleva también a la comunidad, sanada; la libera de su aislamiento porque la ha sanado”.

“Mientras Jesu´s está predicando en la entrada de la casa, cuatro hombres llevan a su amigo paralítico donde Jesu´s; y como no podían entrar, porque había una gran multitud, hace un agujero en el techo y descuelgan la camilla delante de él que está predicando. “Viendo Jesu´s la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados” (v.5). Y después, como signo visible, añade: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (v.11)

“¡Qué maravilloso ejemplo de sanación!”, afirmó el papa. “La acción de Cristo”, continúa, “es una respuesta directa a la fe de esas personas, a la esperanza que depositan en Él, al amor que demuestran tener los unos por los otros. Y por tanto Jesús sana, pero no sana simplemente la parálisis, sana todo, perdona los pecados, renueva la vida del paralítico y de sus amigos. Hace nacer de nuevo. Una sanación física y espiritual, todo junto, fruto de un encuentro personal y social”.

Sanar nuestro mundo de hoy 

“Y entonces nos preguntamos: ¿de qué modo podemos ayudar a sanar nuestro mundo, hoy?

“Como discípulos del Señor Jesús, que es médico de las almas y de los cuerpos, estamos llamados a continuar “su obra de curación y de salvación” (CIC, 1421) en sentido físico, social y espiritual”, afirmó el pontífice.

“aunque la iglesia administre la gracia sanadora de Cristo mediante los Sacramentos, y aunque proporcione servicios sanitarios en los rincones más remotos del planeta, no es experta en la prevención o en el cuidado de la pandemia”. “La iglesia”, continuó, “tampoco da indicaciones socio políticas específicas, esa es tarea de los dirigentes, políticos y líderes sociales”, dijo.

Los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia

El papa Francisco indicó que “la iglesia ha desarrollado algunos principios sociales que son fundamentales (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 160-208), principios que pueden ayudarnos a ir adelante, para preparar el futuro que necesitamos. Cito los principales, entre ellos estrechamente relacionados entre sí: el principio de la dignidad de la persona, el principio del bien común, el principio de la opción preferencial por los pobres, el principio de la destinación universal de los bienes, el principio de la solidaridad, de la subsidiaridad, el principio del cuidado de nuestra casa común”.

“Estos principios ayudan a los dirigentes, los responsables de la sociedad a llevar adelante el crecimiento y también, como en este caso de pandemia, la sanación del tejido personal y social. Todos estos principios expresan, de formas diferentes, las virtudes de la fe, de la esperanza y del amor”, afirmó el pontífice.

El respeto de la dignidad humana

En la audiencia general del 12 de agosto, el papa Francisco afirmó que “La pandemia ha puesto de relieve lo vulnerables e interconectados que estamos todos. Si no cuidamos el uno del otro, empezando por los últimos, por los que están más afectados, incluso de la creación, no podemos sanar el mundo”.

El Santo Padre reconoció el loable compromiso “de tantas personas que en estos meses están demostrando el amor humano y cristiano hacia el prójimo, dedicándose a los enfermos poniendo también en riesgo su propia salud: son héroes”, dijo.

Sin embargo, afirmó el Pontífice, “el coronavirus no es la única enfermedad que hay que combatir, sino que la pandemia ha sacado a la luz patologías sociales más amplias”, como “la visión distorsionada de la persona, una mirada que ignora su dignidad y su carácter relacional”.

Una mirada hacia los demás como objetos, para usar y descartar, que “fomenta una cultura del descarte individualista y agresiva, que transforma el ser humano en un bien de consumo”, señaló.

Creados a imagen y semejanza de Dios

“Dios, mira al hombre y a la mujer de otra manera”, dijo el papa Francisco.

“Él nos ha creado no como objetos, sino como personas amadas y capaces de amar, nos ha creado a su imagen y semejanza, donando al hombre una dignidad única, invitándolo a vivir en comunión con Dios, en comunión con los hermanos y hermanas, en el respeto de la creación".

"La creación es una armonía a la cual estamos llamados a vivir: una armonía que es comunión”.

El papa Francisco señaló que en los Evangelios hay un ejemplo de esa mirada individualista: la petición que la madre de Santiago y Juan hace a Jesús para que sus hijos puedan sentarse a la derecha y a la izquierda del nuevo rey (Mt. 20:20-28).

Frente a esta petición el Señor propone otro tipo de visión: “la del servicio y del dar la vida por los otros”. Esta búsqueda de ser superior es un individualismo que destruye la armonía. "La armonía es otra cosa: es el servicio", destaca el pontífice.

Mirada atenta

“Como discípulos de Jesús no queremos ser indiferentes ni individualistas “, dijo el Santo Padre e invitó a pedirle al Señor que “nos dé ojos atentos a los hermanos y a las hermanas, especialmente a aquellos que sufren, reconociendo la dignidad humana de cada persona, cualquiera sea su raza, lengua, o condición. "La armonía te lleva a reconocer la dignidad humana, aquella armonía creada por Dios".

La dignidad humana es inalienable 

El Santo Padre se refirió a la Constitución Pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II para tener presente que “la dignidad humana es inalienable, porque ha sido creada a imagen de Dios”, fundamento de toda la vida social y determina los principios operativos.

En la cultura moderna, “la referencia más cercana al principio de la dignidad inalienable de la persona es la Declaración Universal de los Derechos del Hombre”.

El Santo Padre manifestó que “los derechos no son solo individuales, sino también sociales, de los pueblos y de las naciones”; el ser humano en su dignidad personal es un ser social creado a imagen de Dios Uno y Trino”.

Tener compasión y empatía

“El creyente, contemplando al prójimo como un hermano y no como un extraño, lo mira con compasión y empatía, no con desprecio o enemistad, esforzándose por desarrollar su creatividad y entusiasmo para resolver los dramas de la historia”.

“Mientras trabajamos por la cura de un virus que golpea a todos indistintamente, la fe nos exhorta a comprometernos seria y activamente para contrarrestar la indiferencia delante de las violaciones de la dignidad humana; la fe siempre exige que nos dejemos sanar y convertir de nuestro individualismo, tanto personal como colectivo”.

Por último, el pontífice pidió al Señor que “pueda ‘devolvernos la vista’ para redescubrir qué significa ser miembros de la familia humana” y para que esta mirada “pueda traducirse en acciones concretas de compasión y respeto para cada persona y de cuidado y custodia para nuestra casa común”.

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